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DE LA ORDEN MASÓNICA DE MISRAIM
Desde su creación hasta nuestros días, de su antigüedad, de sus luchas y de su progreso

Por

MARC BEDARRIDE

Oficial del Estado Mayor de la Armada Antigua,
Primer Gran Conservador de la Orden Masónica de Misraim para Francia,
Gran Dignatario de las Potencias Supremas de dicha Orden en diversos Reinos extranjeros,
Poderoso Gran Comendador de los Caballeros Defensores de la Masonería y poseedor de todos los Ritos


Traducida del idioma francés por el H.'. FIDUCIUS

ESTACIÓN 34
 

El día 29 del mes 11 de 5823, o el 29 de enero de 1819, la fiesta de la orden fue celebrada en gran Logia de Adopción, y se pudo decir a justo título que ella fue una de las más brillantes de aquellas que habían tenido lugar hasta entonces en la capital, porque ella había reunido en su seno a los Ill.’. y Esc.’. masones y masonas de todos los Ritos y de todos los rangos, que estuvieron en el colmo del júbilo durante la duración de esta imponente y admirable solemnidad. La R.’. L.’. madre Arc en Ciel y aquella de Mont-Sinaí hicieron los honres. Es en el local masónico del Prado que esta brillante fiesta fue celebrada con pompa y magnificencia; el templo de Misraim estaba ornamentado de manera que nada dejara de desearse; el incienso más puro ardía sobre el altar consagrado a las ciencias, a las virtudes y a la santa moral que nosotros profesamos, y su perfume sagrado se eleva ondulando hasta el pie del trono del Eterno. Una melodiosa armonía se hacía sentir en las bóvedas del Santuario, y todo anunciaba que la antigua Memphis venía a estacionarse sobre la orillas del Sena.

Los trabajos fueron abiertos en el Primer Grado por el Ill.’. H.’. Chamant, Venerable de l R.’. L.’. Mont-Sinaí, un gran número de dignos y Esc.’. masones de diversos Ritos que se encontraban en el patio del Templo, animados por el más noble celo, fueron admitidos; los altos grados con que ellos estaban revestidos anunciaban sus virtudes y sus luces, y pronto sus respuestas a las felicitaciones del Venerable confirmaron la alta idea que se había formado de ellos. Diputaciones de diversas Logias vinieron a ofrecer la expresión fraternal y verdadera de sentimientos masónicos de sus comitentes. A estas le sucedió una diputación del S.’.C.’. del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para la Francia.

En un discurso tan bien pensado como elocuente. Ella hizo conocer el espíritu de unión, de tolerancia y de filantropía del cual ella estaba animada; ella testimonió el deseo de ver cesar en fin las distinciones que se esfuerzan en introducir y mantener entre los masones por algunas divergencias ligeras en sus costumbres. Luego de estas admisiones sucesivas y las felicitaciones y aplausos que pintaron con energía el acuerdo y la intimidad de los seguidores del Arte Real, la P.’. S.’. de la orden es anunciada. El más profundo silencio reina en el Templo, y la alegría se dibuja sobre todos los rostros testigos de la satisfacción que todos los obreros experimentan ante la proximidad de su tierna madre, que rige sus trabajos y vigila por su felicidad con tanta solicitud! Todo estaba preparado para recibirla con los grandes honores que le son debidos, el Venerable desciende el altar, acompañado de todos los dignatarios del taller, llevando sobre un almohadón carmesí y ornado de oro los tres malletes, las llaves del templo, del tesoro, de los archivos, y precedido de una brillante columna de armonía, se dirige cerca de la P.’. S.’., que ya estaba en la puerta del templo, y se expresó así:

GLORIA AL TODO PODEROSO
SALUD SOBRE TODAS LAS PUNTAS DEL TRIANGULO
RESPETO A LA ORDEN

S.’.G.’.C.’.G.’.P.’. y todos vosotros PP.’. G.’. M.’.

¡Salud, gozo, prosperidad!
Los hijos de Misraim y todos los HH.’. aquí presentes sienten todos el orgullo de vuestra favorable visita. El brillo que rodea a la P.’. S.’. de la orden recaerá sobre ellos y ayudará a la solemnidad de este día. S.’.G.’.C.’. yo pongo en vuestras manos los atributos de esta R.’. L.’., que me ha sido confiada. Yo los he hecho servir tanto como he podido por el más grande interés de la orden en general y del taller que yo dirijo en particular.

