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DE LA ORDEN MASÓNICA DE MISRAIM Desde su creación hasta nuestros días, de su antigüedad, de sus luchas y de su progresoOficial del Estado Mayor de la Armada Antigua, Por
MARC BEDARRIDE
Primer Gran Conservador de la Orden Masónica de Misraim para Francia,
Gran Dignatario de las Potencias Supremas de dicha Orden en diversos Reinos extranjeros,
Poderoso Gran Comendador de los Caballeros Defensores de la Masonería y poseedor de todos los Ritos
Traducida del idioma francés por el H.'. FIDUCIUS
ESTACIÓN 37
ESTACIÓN 37
Los nombres ilustres de los miembros que componen la potencia suprema de nuestra Orden, tanto en Francia como en el extranjero, inspirarán una tal celosía a nuestros antagonistas que, viendo fallar sus perfidias y sórdidas amenazas, sus filas alejarse y sus finanzas disminuir, ellos resolverán emplear todos los medios para impedir en Francia la marcha rápida de nuestra sublime institución. ¿Qué les resta hacer a tales HH.. cuyas promesas y la plata han sido rechazadas con la más viva indignación por el Primer G.. C.. de la orden, y cuyas intrigas no han servido más que para depurar nuestros talleres y fortificarlos con columnas inquebrantables y luminosas; ¿qué les resta hacer, decimos nosotros, a estos detractores? Sustituir el bello rol de Franc masón por aquel de calumniador. Habiendo así levantado la máscara que los cubría desde hacía largo tiempo, los cabecillas del G.. O.. de Francia continuarán sus clamores contra nuestros Ill.. HH.. los Escoceses, a los cuales ellos eran deudores del conocimiento de los altos grados de este rito y contra nuestra orden a la cual ellos señalan a la Potencia Suprema, como compuesta de hombres peligrosos, comprometiendo la seguridad del estado, el honor de los hombres apacibles, perturbando el reposo de los magistrados, así como puede verse por un extracto del discurso del perjuro Richard, gran orador del G.. O.. de Francia, así concebido:
M.. Ill.. Representante del G.. M.., grandes oficiales de honor, oficiales honorarios, oficiales y dignos diputados, elegidos y ustedes todos mis HH..
S..S..S..
Cada una de nuestras fiestas de orden, presentan nuevos intereses, imponen también nuevos deberes a vuestros oradores; encargados de darles cuenta de los eventos felices o desgraciados, sobrevenidos en el intervalo de estas reuniones solemnes, cada uno de ellos al cumplir fielmente esta misión a querido siempre prolongar vuestra atención por medio de discursos que, uniendo la gracia de las expresiones al mérito de los pensamientos, obtenían un éxito tanto más fácil, cuanto que se inspira por el tema que se trata, su espíritu no tenía que seguir más que el impulso del corazón, fuente de la verdadera elocuencia.
Sentada mi debilidad, yo no podía menos que hacerles recordar estas delicias, y, reasegurado por vuestra benevolencia, yo habría deseado una tan loable costumbre, y debe mi amor propio sufrir, por lo menos yo he sentido la satisfacción de haber cumplido un deber sagrado.
¿Pero entones cómo esperar obtener vuestra indulgencia, si primero yo no hubiese descartado toda especie de comparación?
Pero la situación actual de la Orden masónica en Francia, los sucesos importante que se suceden, los trabajos extraordinarios del G.. O.. son temas bastante dignos de fijar nuestra atención, sin dirigirla sobre otros temas.
Es entonces solamente de la posición moral y administrativa de la orden, que yo tendré el favor de que me escuchen.
Los prejuicios que existen contra la masonería, han sido casi generalmente destruidos, lo mismo entre el vulgo, y como resultado más expandido, ella ejerce una influencia saludable sobre todas las clases de la sociedad, reuniendo a los hombres por la benevolencia y a sus miembros entre ellos por los lazos de la fraternidad y el encanto de sus reuniones misteriosas. Es necesario, para obtener este feliz resultado, que de acuerdo, todas las voluntades se reuniesen en un centro común, de donde partan a la vez la expresión de esta voluntad y la potencia necesaria para ejecutarla en interés de la institución.
Es según este principio que en todos los países donde la masonería es protegida, o solamente tolerada, existen dos GG.. OO.. o grandes LL.. Nacionales, revestidas de la P.. S.., ejerciéndole en el interés general, y que son entonces no solamente responsables hacia sus HH.., sino también hacia la autoridad pública, que debe vigilar todas las instituciones que ella tolera o protege.
Es necesario entonces que todos los masones sin restricción, sean sometidos a esta potencia única y solamente legítima, sin la cual no puede existir unidad para la Orden, ni unión para los HH.. Todo masón que rehúse someterse, no debe pretender la protección dada a la orden.La Masonería goza en Francia de una protección tácita a la verdad, pero de la cual nosotros sentimos el precio y que siempre nos esforzamos en merecer por una conducta sabia y moderada. El G.. O.. único reconocido por la autoridad, como reuniendo toda la potencia legislativa, conservadora y administrativa de la orden, es también la única sobre la que pesa toda la responsabilidad. Toda sociedad que no está arreglada bajo su bandera se hace por este hecho irregular, peligrosa en sí misma, para la institución en general, de la que ella compromete la existencia, porque la autoridad civil no puede estar obligada a conocer las diferentes masonerías, los ritos ni las pretensiones de algunas porciones de esta sociedad.
