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DE LA ORDEN MASÓNICA DE MISRAIM Desde su creación hasta nuestros días, de su antigüedad, de sus luchas y de su progresoOficial del Estado Mayor de la Armada Antigua, Por
MARC BEDARRIDE
Primer Gran Conservador de la Orden Masónica de Misraim para Francia,
Gran Dignatario de las Potencias Supremas de dicha Orden en diversos Reinos extranjeros,
Poderoso Gran Comendador de los Caballeros Defensores de la Masonería y poseedor de todos los Ritos
Traducida del idioma francés por el H.'. FIDUCIUS
ESTACIÓN 40
La Potencia Suprema de la orden, habiendo decidido que la fiesta, llamada de la Revelación de la Naturaleza, aplazada por la enfermedad de nuestra Muy Ilustre Hermana Gabrielle Pernet, Gran Maestra, tuviera lugar el 25 del sexto mes de 5842 (25 agosto 1838), todo fue preparado para celebrarla dignamente. A este efecto, un gran número de Ill.. HH.. e Ill.. HHnas.. se dirigieron al templo a las cinco horas precisas de la tarde. Pronto la novedad se difundió que el Primer Gran Comendador estaba retenido en la cama por una indisposición que se había declarado la víspera con una cierta violencia, y que estarían así privados de su presencia y de aquella de la Ill.. Gran Maestra que no estaba restablecida todavía.
A pesar de la tristeza que produjo este evento inesperado, esta fiesta tuvo lugar con toda la pompa y toda la magnificencia posibles, y el Primer Gran Comendador, aunque muy dolorido, no estuvo menos en espíritu en medio de sus hijos.
He aquí el plan perfecto que él compuso a este sujeto la misma noche, y que no fue pronunciado sino el 27 del noveno mes de 5842 (27 de noviembre de 1838), por el Escl.. H.. Bernier, uno de los Grandes Maestros constituyentes de la orden, en la Respetable Logia Madre Arc en Ciel, donde asistió el Primer Gran Comendador en su primera salida desde su grave enfermedad.
GLORIA AL TODO PODEROSO
SALUD SOBRE TODOS LOS PUNTOS DEL TRIÁNGULO
RESPETO A LA ORDEN¡Hijos de Misraim! Nosotros venimos a este Templo para prosternarnos delante del triángulo luminoso que alumbra al universo, y dirigir nuestras acciones de gracia al Todo Poderoso quien, dignándose lanzar sobre nosotros una mirada favorable, nos ha dado la salud y conducido en medio de vosotros para celebrar de común acuerdo nuestros Aleluyas sagrados, a fin de que ellos se eleven hacia la bóveda azulada, y que, repetidos por la milicia celeste, ellos retumben hasta el pie del trono del Eterno.
Ill.. Escl.. y PP.. HH.. nosotros les agradecemos por los N.. M.. Q.. V.. S.. C.. por vuestra preocupación que habéis tenido por nuestros males. Sean bien convencidos que no tenemos necesidad de esta triste circunstancia, para estar seguros de vuestra adhesión a nuestra persona, y de vuestra devoción a Misraim. Qué de lamentos no hemos experimentado por no haber podido participar en nuestra última fiesta de la Orden, dada a nuestras HHnas.. a quienes queremos tanto, y que nosotros llevamos en nuestros corazones! Nada fue escatimado para hacerla espléndida. Los adornos que rodeaban el templo, la santidad del lugar, su posición campestre, todo anunciaba una reunión digna de Misraim. La ausencia sola de la Gran Maestra debió dejar un vacío en esta asamblea toda fraternal.