S.’.G.’.C.’. esta muestra de sumisión a la P.’. S.’. de parte del Venerable de la R.’. L.’. del Mont-Sinaí, que no actúa mas que de acuerdo con sus HH.’.,te atestiguan la confianza, el respeto y la perfecta devoción que nos anima a todos, objeto de nuestros juramentos que no desmentiremos jamás.

S.’. G.’. C.’. , yo te ruego, en nombre de todos mis HH.’., que no tengas hoy conmigo esa condescendencia con a que me has favorecido muchas veces devolviéndome el mallete al altar. Dirigidos por ti, los trabajos serán más regulares, el esplendor de esta fiesta será doblado; tus manos, más hábiles que las mías, soportarán sin pena un peso muy por encima de mis fuerzas.

¡All.’.! ¡All.’.! ¡All.’.!

Terminado este discurso, el P.’. H.’. Marc Bedarride, Primer G.’. C.’. de la Orden, P.’. G.’. Com.’. de los Cab.’. Def.’. de la Masonería. Remitió los atributos que había recibido del Venerable, al P.’. H.’. Conde Muraire, Gran Presidente, diciéndole:

“Este mallete, P.’. H.’. no sabría estar mejor que entre tus manos hábiles”. Entonces la P.’. S.’. es conducida al oriente, bajo una bóveda brillante de acero, a la claridad misteriosa de 17 estrellas, al son de una armonía perfecta. Llegado al altar, luego de haber puesto a cada gran dignatario en su sitial, el P.’. H.’. Conde Muraire tomó la palabra y dijo:

“Venerables de las RR.’. LL.’. Arc en Ciel y Mont-Sinaí y todos vosotros mis Ill.’. Esc.’. y PP.’. HH.’. en sus grados y dignidades. En toda otra circunstancia, felices de unirnos en nuestros trabajos, de ser testigos de vuestro celo y de ver florecer y prosperar el arte masónico por vuestros cuidados y bajo vuestra Veneratura, nosotros habríamos dejado este mallete en vuestras manos hábiles, que saben hacer un tan digno empleo, y nuestro respeto por las elecciones esclarecidas de las RR.’. LL.’. respectivas que les han sido confiadas han estado por igual a la altura y entera confianza que nosotros mismos colocamos en vosotros; pero en esta circunstancia solemne donde las RR.’. LL.’. Arc en Ciel y Mont-Sinaí y todos los discípulos de Menes se reunieron para celebrar la fiesta de la orden, donde tantos Ill.’. HH.’. visitantes de todos los Ritos y de todos los rangos se presentan en este lugar para concurrir, donde tantas honorables diputaciones de masones distinguidos vienen a tomar parte, donde para hacer este fiesta más emotiva y más bella, ustedes han apelado a nuestras Ill.’. Hhna.’. la élite de este sexo amable por el que todo se anima, todo se embellece, todo se dulcifica en la vida! Podamos nosotros, sin incurrir en el reproche o en un orgullo mal disimulado o de una aparente indiferencia, permanecer encerrados en una cierta indivisibilidad? No, mis HH.’. en un día tan bello para la masonería y sobre todo para la Orden de Misraim, día de unión, de sinceridad y de paz, día que presagia a nuestra institución un futuro confortable y glorioso, estar en nosotros puesta la consigna del deber; y puesto que, por nuestras constituciones, nosotros somos los primeros representantes de la orden, es en medio de esta magnífica reunión que nosotros hemos debido mostrarnos más animosos y más celosos de venir a representarla. Y qué ocasión más feliz podría ofrecerse a nuestros deseos que aquella que reunió en este lugar, a los seguidores de Misraim, tantos respetables y dignos masones!

Ill.’. diputados de logias y cuerpos masónicos, y vosotros honorables visitantes que un sentimiento espontáneo trajo a este templo, ustedes nos dan en este día una muy grande prueba del excelente espíritu que les anima porque yo no hago una mención tan particular. Aunque de diferentes Ritos, ustedes no están adheridos a los matices, y han venido. Ustedes han pensado que, lejos de que la diversidad de ritos deba elevar un muro de separación entre los masones, ella no debe producir más que una feliz rivalidad de medios y de esfuerzos para llegar al objetivo sublime de la masonería, y ustedes han venido. Ustedes han pensado que, en sus trabajos para alcanzar este objetivo, todos los masones, todos los ritos se confunden, se unen, se identifican en el santuario de Misraim, y ustedes han venido. Ustedes han pensado que a través de las diferencias de algunas prácticas puramente simbólicas, nosotros no tenemos más que un mismo objeto: la gloria del Todo Poderoso, la prosperidad de la orden y el bien de la humanidad, y ustedes han venido.