Ella no conoce mas que masones de los que el G.. O.. debe responder y de su sumisión a las leyes, y de su fidelidad al príncipe y de la sabiduría de las que ellos no deben alejarse jamás, y velar porque todas estas condiciones sean exactamente cumplidas.
Toda reunión masónica que se aleje de esta ley común a todos los masones, deben, por este hecho, irregular, ilícita y aún peligrosa para la orden que ella compromete.
Es por lo tanto un deber para el G.. O.. declararles que una reunión compuesta de masones irregulares, conocidos al principio bajo el título de Consistorio y de Consejo Supremo de Francia; de Consistorio Americano y de la así llamada Potencia de Misraim, enturbian en este momento la tranquilidad de los verdaderos masones y ponen en peligro a la institución. Los locales masónicos están prohibidos a estos HH.., el G.. O.. ignora lo que sucede en esas reuniones, y quiera Dios que no e pueda ignorar lo que pasa fuera de ellas, y los excesos a dónde la llevan sus jefes, o más bien los emisarios de esta triple asociación, de la cual puede ser necesario traer a vuestro recuerdo el origen de unos y las pretensiones de los otros.
Cuando en 1815, el G.. O.. reunió en él la S.. P.. del G.. Cons.. y del C.. S.. algunos miembros, que eran parte del antiguo Consejo, lejos de imitar la conducta franca, leal, masónica en fin, de los Ill.. HH.. Beurnonville, Macdonald, Hacquet, de La Haye y tantos otros Ill.. HH.., crearon ellos mismos GG.. Cons.. y el Supremo Consejo de Francia. Al lado, se elevó otra Potencia bajo el nombre de Gran Consistorio Americano. Al principio rivales, estas dos pretendidas Potencias se reunieron; pero pronto divididas, se vio explotar entre ellos todo lo que producía la ambición y la avaricia; procedimientos escandalosos, ridículos por el hecho y atroces por el fondo, fueron esparcidos en el mundo profano; el fuego, el exilio, el destierro, todo fue empleado; no faltó nada mas que la ejecución; en efecto, ¿Quién lo creería, mis HH..? Estos mismos hombres quienes, a pesar de su dignidad masónica y el rango que ellos tienen en el orden social, habían estado representados bajo los más negros colores de los cuales unos, echados a perpetuidad de las Logias, y otros exiliados por un número de años, figuran hoy a la cabeza de las administraciones de estas sociedades, vuelta a vuelta proscriptos y proscriptores; yo preguntaré si se puede reconocer en esta asociación, ninguno de los caracteres masónicos. La firmeza del G.. O.., en esta circunstancia, ha, desde el comienzo, destruido todas estas pretensiones a la alta Potencia, y la mayor parte de estos HH.., vueltos de sus errores, vinieron a someterse a la autoridad legítima y fueron acogidos con fraternidad; los otros no hubieran venido más tarde a seguir este útil ejemplo, si otra sociedad, llamada de Misraim, de la que ella se pretende la única Potencia, no hubiese venido a reversar, o por lo menos a retrazar nuestras esperanzas, reuniendo los restos de las dos sociedades para formar una nueva, a la cual yo no sé qué nombre dar.
Sin embargo el Misraimismo siendo hoy día el rito al cual se han reunido las dos sociedades, es necesario recordarles que este rito, presentado primero al G.. O.. por HH.. que, previendo el abuso que se disponía hacer, creyeron ventajoso para la autoridad masónica adoptarla. Pero el G.. O.. juzgó sabiamente que no convenía ni a su dignidad, ni a sus deberes, presentar a los masones un rito cuyo origen y autenticidad no están por completo probados; un rito que, a pesar de sus 90 grados, no presenta nada de nuevo, mas que su antigüedad mas que sospechosa. El G.. O.. en una tenida solemne del día 27, del mes 10 de 5816 (27 de diciembre de 1816), emitió un edicto en siete artículos, que fue enviado a todas las Logias de la correspondencia con el objeto de no dejarlos caer en el error sobre la confianza a dar a este rito. Los Misraimitas, lejos de someterse o auto reprobarse, pusieron mayor actividad en hacer prosélitos.El rito, por él mismo, no presenta en verdad nada de reprensible; él encierra principios de moral de filosofía, pero que se encuentran fácilmente en nuestros grados; en cuanto a los conocimientos a desarrollar de las leyes de la naturaleza sobre sus grandes agentes, como sobre sus potencias secundarias, no es ordinariamente en las Logias donde se adquieren semejantes conocimientos, y uno puede plenamente adelantar que los GG.. CC.. de estas altas ciencias no saben más sobre este tema que el simple aprendiz del mismo rito, si es que ellos no los han estudiado más; un solo hecho podrá hacer juzgar qué confianza se puede otorgar a estos HH..; es que muy apurados por elevar su edificio a 90 grados, ellos habían olvidado los primeros y no tenían los cuadernos; de suerte que se vieron obligados a componerlos y adoptarlos al rito, a fin de hacerlo completo; y si estos HH.. pretendían elevar alguna duda a este respecto, será fácil mostrarles los originales de los que ellos son sino copias, aun mismo bastante imperfectas.