En el momento en el cual estábamos ocupados de una solemnidad tan bella, el reloj del tiempo marcó el semi círculo, es decir medianoche en punto, hora de la suspensión de los trabajos, y sin embargo nosotros estuvimos siempre en actividad y ocupados en buscar en los anales de la Orden para encontrar u tema digno de la reunión del día siguiente. Nosotros estábamos hundidos en estas búsquedas científicas, cuando creímos escuchar una de esas músicas suaves que soñó Pitágoras, cuya armonía encantaba a los apacibles habitantes del V.. de Crotona, que parecía apoderarse de nuestros sentidos; y si nosotros no hubiésemos tenido la certeza de que estábamos en medio de este bello Valle bañado por las aguas límpidas del Seine, nos habríamos creído transportados como por encanto, al palacio de la grande Semiramis, reina del Valle de Babilonia, o de la bella Artemisa del Valle de Halicarnaso. ¡Qué decimos! Nos parecía estar en el magnífico palacio de las doce puertas de estructura diferente, representando todas las órdenes de la arquitectura, habitada por la modesta Asseneth, del Valle de Heliópolis, donde nos imaginamos ver este ángel de belleza revestido de sus hábitos sacerdotales dirigiéndose, seguida de sus sacerdotisas, hacia el templo de Misraim, para dirigir fervorosas plegarias al Eterno y celebrar la fiesta de Orden. En este momento el reloj del entendimiento vino a marcar las tres cuartas partes del círculo. La Estrella de la mañana invitó al pastor masón a tomar su cayado y a llevar a pastar a su tropilla a una pradera cubierta de un tapiz de verdura, sembrado de flores cuyos matices encantaban la vista. El espíritu todo pleno de esta bella masonería, nosotros la comparamos al Pilote que navega sobre el plano líquido, y que ve de lejos su orilla, punto fijo de su destinación; pero entonces un viento violento vino a soplar, la tempestad se apoderó de las velas y en un instante el piloto vio su nave empujada de oriente al occidente, del norte al mediodía, sin poder detenerla. No fue sino por el efecto de la Voluntad divina, que la tempestad se apaciguó y que el equipaje recobró la tranquilidad. Como este piloto, nosotros creímos también algunas horas después, ir al templo de Misraim, y allí, en medio de sus discípulos, cumplir las funciones de nuestra alta dignidad. Nuestro amor por la masonería, y nuestros espíritus plenos de estas ideas simbólicas, que se relacionan con la parte científica de nuestra orden, nos habían hecho olvidar un momento que el hombre propone y que Dios dispone.
El Eterno lo había ordenado de otra manera, estaba escrito en el gran libro de los destinos, que nosotros no debíamos gozar del fruto de nuestro trabajos. En la feliz noche que precedió a esta solemnidad, a penas las estrellas habían desaparecido de la bóveda azulada, que un cambio súbito se operó en nuestro ser, y en un momento nos vimos, como ese piloto, que nuestras esperanzas se desvanecían, y fuimos forzados a renunciar a asistir a la fiesta de la orden.
En fin, aunque sobre el lecho del dolor y presa de angustias que no sabría describir, hicimos votos por la prosperidad de nuestra institución, y por el triunfo de Misraim. Entonces el reloj de la verdad marcó la hora de los trabajos de la masticación, Así con aquella satisfacción vimos llegar al Ill.. H.. Bedeau, Gran Inspector Comendador 66º de la Orden, cuyo primer deseo fue el darnos el abrazo fraternal, signo de unión y de buena fe que reinan entre los verdaderos masones. Este Ill.. y digno H..venía del seno de la gran familia para informarse sobre nuestra posición, trayendo los lamentos que todos los discípulos de Menes experimentaban por nuestra aflicción y hacernos conocer que todo estaba sucediendo bien.
Este digno H.. quiso quedar cerca de nosotros, pero lo invitamos a retornar al lugar de la solemnidad, y a testimoniar a los hijos de Misraim, cuanto estábamos apenados de ser privados de encontrarnos en medio de ellos.
En cuanto a las disposiciones tomadas para la realización de la fiesta, nosotros confiamos en las altas luces del Soberano Gran Comendador, sobre la vigilancia de los miembros de la Potencia Suprema y sobre el celo de todos los Ill.. HH.. e Ill.. HHnas..