¡Gracias profundas y sinceras les son dadas! ¿Porqué, en efecto, esta diversidad de ritos, cuando ella no altera los dogmas, no corrompe la doctrina primitiva, nos dividiría? Ella existe en el ejercicio de todos los cultos; mas esto no impide al hombre iluminado de fraternizar con su semejante, hombre de bien. ¿Por qué no será lo mismo entre los masones de todos los ritos, puesto que ellos derivan de la misma fuente, de nuestra antigua y sublime institución? Y porque el Eterno no desdeña ningún culto, ningún homenaje, cuando le es ofrecido con un corazón puro y una fe sincera, desde que su clemencia infinita abraza a aquellos mismos que están en la vía de un error involuntario, porque ella no da menos la bienvenida a los deseos de todos los humanos, porque ella no vierte menos sus aguas, sus dones y sus beneficios, ¿Quién entonces osará elevar pretensiones exclusivas y arrogarse el derecho impío de ser intolerante?
Mas dónde se alecciona mi celo exaltado por la altura de un tema tan bello? Perdóneme, mis HH.’. esta digresión que el inefable favor de vuestra presencia me ha sugerido. No, ustedes no la juzgarán fuera de lugar, en razón de las grandes verdades masónicas a las cuales ellas se unen, y ella tendría menos esta utilidad de atestiguar a la vez la pureza de la doctrina que nosotros profesamos, y la sinceridad de los sentimientos afectuosos y fraternales con los cuales nosotros los hemos recibido en medio de nosotros. Sobretodo, mis HH.’., la P.’. S.’. de la orden masónica de Misraim para Francia, vivamente sensible a la acogida que ella recibió de vosotros, les va a agradecer por las aclamaciones misteriosas.”

Al mismo instante las aclamaciones se hicieron sentir en las bóvedas del templo: luego el silencio más perfecto reinó entre esta multitud de masones de todos los rangos; una melodiosa armonía se hizo escuchar y se prepararon nuevos placeres; estos placeres que la austera sabiduría no desdeña querer hacer una dulce diversión a placeres de una naturaleza más grave.

Las puertas del Edén están abiertas a las virtuosas y amables hermanas que van a dedicarse a su cultura. El jardín del Edén se encuentra espontáneamente sembrado de las más bellas flores. Los ojos son deliciosamente fijados por la infinita más siempre encantadora diversidad de sus formas; el olfato es agradablemente insuflado por el perfume que ellas exhalan; la oreja escucha con un encanto exquisito el dulce movimiento de su follaje delicado agitado por el céfiro ligero de la primavera; el solo gusto y tocarlas son primicias de los placeres que prometen sus cálices.

El P.’. H.’. Conde Muraire se dirige a las Ill.’. HHnas.’. y les habla así:

“Muy Ill.’. y queridas HHnas.’., si me fuera permitido de no ser aquí más que un hombre de mundo, yo no tendría más que expresarles el placer que nosotros sentimos bien vivamente de recibirlas entre nosotros y sin otra cortesía, yo diría que ustedes son la porción de la creación más exquisita y más perfecta; que el bien más precioso de la vida emana de vosotras; que es a vosotras que nosotros debemos los cuidados de la infancia, las castas delicias de un amor puro, las dulzuras del matrimonio, los beneficios de la paternidad, el fenómeno de la reproducción, la consolación de la vejez y todavía la calma de nuestros últimos instantes. Yo diré que es de vosotras, que nosotros tenemos todos los goces del corazón, todas las esperanzas y todas las realidades de la felicidad, todos los alivios de las penas y de los males inseparables de la humanidad, todas las compensaciones y todas las recompensas de los trabajos penosos a los cuales el hombre está condenado aquí abajo; yo diré en fin, que es por vosotras que nosotros somos a la vez mejores y más felices! Pero al usar este lenguaje, aunque yo no digo más que la verdad, esta verdad no se las diría por entero? Y la austeridad masónica podría ella consentir en no presentarlas sin un recuerdo de adulación y casi de seducción. No: mis queridas HHnas.’. vosotras sois dignas de un homenaje más completo y más sincero y para hacer este homenaje tal que vosotras lo merezcáis, que sea permitido a mi franqueza añadir una palabra a esta imagen que yo vengo de trazar de la magnífica dotación que el Eterno les ha hecho. Esta palabra, vuestros corazones están hechos para escucharla; esto es que si a tantos atractivos y encantos, si a tantos dones y cualidades no se mezcla algún entusiasmo por la virtud, toda idea de perfección se desvanecería y no quedaría más que vuestra belleza destinada sobre la tierra, que es una vana y fugitiva ilusión. ¡La virtud! Mis queridas HHnas.’. he ahí la flor que, cultivada por vuestras manos, no se marchitará jamás! ¡He ahí la belleza que no perecerá! ¡He ahí el secreto, el verdadero secreto de vuestra potencia y la base inamovible de vuestro imperio. La virtud! Es para añadirse a ella que ustedes han sido creadas, para hacerla más amable a nuestros ojos por vuestros ejemplos más persuasivos sobre nuestros corazones, por vuestras inspiraciones, para darnos la práctica más dulce por el deseo de complacerlas y sacrificarles lo que sea que ella pida, más fáciles por la noble esperanza de obtener el precio de las manos de la belleza;  querrían ustedes, podrían  ustedes alejarse jamás de una misión tan bella y tan augusta! No: al entrar en este templo que les es consagrado, ustedes aportan sentimientos dignos de ella, acepten a cambio la expresión masónica de aquellos que somos emocionados por vosotras”.

Una quíntuple batería de adopción sucedió a este discurso profundo y elocuente; una Ill.’. Hna.’. respondió en nombre de sus compañeras con una gracia y una delicadeza de la que su sexo amable es susceptible. Pronto se anunció una diputación de las Ill.’. HHnas.’. de la L.’. de la Rosa Estrellada, acompañada de sus HH.’.; esta diputación es introducida con las ceremonias de uso, el G.’. P.’. en un discurso improvisado, dijo:

“Mis queridas HHnas.’.
Al anuncio de vuestra llegada, nosotros exclamamos: de nuevo rosas en nuestro jardín y nosotros hemos agradecido al Ser Supremo del cuidado que él tiene en multiplicarlas! Puedan ustedes encontrar, mis queridas HHnas.’. en esta exclamación de felicidad y reconocimiento la expresión sincera de los sentimientos con los cuales las recibimos en medio de nosotros! A mí, mis Ill.’. HH.’. e Ill.’. HHnas.’.”
Y una batería hizo retumbar las bóvedas del templo.

El Ill.’. H.’. Maghellan respondió así en nombre de las Ill.’. HHnas.’. de la L.’. de la Rosa Estrellada:

“S.’.G.’.C.’.G.’. presidente, y vosotros todos mis Ill.’. HH.’. e Ill.’. HHnas.’. en vuestros grados y cualidades.
Las Ill.’. HHnas.’. Escocesas de la Rosa Estrellada se apuraron en venir a asociarse a vuestros trabajos Misraimitas cuya dirección está confiada a una luz resplandeciente que, luego de haber lanzado la más viva luz a la cabeza de la magistratura, quiso a bien refrescarse de sus útiles trabajos, en medio de los verdaderos hijos de la viuda. Nuestras HHnas.’. desean contemplar en el Oriente con las coronas que le dedica Thémis, mezcladas a la acacia masónica; que ella sea la potente cadena que sirve para ligar a todos los ritos; nosotros llegaremos mis HH.’., a este glorioso resultado marchando bajo la bandera de la tolerancia, esta hija del cielo, hermana de la filantropía que ha salido del gabinete del sabio para llegar bajo el dosel del Soberano! Nosotros estamos M.’. Q.’. HH.’. penetrados del más vivo reconocimiento por la acogida fraternal que ustedes se han dignado hacernos y nosotros vamos a testimoniar por el signo y las baterías en uso en las logias de adopción.

Luego de algunos instantes dedicados al intercambio fraternal, se introdujo a las Ill.’. HHnas.’. oficiales de la G.’. L.’. de adopción, al sonido de una armonía brillante. El gran presidente se expresó en estos términos:

“M.’. Ill.’. HHnas.’.
Las funciones eminentes a las cuales ustedes han merecido ser llamadas me dispensarán casi de no decir nada más. Ellas atestiguan el aprecio que tenemos por vosotras. Esta confianza es muy verdadera; ella es total porque yo la rodeo de testimonios de instrucción que supondrían un límite que no existe.