En vano se querría saber cómo este rito, encontrado en Egipto, ha llegado hasta nosotros, he aquí un misterio que la Potencia Suprema no explica más fácilmente que el desarrollo de las leyes de la naturaleza por sus agentes y sus potencias secundarias.
Por lo demás, importa poco saber de dónde viene este rito, que por sí mismo no tiene otros inconvenientes que la multiplicidad de sus grados, sobre todo cuando la mayor parte de los masones eruditos querrían que ellos fuesen reducidos en toda la masonería al más pequeño número posible. No es entonces sobre el abuso culpable que hace de este rito la así llamada Potencia Suprema de Misraim que yo debo llamarles la atención. Que estos HH.. encerrados en los subterráneos de su móvil pirámide egipcia, estén contentos de celebrar sus misterios, de agitar su débil bandera, presentándose a sus adeptos como la oriflama masónica, el G.. O.. muy poderoso para temerles, muy grande para enturbiar sus disfrutes, hubo esperado que el tiempo ilumine a los unos y haga renunciar a los otros de culpables pretensiones, y entonces él los hubiera a todos acogidos como amigos, que, después de haber sido abatidos largo tiempo por la tempestad, llegaran al fin felizmente a puerto. Pero la tolerancia tiene sus límites y ella también tiene sus deberes a cumplir, y el G.. O.. se haría cómplice de los desórdenes a los cuales se libran los administradores del rito Misraimita, si guardaran más largo tiempo el silencio. Hombres que se dicen revestidos de las funciones más importantes de una Orden que ellos proclaman superior a todos los ritos masónicos, olvidando su dignidad, recorren los Departamentos, armados de sus 90 grados que ellos ofrecen no importa a qué precio, no solamente a todos los masones que lo solicitan y atormentan, sino a profanos y hasta en lugares públicos; y así, por sus formas misteriosas, comprometen al estado, la seguridad, el honor en fin de los ciudadanos apacibles; enturbian el reposo de los magistrados, llaman la atención de la autoridad encargada de velar por la seguridad del Estado, provocando por todas partes sospechas, haciéndose apresa de villa en villa; he ahí los excesos que la autoridad masónica no puede en verdad impedir, pero que ella debe señalar a todos los masones, a fin de ponerlos en guardia contra maniobras similares y preservarlos de ser sus cómplices.
Cartas en el estilo enfático de Cagliostro y cuyo objetivo es el mismo, tablas donde figuran nombres respetables en el orden social, miembros mismos del G.. O.. son enviados con profusión a las Logias de los departamentos; es a estas Logias a quienes les corresponde rechazar una correspondencia semejante. Las circulares que les han sido enviadas, las tablas del Consejo, los anuarios deben servirles de guía; en cuanto a los nombres de los miembros del G.. O.. que pueden encontrarse en las listas de Misraim, si estos HH.. no las desaprueban, entonces ellos mismos serán alejados del G.. O.. a quien le corresponde la dolorosa misión de anunciar que estos HH.. han olvidado sus juramentos y que ellos no han respondido a nuestra advertencia fraternal.
Tales son, mis HH.., una parte de los hechos que la correspondencia nos hace conocer y que apelan vuestra solicitud sobre los excesos tan graves. El G.. O.. para prevenirlos, en su sabiduría ha prohibido toda comunicación con estos talleres irregulares, no por ningún otro motivo que el peligro que estas comunicaciones puedan traer, así como es reconocido; sin embargo algunos HH.. creyeron ver una medida muy rigurosa, mismo intolerante, y hoy que el mal ha hecho rápido progreso, se lamentan también así injustamente de su negligencia. El G.. O.. ha hecho su deber y no ha cesado de hacerlo por sus advertencias reiteradas; es necesario todavía hoy declarar de nuevo que toda reunión masónica que no esté autorizada por él es irregular; que toda comunicación es prohibida a todos los talleres de su correspondencia, bajo pena de ser tratados ellos mismos de irregularidad.
Allí se limita la autoridad del G.. O.. y es a los talleres para darle la fuerza necesaria rechazando de su seno a todo masón que no pueda justificar su regularidad y rechazando toda proposición que le llegue por las vías regulares. Es necesario también que cada diputado, por una correspondencia frecuente, mantenga las comunicaciones con el G.. O..
Es difícil de seguir la marcha de una sociedad compuesta por elementos heterogéneos acumulados más que reunidos, dividiéndose, juntándose para dividirse otra vez: la sociedad existe, pero los miembros les escapan. Yo no estoy entonces limitado más que a los hechos que ponen a la masonería en peligro. Yo he de señalar la conducta de estos HH.. que, perjuros a sus juramentos pero no pudiendo olvidarlos, querrían quebrar el altar que los recibió y dar vuelta el templo al que ellos han prometido defender; pero yo he de respetar a las personas, yo debo pensar, esperar lo mismo que la mayor parte de estos masones, viendo la distorsión que ellos hacen a la institución, se vean engañados por la intriga y el charlatanismo, viniendo finalmente a agruparse bajo la única y legítima bandera de la orden del G.. O..
Yo paso a objetos no menos importantes, pero más agradables a vuestra presencia, etc. et.