En fin, discípulos de Misraim, ustedes saben el resto
La Voluntad del Todo Poderoso se ha cumplido; que su santo sea alabado desde el presente y por siempre. Dirijámosle nuestros votos y nuestras oraciones, suplicándole dignarse continuar lanzando una mirada favorable sobre nosotros, y de otorgarnos salud y prosperidad para que nosotros vengamos lo más frecuentemente posible a este templo a alabar su santo nombre, publicar sus maravillas y cantar sus alabanzas: que él sea nuestra fuerza, nuestra guía y nuestro escudo!
All.. All.. All.. !Nosotros pasamos bajo silencio otras brillantes solemnidades que, desde esta últimas hasta este día, han sido celebradas en nuestros templos en las épocas de la revelación y del reposo de la Naturaleza, con pompa y magnificencia.
Según los principios de tolerancia que Misraim ha legado a sus hijos, nosotros hemos descartado de esta obra los detalles de muchas intrigas, que han sido urdidas en diversos momentos contra nuestra orden por algunos de sus miembros rebeldes, así como los rasgos anti masónicos y calumniosos publicados contra nuestra institución por nuestros antagonistas; tanto más que los masones del Valle de París y de aquellos departamentos y del Extranjero han sido instruidos por las circulares conteniendo las refutaciones de la Potencia Suprema de la Orden a este respecto, para que ellas fuesen para apreciar y juzgar la conducta de los Misraimitas y aquella de sus delatores. Nosotros nos hemos abstenido también de reproducir los detalles de los hechos anti fraternales, que se han sucedido en ciertos lugares y cuya publicidad causa la risa de los profanos. Nosotros nos limitamos a gemir sobre tales hechos y a dirigir votos al Eterno, para que él disipe las nubes que oscurecen en este momento el horizonte masónico, y que él se digne reunir a los masones esparcidos sobre la línea recta de la verdad, a fin de que esta sublime y antigua institución continúe siendo la admiración de las personas de bien; institución que, desde su creación, a sido útil a la humanidad y que ha proporcionado laureles al valor y a las virtudes guerreras, palmas al genio y a los talentos, como ella ha dado premio a las invenciones útiles, flores a la belleza. Qué de servicios ocultos, que de males evitados, de desgraciados socorridos, de talentos alentados, de virtudes recompensadas por ella! Ah! Regresen los días felices donde la masonería eras ejercida con tanta regularidad y bajo el velo del más profundo misterio, a fin de que sus discípulos puedan seguir apaciblemente y in impedimento la ruta trazada por sus antecesores, y para que de común acuerdo ellos cooperen en la realización de la gran obra.
Terminando esta 40 y última estación, nosotros diremos que hemos hecho todos nuestros esfuerzos para cumplir dignamente la tarea que nos hemos impuesto, y nuestro deseo más ardiente es que este trabajo obtenga el sufragio de todos nuestros HH.. y de los hombres esclarecidos. Pueda el Motor de todas las cosas realizar nuestros votos y nuestras esperanzas, y dignarse recibir como acción de gracia, la humilde oración que nosotros le dirigimos:
Supremo Arquitecto de los Mundos, fuente de todas las perfecciones y de todas las virtudes, alma del Universo que llenas con tu gloria y tus beneficios; nosotros adoramos tu Majestad suprema, nosotros nos humillamos delante de tu sabiduría infinita, que crea todo y que conserva todo. Dígnate, Ser de los Seres, recibir nuestras oraciones y el homenaje de nuestro amor, bendice nuestros trabajos y hazlos conforme a tu ley ilumínalos con tu luz divina; que ellos no tengan por objeto sino la gloria de tu nombre, la prosperidad de la orden y el bien de la humanidad. Une a los hombres que el interés y los prejuicios dividen, aparte la venda del error que cubre sus ojos; y que, atraídos a la verdad por la filosofía, el género humano no sea más que un pueblo de hermanos, que te ofrezca por todas partes un incienso puro y digno de ti
All.. All.. All..!FIN DEL SEGUNDO Y ÚLTIMO VOLUMEN