Sí: queridas HHnas.’. sin el socorro del precepto, por el solo sentimiento del deber, por el solo impulso del celo, centinelas, atentas, vigilantes activas de este jardín, ustedes mantendrán el orden; ustedes animarán los trabajos, pero por sobre todo ustedes defenderán la entrada de la serpiente tentadora. La imprudente facilidad de nuestra primer madre no ha costado más que muchos cuidados a su descendencia. Que esta terrible lección no sea perdida! Que ella nos enseñe a fortificarnos contra la tentación y contra el orgullo de la curiosidad. ¿Qué más querrían aprender ustedes? ¡Qué más les enseñaría yo! El árbol de la ciencia del bien y del mal y el fruto peligroso que él lleva, vosotras los conocéis; mujer virtuosa, sensible y bella que siempre sabe bastante para su felicidad y para la nuestra. Nosotros les agradecemos mis queridas HHnas.’. de aquellos que ustedes nos procuran en este día.
Nosotros sabemos apreciarlo y es por los signos y baterías usuales en adopción, que nosotros vamos a expresar cuanto somos sensibles”.

Cuando el G.’. P.’. hubo cesado de hablar una viva batería de adopción dirigida por él se hizo escuchar. La M.’. Ill.’. Hna.’. Esther Salvador, órgano de las Ill.’. HHnas.’. oficiales se expresó así:

“M.’. Ill.’. HH.’. y M.’. Ill.’. HHnas.’.
El testimonio de una amistad bienvenida, la elogiosa elección que ustedes han hecho de nosotras para cumplir las funciones elevadas de esta G.’. L.’. podría ser mejor merecida pero no mejor sentida; nuestro celo y nuestros constantes esfuerzos para hacernos dignas les prueban al menos que no han sembrado en una tierra ingrata.
Sí, M.’. Q.’. HH.’. y M.’. Q.’. HHnas.’. nosotros estaremos siempre activas y nuestra vigilancia siempre despierta; y ni la cizaña ni la ortiga invadirán jamás el campo que nosotros nos hemos dado en cultivar.
All.’. All.’. All.’.

Cumplidas las formalidades de costumbre, luego de la instalación de las Ill.’. HHnas.’. oficiales en sus empleos respectivos, el G.’. P.’. envió una diputación a la G.’. M:’.; la Ill.’. Hna.’. Condesa de Foucécourt cuya proximidad fue pronto anunciada. La entrada del Edén le fue otorgada; ella avanzó en el clima de Asia, acompañada de la diputación que le había sido enviada, al son de una brillante armonía. Llegada al trono el G.’. P.’. le dirigió el discurso siguiente:

“M.’. Ill.’. G.’. M.’.
Los masones, sea en sus trabajos, sea en sus fiestas, no pierden ni el amor, ni el culto de la virtud. Estas solas palabras que no pueden ser más que enigmáticas para vuestra modestia, revelan todos los motivos de la elección que nosotros hemos hecho de ustedes y del voto que hemos dirigido para que vosotras vinierais no solamente a embellecer y honrar esta fiesta, sino a presidirla y dirigirla.
M.’. Ill.’. G.’. M.’., yo no te haré sufrir tormentos, pues este sería para vos el escucharme decir todos los derechos que ustedes tienen al homenaje que nosotros les rendimos. Yo sé que la virtud encuentra su premio en ella misma, rechaza el homenaje y escapa al gran día. Aunque semejante a la humilde violeta que se oculta bajo la hierba, ella se traiciona siempre por su perfume, yo no respetaré menos lo incógnito, sobre el cual la vuestra parece velarse, mas yo me traicionaría y mi deber y la intención de aquellos de los que yo soy el órgano, esto es si, yo no diré que jamás homenaje ha sido mejor merecido, que jamás homenaje ha sido más sincero; permitidme una palabra mas; esta tú la escucharás con menos pena, porque no es relativo sino a la mitad, y es que ya tú perteneces a la orden masónica de Misraim por la otra mitad de ti misma, y al ofrecerte la palma que un sentimiento unánime te reserva, nosotros creemos ofrecer a vuestro feliz esposo el premio sin duda más querido a su corazón de sus virtudes, de sus trabajos y de su celo. Pero yo me detengo, yo escucho elevarse alrededor de mí un murmullo de impaciencia por verte ocupar este trono donde todos los corazones te llaman, Venid nueva Esther, venid a sentarte y colocar al pueblo masón bajo la potente égida de la sabiduría y de la belleza!”.