¡Y bien! Masones esclarecidos y tolerantes, respondemos a nuestro turno, de qué derecho el G.. O.. pretende ser el único regulador de la Masonería en Francia y hacer creer que la supremacía masónica le pertenece solo a él? ¿Cómo osa él, durante una tal solemnidad donde no se tendría que escuchar más que la voz de la razón, donde no debería pronunciarse más que palabras de paz y de caridad, no predicar más que la tolerancia hacia todos y particularmente hacia los HH..? ¿Cómo se ha permitido a su Gran Orador dedicarse a las calumnias contra ritos que son sus iguales ante la ley y que no tienen nada en común con él? ¡Ah! Ustedes estarán más indignados todavía sabiendo que este libelo ha sido enviado con apresuramiento, distribuido con profusión a todos los talleres de su correspondencia y que todo lo que no pudo ser confiado al papel ha sido propagado de viva voz y clandestinamente, con el solo objeto de sorprender la religión de los magistrados, haciéndoles escuchar que la orden masónica de Misraim no estaba compuesta más que por hombres enemigos del Estado y queriendo dar vuelta el altar y el trono. Masones dignos de llevar este título, que no conozcan todos estos hechos, busquen en los archivos de las Logias de esta época, y encontrarán sin duda el trazado de la fiesta de orden (llamada de San Juan de verano), celebrada por el G.. O.. el 24 del 4 mes del año de la verdadera luz 5822 (24 de junio de 1822), conteniendo el discurso del perjuro Richard, y firmado por sus adherentes: ustedes lo sabrán apreciar.
No le place a Dios sin embargo que nosotros queramos atribuir a todos los miembros del G.. O.. de esta época esta relajada delación, a la cual tomaron parte solamente los cabecillas de este cuerpo; porque muchos honorables grandes oficiales de este rito vinieron a expresarnos su indignación sobre una conducta semejante, rogándonos creer que ellos eran totalmente ajenos a esos dichos.
En una circunstancia semejante, ¿qué debía hacer la autoridad? Asegurarse por sus agentes si los Misraimitas eran tales como sus acusadores los calificaban.
A este efecto, un allanamiento de policía tuvo lugar el 7 día del 7 mes del 5826 (7 de setiembre de 1822), en el domicilio del P.. H.. Marc Bedarride, Primer G.. C.. de la orden, calle des Jeuneurs, 20, donde estaba la sede la Potencia Suprema de nuestra institución. Luego de una minuciosa requisa y un largo interrogatorio, diversos papeles fueron tomados, puestos en cartones sellados con el sello del G.. C.. y transportados a la Prefectura de la policía. Esta pesquisa se prolongó desde la salida del día hasta las once horas de la mañana. Ella se efectuó con una calma perfecta, y el Primer G.. C.. en el relato que hizo a la P.. S.. declaró que no tuvo nada que decir respecto de la conducta de la autoridad.
Para confundir las calumnias de nuestros antagonistas, hacer conocer la pureza de nuestros principios, la justicia de nuestra causa y la independencia de cada rito masónico, he aquí la defensa de Misraim distribuida en esta época y concebida en estos términos:
GLORIA AL TODO PODEROSO
SALUD SOBRE TODOS LOS PUNTOS DEL TRIANGULO
RESPETO A LA ORDENA TODOS LOS MASONES DE TODOS LOS RITOS
Desde hace mucho tiempo la calumnia se ha desencadenado contra la orden de Misraim; discursos virulentos han sido pronunciados en el Gran Oriente, circulares han sido lanzadas por él. Si nada ha sido respondido, hasta este día, a todas estas diatribas, es que, fuertes en sus conciencias y en su devoción al gobierno, los hijos de Misraim desdeñan estas odiosas difamaciones, de la que toda la culpa debería recaer sobre aquellos que las hacen retumbar en las bóvedas de los templos masónicos.
Pero los calumniadores, envalentonados por el silencio de los Misraimitas, han llegado a inspirar suposiciones a la autoridad civil. La captura de los archivos ha tenido lugar en muchos puntos de nuestros valles, y el público, instruido de este hecho por los diarios, a podido creer un momento que los masones Misraimitas eran enemigos del Estado, verdaderos conspiradores. Por lo tanto, como pertenece a un hijo defender el honor de su familia y de impedir que nadie dude elevarse sobre las intenciones de sus miembros, nosotros hemos pensado en hacer imprimir una respuesta al discurso del orador del Gran Oriente, a fin de hacer a todos los masones jueces de la conducta de sus HH.. los Misraimitas y de aquella de los Grandes Orientistas.MM.. Ill.. Esc.. y PP.. HH..
Para responder victoriosamente y en pocas palabras al discurso del H.. Richard, será suficiente transcribir aquí, y en relación con los diversos párrafos que lo componen, las definiciones de las virtudes masónicas; helas aquí: ellas formarán un contraste muy singular.
La primera de estas virtudes es la tolerancia;
La segunda, la verdad;
La tercera, la humanidad;
La cuarta, la benevolencia;
La quinta, la fraternidad;Sin embargo, nada es menos tolerante que los principios contenidos en el discurso del H.. Richard.
Nada es menos verdadero que los hechos que él expone.
Nada menos humano que sus vagas y mentirosas acusaciones.
Nada menos benevolente que su falsa benevolencia.
Nada menos fraternal que sus pérfidas delaciones.Pero entremos en algunos detalles que harán mejor resaltar la absurdidad de las divagaciones del H.. Richard.
La Masonería, dice él, es solamente tolerada en Francia; por lo que el Gran oriente es la única autoridad masónica legítima.
Este es un muy grande abuso de la palabra tan respetable de legitimidad, que es la de aplicarla a una sola autoridad masónica; pero pasemos sobre este exceso de inconveniencia. Razonando de una manera totalmente opuesta a aquella del H.. Richard, nosotros estamos seguros de razonar con justicia. Sin embargo, es bien evidente que desde que el gobierno no hace más que tolerar la masonería, toda autoridad masónica que no es especialmente defendida por el gobierno, es tan legítima como el Gran Oriente.
Las reuniones que él tiene bajo su dependencia, añade él, las Logias que se conforman a su rito son las únicas de las que él desea ser responsable.
¿Pero esta autoridad no es ella puramente moral, y las diversas potencias masónicas de otros ritos no ofrecen ellas a la autoridad civil una garantía semejante para todas las Logias y Consejos que dependen de ellas?
Además, ¿por qué todas estas vanas distinciones, estas sutilezas insidiosas? Todas las órdenes masónicas tienen un objetivo común, todas deben tener por base la tolerancia, esta virtud sublime que es la guía de todos los masones; he aquí su verdadero centro, su punto de unión. Es a este principio que ellos deben adherirse, y no a una sola y única potencia que, de su autoridad privada, quiere hacer doblar a todos los masones bajo su yugo, y que, semejante a esos falsos devotos que gritan blasfemias y lanzan anatemas contra aquellos que no adoran a Dios a su manera, querría ver derrumbarse todos los templos a cuya edificación ella no ha contribuido.
La masonería es una, cualquiera sea el rito que se profese. Los misterios difieren entre ellos; pero el fondo, el objetivo, los efectos son todos los mismos. Todos los masones reconocen una suprema inteligencia, respetan al gobierno y se someten a las leyes de su país; y si algún masón se aparta de estos principios, no es en la orden de Misraim donde se lo puede encontrar.
El discurso del H.. Richard es más que intolerante, es delator; porque el busca derramar la culpa sobre todos los ritos extraños al Gran oriente, a excitar el odio contra ellos, a llamar más particularmente la atención del gobierno sobre aquel de Misraim, que se place en denigrar y en denunciar. ¡El denunciador de Misraim! El H.. Richard quien, para ser elevado al grado 81 en esta misma orden, a pesar de sus altos grados en el Gran Oriente, ha prestado juramento de fidelidad en estos términos:
Yo, Jean Marie Richard, de 59 años de edad, nacido en Coucy-le-Chateau, Soberano Gran Príncipe del Grado 77 del Rito Masónico de Misraim, prometo y juro, sobre la fe de mis precedentes obligaciones, sobre mi honor, sobre el libro sagrado de la ley y entre las manos del Superior Gran Conservador de la orden masónica de Misraim y de sus cuatro series para Francia, de los Soberanos Príncipes aquí presentes, de jamás comunicar a ningún masón de grados inferiores, o pertenecientes a otro rito, los misterios de la cuarta serie que me serán comunicados, a riesgo que esto me cueste mi fortuna y mi vida; prometiendo además la fidelidad más absoluta al rito de Misraim, que yo no abandonaré en ningún momento, lo mismo en el caso de que esta condición me fuese impuesta por todo otro rito en el cual yo estoy o quisiera ser incorporado, obligándome a renunciar mas bien al rito que me prescribe separarme de aquel de Misraim, al cual yo juro por siempre la más inviolable adhesión y obediencia a sus estatutos generales, sometiéndome, en caso de infracción, a la vergüenza y al deshonor que merece el perjuro. Hecho y firmado, sobre mi honor y mi consciencia, en el Valle del Mundo, bajo un punto fijo de la estrella polar, respondiendo a los 48º 50 14 Latitud septentrional al Or.. de París, el día 14 del mes primero, anno Lucis 5816 (14 marzo 1816)
Firmado, RICHARD
¡Esto no es una calumnia, H.. Richard! Esta es una verdad palpable, esta es una pieza existente, escrita por completo con vuestra mano, consentida de vuestra libre voluntad, firmado por vos, y depositada en los archivos de la potencia suprema de Misraim; y, si tú osas desmentirla, se podría hacer imprimir el facsimil, y enviarlo a todos los talleres masónicos.
Y es que tú, H.. Richard, tu quien, en 1816, haz solicitado el favor de ser promovido al sublime grado 81, eres tú, H.. Richard, quien traicionas hoy todos tus juramentos, y te conviertes en el denunciador de la orden de Misraim! Eres tú quien la calumnia y la denuncia como enturbiando el reposo de los magistrados! Tú lanzas los anatemas contra un rito que te ha recibido fraternalmente y que te ha asignado un sitio distinguido y honorable entre sus miembros!!
Para confundir todas tus calumnias y responder a tus mentiras, H.. Richard, será suficiente hacer conocer a todos los masones lo que tú mismo finges ignorar, pretendiendo que Misraim es la reunión de los restos de dos sociedades masónicas.