La M.’. Ill.’. G.’. M.’. en posesión del primer Mallete, toma la palabra y dijo:

“Gran Presidente,
Si yo estuviera dotada de la elocuencia brillante y dulce que fluye con tantas gracias de vuestros labios, yo ensayaría expresar las lágrimas de Thémis, el amor y el respeto de los hijos de Misraim y de probarles cuanto estos sentimientos son merecidos. Esta tarea siendo superior a mis fuerzas, yo me limitaré a ofrecerte el testimonio del reconocimiento más vivo y el mejor sentido por el alto favor que tú me has hecho de haberme elegido entre tantas Ill.’. y amables HHnas.’. que siendo más dignas que yo, para asociarme a vosotros, para presidir esta brillante asamblea. Yo te agradezco las cosas halagadoras con las que me has honrado. Yo acepto el mallete que tú quieres confiarme y yo haré mis esfuerzos por servirme de él dignamente; pero yo reclamo de ti G.’. P.’., asistencia e indulgencia, para testimoniarte así como a los Ill.’. HH.’. e Ill.’. HHnas.’. que decoran este elegante jardín, mi reconocimiento, en verdad masónico, yo voy a servirme de los signos y de las baterías de las que tú has hecho un tan bello uso”.

Al decir de esta aclamación, una brillante sinfonía se hizo escuchar. Los trabajos de adopción comenzaron bajo la dirección de la M.’. Ill.’. G.’. M.’. y se procedió a la recepción de la profana Rosalie Vambone, joven persona, dotada de todas las ventajas de la naturaleza…
Terminada esta ceremonia la Ill.’. Hna.’. Oradora habla en estos términos:

“Mi querida Hna.’. vuestra sumisión a las formalidades de vuestra recepción, y más todavía las cualidades honorables que nosotras hemos percibido en ti, nos han impulsado a dulcificar en vuestro favor el rigor ordinario de las pruebas a las cuales nosotras sometemos a las neófitas; sin embargo la deferencia que nosotras hemos creído testimoniar, no debe dispensarte de seguir con una exactitud escrupulosa los preceptos austeros que nos sirven de regla. Tú debes ser para ti misma un juez severo y trabajar sin descanso en fortificarte en la práctica de la sabiduría, objeto principal y constante de nuestros trabajos. Los masones, esos hombres esclarecidos, esos sabios que trabajan con ardor para hacer triunfar la razón y extender su imperio, guiados por la llama toda divina, han perforado la noche del error, y ellos han visto que las mujeres eran susceptibles como ellos de una fuerza moral bastante grande para practicar todas las virtudes. Como ellos ellas saben apreciar lo verdadero, lo grande y lo sublime, y entonces ellos no han titubeado en asociarlas a sus trabajos. Es a nosotras, llenas de reconocimiento, para confirmarles en la opinión que ellas han concebido de nosotros, por esfuerzos constantes y múltiples. Es así lo que esta G.’. L.’. y la masonería entera espera de vosotras; nosotros estamos ciertos que ustedes se esforzarán en hacerlo. El templo en el cual ustedes han tenido el favor de ser introducidas, es el santuario de la virtud; los preceptos que nosotros enseñamos conducen a la felicidad; el nombre querido de adopción es aquel que nuestros HH.’. han elegido para iniciarlas en sus misterios. Ustedes han salido de las tinieblas para percibir la más viva luz; es ella quien va a iluminar las acciones de vuestra vida y que les servirá de guía para hacerlas evitar todos los escollos donde la virtud está amenazada de naufragio.

He ahí el precioso tesoro que luego de un severo examen nosotras no hemos dudado en compartir contigo. Regocíjate algo, mi querida Hna.’. y aprende que cuanto más tienen precio las cosas, es más necesario conservarlas. Se fiel a las enseñanzas que acabas de escuchar; observa nuestros estatutos y el silencio sobre todo aquello que tú has aprendido y visto. La discreción, la buena fe están en el número de vuestros preciosos deberes: ten indulgencia por tus semejantes; consuela tanto como esté en tu poder a los infortunados; que tus acciones respiren esta pureza que distingue al verdadero masón de los profanos vulgares. Ven con frecuencia a extraer en este templo las lecciones de la caridad y de la sabiduría; ven a compartir las dulzuras de una amistad que nada puede alterar. All.’.! All.’.! All.’.!