Desde hace largo tiempo la orden de Misraim era conocida en Francia, y existían Misraimitas, entre los fieros discípulos del Gran oriente. Es en 1803, que, bajo la protección de las leyes, estos HH.. se constituyeron en Francia, y aunque no fue hasta 1813 que los trabajos del Grado 70 no habían sido regularizados, este Sob.. Cons.., en el cual tú haz, después. Prestado vuestro primer juramento, existía mucho tiempo antes que él hiciera la brillante adquisición del H.. Richard, y felizmente el destino de Misraim no depende de la ausencia o de la presencia de este H..
Pronto, y poco a poco, diversos templos fueron elevados, no sobre móviles pirámides egipcias, sino sobre columnas verdaderamente masónicas. Las bases son inquebrantables, imperecederas, porque estas son las virtudes mismas.
Tú no sabes qué nombre dar a una sociedad, de la cual tú has deseado ser parte, y a la cual tú has prestado juramento! Qué inconsecuencia de vuestra parte, o bien qué mala fe!!! Cuanta es entonces vuestra ceguera, H.. Richard, y cómo existe tanta fidelidad en el alma de un masón, orador del Gran Oriente?
Pero remitámonos a los hechos: en 1816, diversos miembros del Gran Oriente, en número de los cuales tú estabas, H.. Richard, solicitaron el favor de ser iniciados en nuestros misterios, y es luego que ellos propusieron individualmente una reunión con el Gran oriente. Pero los miembros de la Potencia suprema conociendo el concordato pasado, en 1804, entre el Gran oriente y el Supremo Consejo Escocés, y sobre todo la manera indecente con la cual él había sido roto en 1805, época en la cual los miembros del Gran oriente, con desprecio de los deberes más sagrados, violaron el juramento solemne que habían pronunciado.
Este hecho es infelizmente muy famoso en los anales masónicos. Lo que tú pretendes ignorar, H.. Richard, tú te lo impones a tu propia consciencia, y si vuestra memoria olvida los hechos, como vuestro corazón olvida vuestros juramentos, tú podrás por lo menos reparar la distorsión de aquella, consultando el folleto titulado: Extracto del quinto cuaderno de la Enciclopedia masónica, por el H.. Chemin-de-Pontes, pag. 358 y siguientes.
El conocimiento de este hecho fue suficiente para esclarecer a los verdaderos Misraimitas sobre las miras ambiciosas del Gran Oriente. Las proposiciones verbales que fueron hechas a algunos de entre ellos fueron respondidas con indignación, y Misraim permanece en toda su pureza. Nosotros podemos hacerte el desafío, H.. Richard, de producir o aún de citar una sola demanda oficial hecha por la Potencia Suprema, en relación con el Gran Oriente, para que una semejante fusión se operase, a menos que esta demanda no fuese la obra de algunos perjuros o tránsfugas de vuestra especie que, sin ninguna instrucción, sin ningún poder, se sintieron arrogados de esta misión.
Es desde entonces que tú y los vuestros no han cesado de atizar las marcas de la discordia, y de excitar la guerra a los pacíficos masones; pero vuestros esfuerzos han sido vanos: la Potencia suprema ha permanecido calma, y sus hijos, reunidos alrededor del altar sagrado, han dirigido sus votos al Todo Poderoso para que él disipe tus errores, y haga cesar vuestra ceguera.
Pero, dices tú, el día 27 del mes 19 de 5817, el Gran Oriente ha emitido un documento en siete artículos por el cual, etc
¿Y con qué derecho, si te parece, el Gran Oriente ha agitado la cuestión de adoptar un rito que no le ha sido ofrecido? ¿De dónde emanan sus poderes? ¿Cuáles son sus títulos para declararse así el jefe supremo de toda la masonería en Francia? Si él hubiese sido buen padre de familia, él no habría sido abandonado por sus propios hijos, él no buscaría raptar aquellos de los demás.
Tú pretendes que el Gran Oriente no nos ha querido! Si esto fuera así, él no habría hecho más que adelantar nuestros deseos, porque nosotros jamás hemos querido de él. Si fuera así, él no habría acogido en su seno a la mayor parte de los HH.. que, por delitos masónicos, habían sido rechazados de nuestro seno.
Desesperado por romper la cadena masónica de los hijos de Misraim, el Gran Oriente, o por mejor decir, los conspiradores de esta potencia, que se dice única legítima, han atacado a todos aquellos que no han podido seducir, han calumniado a todos aquellos que no han podido convencer; su odio se ha exaltado contra el Rito Escocés y contra aquel de Misraim.
Es al Escocismo a quien le corresponde defender su causa; los miembros de ese Sup.. Consejo están dotados de bastantes luces y de virtudes para luchar victoriosamente contra el Gran oriente. La adhesión y el afecto todo fraternal que nosotros tenemos por los RR.. e Ill.. HH.. Escoceses no tienen necesidad de ser cimentados por el odio común con que el Gran Oriente nos gratifica. Nosotros marchamos con ellos en la más perfecta armonía; pero también nosotros prosperamos, cada uno de nuestro lado, en la más absoluta independencia los unos de los otros.
La pretendida fusión de estos dos ritos no es entonces más que una fábula lo más, inventada por ti H.. Richard.