Terminado este discurso las bóvedas del templo retumbaron con un aleluya sagrado a favor de la Ill.’. Hna.’. elocuente.

El G.’. orador de la P.’. S.’. toma la palabra y pronuncia el discurso siguiente:

“S.’.G.’.C.’.G.’.P.’.S.’.G.’.M.’. ad Vitam, miembros de la P.’. S.’. de la orden, presidentes de los Consejos, Venerables de las Logias, Gran Maestra; Ill.’. HH.’. e Ill.’. HHnas.’. en vuestros grados y dignidades:
Los trabajos que nos reunieron hoy en este Templo han tenido un doble objeto, una de las solemnidades de la Orden y una fiesta de Adopción; esta división va a clasificar mis pensamientos; yo comenzaré por algunos desarrollos sobre nuestra Institución. La Orden masónica de Misraim tiene, como los otros Ritos, su esplendor y su utilidad. Nacida con el mundo en la antigua Caldea, preservada del gran cataclismo por el P.’. Noé, y llevada por su nieto a la tierra de Egipto, tierra que se convirtió en la cuna de los conocimientos humanos y donde nuestros misterios han sido, son y serán siempre honrados, de donde ellos han llegado a todos los puntos del triángulo y hasta nosotros; rodeado de esta celebridad que la recomienda a todos los siglos y que debe hacerla querida a todos los masones.

Gracias sean dadas a estos sabios que, como lobatones, fueron iniciados en los países lejanos, donde el destino los condujo, haciendo parte de nuestros ejércitos triunfantes; quienes, para disminuir con su presencia y sus trabajos los males de la guerra y las devastaciones de la victoria, trajeron de estos VV.’. lejanos, los conocimientos profundos y luminosos de nuestra orden venerada, que ellos habían adquirido por sus largas y penosas meditaciones. De retorno en sus patrias sus primeros deseos fueron alimentar el fuego sagrado que ya ardía en nuestros templos, y propagar nuestros altos misterios que a ellos les faltaban.

En esta misión tan útil como sagrada, en este apostolado glorioso nuestros G.’.C.’. se asociaron a los guerreros cuyos grandes hazañas y sus virtudes preconizan la memoria, y a otros que llevaron, de esta tierra antigua a sus patrias, nombres ilustres por los más honorables triunfos; es a semejanza de estos sabios, a estos guerreros que porque las vicisitudes de la fortuna y los azares del combate les habían llevado sobre un suelo tan fértil en ruinas y en recuerdos que se relacionan con nuestra institución, ellos debían exhumar de los templos del Alto Egipto o de las Pirámides vecinas al Nilo, misterios que, cuarenta siglos antes, fueron la gloria y la riqueza de estos felices países; les pareció a ellos que serían culpables hacia nosotros, si de regreso a sus hogares, ellos no enriquecieran su patria con un culto que tenía ya un origen antiguo, cuando Orfeo, Solón y Pitágoras fueron a los PP.’. de Memphis para estudiar las sublimes verdades, para practicar las virtudes hospitalarias. Así los Argonautas empujados por la tempestad hacia la isla de Samotracia creyeron, para apaciguar la cólera del cielo, para obtener una feliz navegación, sacrificar a los dioses protectores de este país y hacerse iniciar en los misterios que se celebraban. Así Aníbal ya amo de una parte de Italia se presenta sobre el suelo del templo que había visto el sacrificio del P.’. Eneas. E invoca para el éxito de su expedición en esta tierra extranjera, a los dioses de Cartago, como el príncipe Troyano había invocado antes que él al dios de la Frigia, el Todo Poderoso.