Debes saber mientras tanto, H.. Richard, del gran favor que nos has hecho al convenir que el rito de Misraim no presenta en verdad nada de reprensible, y que él encierra principios de moral y de filosofía.
¿Pero como unir esta caridad, esta aparente dulzura, de la que haces tanta ostentación, con las injurias y los ultrajes que tú derramas sin cesar sobre vuestros propios HH.. ¿ Vuestra falsa benevolencia no es entonces más que hipocresía, y aquella viene naturalmente en socorro de la calumnia.
Tú acusas a los miembros de la Potencia Suprema de no conocer aquello que pretenden enseñar?
Pero tú, H.. Richard, ¿sabes bien aquello que tú pretendes profesar?
¿Eres tú tan buen maestro de escuela en el mundo profano, como para ser buen rector en masonería? ¿Profesas tú la lógica, H.. Richard? ¡Ah! Dios guarde a tus alumnos de hacer progresos bajo vuestra dirección. Tú distorsionarías su juicio, tú no harías más que pedantes, mojigatos y denunciadores. Y, en efecto, ¿no denuncias tú a tus HH.. Misraimitas como despertando las sospechas de los magistrados, y haciéndolos aprisionar diariamente? Sometido a presentar las pruebas de un hecho semejante, ¿podrías administrarlo? ¿Y no tienes miedo de ser vergonzosamente desmentido por aquellos que pueden probarte que en lugar de ser encarcelados, todos los masones Misraimitas han sido recibidos por todos de la manera más fraternal?Si por lo menos, tú hubieses sido consecuente con tus invenciones, no recaerías sin cesar en contradicciones manifiestas, tú no habrías afirmado con tanta seguridad que los cuadernos del primer rito de Misraim no existían, para declarar luego descaradamente que ellos estaban en tu posesión, que no te habíamos dado más que copias. Lo contrario sería bien más verdadero, H.. Richard? Y tú mismo, que si tienes copias, el medio por el cual las has obtenido no es muy lícito, y que esta manera de instruirse no es aquella de un francmasón.
Es con la misma falta de pudor que tú niegas la existencia de nuestros 90 grados, mientras que tu Gran Oriente, quien, para nosotros, debe ser el oráculo supremo, ha proclamado por su circular del día 27 del 10 mes 5817, que de estos 90 grados, él poseía por lo menos 68.
Tú designas a los delegados Misraimitas como seres rapaces que venden a todo precio esos 90 grados; tú pretendes que ellos reclutan sus adeptos en los lugares públicos; tú comparas su estilo enfático con aquel de Cagliostro; en fin, tú buscas por todos los medios posibles ridiculizar una asociación masónica de la que hiciste parte, y puede ser por aquella sola que tú o eres digno de figurar. Pero responde francamente a esta pregunta (si sin embargo aquello te es posible): ¿Cómo hace el Gran Oriente para pagar su local, y pagar salario a sus secretarios? Los conspiradores de su ALTA POTENCIA buscan sin duda en su bolsillo, y, por una suerte de esta misma generosidad, todas las logias y todos los masones de su dependencia, reciben gratis las cartas constitutivas, diplomas, instrucciones, etc. ¿Qué dices tú, H.. Richard? Lamentablemente se dice lo contrario, y se podrían citar Logias que se lamentan de haber enviado fondos, y de no haber recibido del Gran oriente los objetos que ellos habían solicitado.
Mucho más francos que tú, nosotros te diremos: que nuestros encargados de poder, por una doble ironía bien fuera de lugar, que son calificados por ti de misioneros, han creado sobre los diversos puntos del triángulo Logias y Consejos, compuestos en gran parte de masones muy esclarecidos que la intolerancia del Gran oriente ha alejado de su seno; que los neófitos admitidos por ellos a nuestros misterios han sido siempre elegidos entre hombres cuya moral y probidad están a toda prueba; que todos estos HH.. han pagado el justo tributo administrativo a la orden; pero que a cambio, la Potencia Suprema ha cumplido hacia ellos todas sus obligaciones, y que cada día, estos HH.. se felicitan de sus relaciones masónicas con ella.
¿A qué tienden entonces, H.. Richard, todas estas vagas difamaciones? ¿Habrás creído, por azar, que al designarnos como víctimas, tú escaparías al sacrificio? Este es el rol del delator, ¿serás tú el encargado? Y cómo no has sentido que queriendo derrumbar los templos de Misraim, tú mismo quebrantas las columnas de vuestro Oriente. El gobierno es muy justo como para no proteger o golpear igualmente.
Si tal ha sido vuestra ceguera, H.. Richard, si dominado por el fatal espíritu de secta, tú has esperado suscitar contra nosotros una persecución especial, vuestro objetivo ha sido cumplido en parte y tú debes estar experimentando una cierta satisfacción, viendo que tus calumnias y difamaciones han despertado en efecto la atención de la autoridad civil y le ha inspirado suposiciones contra nosotros; pero vuestro goce no será más que efímero; modérate en los transportes; no te enorgullezcas del éxito. Nuevo Júpiter-Scapin, tu piensas tal vez haber lastimado a Misraim, y tú haz, por el contrario, preparado su gran triunfo.
Es en el templo de la justicia que se compulsan los documentos numerosos que pertenecen a nuestra orden, su examen probará la pureza de nuestras acciones, la antigüedad de nuestra institución, la regularidad de nuestros trabajos, la tolerancia que acompaña a todas nuestras acciones, nuestra devoción a las leyes y al gobierno paternal que nos rige. Cree sin embargo que, vueltos a la posesión de estos mismos documentos, y dedicados al libre ejercicio de sus misterios, los Misraimitas no serán ni más vanos ni menos tolerantes. Si aún mismo, los miembros del Gran oriente, vueltos de sus errores, renuncian a su sistema opresivo y tiránico, los hijos de Misraim, que no los han excluido jamás de sus templos, los verán con placer aproximarse a ellos, y en sus expansiones mutuas, reanudarán con una dulce satisfacción la cadena de unión que ellos nunca jamás rompieron, y que debe reasegurar los lazos de la fraternidad masónica.
He aquí nuestros votos; puedan ellos realizarse! Podamos nosotros ver a los masones de todos los ritos, esclarecidos por la llama de la verdad, prosperar bajo las leyes de la tolerancia y de la caridad fraternal, y dirigir conciertos de alabanza al Todo Poderoso, para que él reparta sus bendiciones sobre nuestros trabajos, que no tienen por objeto, más que la gloria de su nombre, la práctica de las virtudes, y el bien de la humanidad.
VERNHES, 87.Las investigaciones que este asunto trajo contra el G.. C.. y los representantes de la Potencia Suprema de la Orden en diversos VV.. de Francia no faltaron en causarles problemas.
Los magistrados encargados del examen de sus archivos no tardaron en reconocer su inocencia, la excelencia de la Orden y la pureza de la moral que ella enseña a sus discípulos. Ellos no vieron en las falsas acusaciones de los antagonistas de esta institución, mas que el odio y la envidia de una secta rival. Desde entonces todas las persecuciones cesaron contra nuestros HH.. en los departamentos; una simple acción de contravención fue únicamente dirigida al V.. de París, contra el P.. H.. Bedarride, como jefe de la Orden. Este gran drama que, según los conspiradores del G.. O.., debía anonadar para siempre a nuestra antigua institución, y terminar con la reputación de todos sus miembros, se redujo a una aplicación de los artículos 291 a 292 del Código Penal, concerniente a las reuniones más allá de veinte personas, aplicación que no podía alcanzar a nuestras reuniones masónicas, porque el Primer G.. C.. había en diversas épocas cumplido las formalidades con la autoridad, y que además nuestra Orden no estuvo, ni está ni estará siempre compuesta que de franceses, ciudadanos pacíficos, devotos al soberano, pagando impuestos, obedeciendo a las leyes del reino, y ofreciendo la misma garantía al gobierno, que los miembros de otros ritos. Es con toda justicia que nuestra orden continúa gozando de la tolerancia y de la protección, que el gobierno acuerda a toda la masonería.
A pesar de todas estas consideraciones, el Primer G.. C.. celoso de su tranquilidad y de aquella de los Misraimitas, y tras los consejos de un magistrado de primer rango, hizo conocer de nuevo a la autoridad, que la orden masónica de Misraim continuaba sus trabajos científicos, como lo había hecho hasta entonces, bajo la protección de las leyes, no ocupándose más que de pacíficas reuniones de lo que tiene relación con la masonería, siendo severamente prohibidas todas las discusiones políticas, religiosas y profanas, y las puertas de nuestros templos permanecen abiertas a los masones de todos los ritos.
Nosotros continuamos ejerciendo el sacerdocio de nuestra orden venerada en la más perfecta tranquilidad. La indignación que los masones esclarecidos y tolerantes de otros ritos y aún de los profanos hombres de bien, experimentaron contra nuestros calumniadores, contribuyo mucho a hacernos olvidar las penas y las trapacerías que se nos habían amontonado.
Los conspiradores del G.. O.. viendo entonces su complot deshecho, renovaron sordamente la prohibición a los Talleres de su correspondencia, de admitir en sus trabajos a los masones que no son de su obediencia.
En el V.. de Paris, muchas Logias no tomaron cuenta de este acto de intolerancia. Ellas continuaron recibiendo fraternalmente a los hijos de Misraim y de Heredom, y vinieron a su turno a nuestros templos; pero no sucedió lo mismo en diversas Logias de los departamentos, que se conformaron puntualmente con el acta de proscripción. Ellas cerraron sus puertas a todos los masones que podían dar la palabra del semestre, palabra puramente de convención, que no tienen ninguna relación con la masonería, y que no sirve más que para alejar de los trabajos de las Logias, que ellos exigen, a los visitantes de otro régimen.
Una tal conducta es indigna de la masonería. Los Misraimitas se concentraron y nada los puede conmover. Aunque reducidos a un pequeño número, ellos alimentarán el fuego sagrado, permanecerán fieles a sus juramentos, gemirán sobre la ceguera de estos HH.. que, como los falsos devotos, gritan anatemas contra aquellos que no siguen sus máximas, esperando que el tiempo los haga volver de sus errores!
Es en esta época, que la orden hizo la bella adquisición de los Ill.. HH.. Crosério, doctor en medicina; Trinité, abogado; Auguste Gelyot, empleado, y el coronel Pastre de Laval.