La Orden Masónica de Misraim tiene esta ventaja sobre los otros Ritos, que ella proveyó a los iniciados de compensaciones científicas que los condujeron al hecho de los conocimientos abstractos de nuestra Orden. Yo daría una más amplia extensión a esta parte de mi discurso si el lenguaje de los misterios no fuera extraño a esta fiesta que nos reúne. Yo paso al relato que mi dignidad de Gran Orador me impone de colocar bajo vuestros ojos. La Orden Masónica de Misraim se ha incrementado en el año que pasó con muchos talleres, que se han elevado al alto destino que ella está llamada a cumplir. Yo he visto fundar sucesivamente en este gran V.’.
Las Logias de las Doce Tribus, de los Seguidores de Misraim, de la Zarza Ardiente, de los Hijos de Apolo, el Consejo del Grado 8.
La P.’. S.’. de la Orden ha restaurado al mismo tiempo la R.’. L.’. madre Arc en Ciel, el Consejo del Grado 13, del 33, del 35 y del 54 Grado. La Orden ha adquirido masones Esc.’. cuyos talentos y su celo no pueden mas que añadir a su ilustración. Ella se ha propagado en el extranjero y constituido en los departamentos de Francia diversos talleres de diferentes grados. En fin, los principios de tolerancia que nosotros profesamos, nos aseguran una prosperidad sostenida y un futuro brillante. La asociación en los misterios de Misraim de las Ill.’. HHnas.’. que nos rodean fundan sobre todo estas esperanzas, porque ellas deben poderosamente incrementar el brillo y aumentar la gloria. Su presencia embellece todas las reuniones; ella es para este jardín el más bello ornamento, su más rico adorno. Unidas a una Orden, como las solemnidades de Sion tenían vírgenes para celebrar las ceremonias, ellas se ocupan de colocar sobre este altar su ofrenda y sus votos, a ejemplo de las iniciadas que asediaban los pórticos de los templos de Isis, de Minerva o de Ceres, para consagrarse a su culto; ellas vienen en medio en medio de nosotros a tomar parte en nuestras fiestas y a vivificar nuestros trabajos. Sus votos han puesto a su cabeza una Hna.’. Ill.’. que los talentos y las virtudes recomiendan eminentemente y que recorre sin cesar con paso seguro la carrera de la filantropía. Esta elección honorable es para todos la garantía de las costumbres suaves que la caracterizan y de esta caridad siempre activa que la identifica con el desafortunado y alivia constantemente los males de la indigencia! Faltaría alguna cosa a este trazado y yo no obedecería a los sentimientos de mi corazón, si yo lo terminara sin hablar del P.’. H.’. que preside nuestros trabajos. Magistrado incorruptible, jurisconsulto célebre y jefe Ill.’. de la primer corte del Estado, tales son sus títulos para la consideración pública en el mundo profano. Masón celoso e instruido, filántropo virtuoso y sensible, su reputación está establecida en nuestra institución. La masonería moderna lo ha contado entre sus seguidores más útiles, numerosos talleres le deben su fundación. Casi todos han enriquecido sus archivos con sus trabajos filosóficos. La Masonería Antigua y Aceptada lo observa como su más ardiente defensor; en la lucha honorable que sostiene el Escocismo contra el G.’.O.’. de Francia, el P.’. H.’. Conde Muraire ha mantenido constantemente los principios de la tolerancia y de la justicia contra las usurpaciones del despotismo y de la intolerancia de una secta rival. Dignatario del S.’.C.’. de Francia, él ha sido en todas estas discusiones el alma de sus consejos, el intérprete de sus voluntades, el órgano de su potencia. Sus escritos trazan a los masones escoceses la ruta que ellos deben seguir para combatir la injusticia y resistir la opresión. La historia conserva sus escritos como documentos preciosos que han esclarecido a los contemporáneos y que viven para la posteridad. En la Orden Masónica de Misraim su elocuencia persuasiva ha disipado las nubes que hubieran podido oscurecer nuestro horizonte masónico. Su espíritu conciliador a hecho desaparecer todas las pasiones, ha ganado todos los corazones; bajo este doble recuerdo él debe ser visto como su más fuerte columna, como su más bello ornamento. Yo me encuentro feliz de ser en este momento el órgano de nuestros Ill.’. HH.’. y HHnas.’. en el tributo que yo pago a este digno P.’. H.’., el mentor de la masonería. Yo terminaré presentándoles la Orden Masónica de Misraim como la más tolerante de todas las asociaciones misteriosas, y esta observación es suficiente sola para su gloria. Así ven ustedes concurrir a nuestras fiestas, a los masones extranjeros de cualquier secta y de cualquier tribu a la que ellos pertenezcan. Yo distingo aquí entre estos Ill.’. visitantes, mis honorables colegas del Grado 33, del Rito Escocés, que vienen a este templo, con una rama de olivo en la mano, a abrazar por votos sinceros a sus HH.’. del mismo Rito y del mismo Grado, que esperan hacer ardientemente luego de esta unión que un genio maléfico ha retrasado mucho tiempo.

Pueda el Gran Arquitecto del Universo, pueda el Jehová de los Escoceses, pueda el Dios todo Poderoso Eterno de Misraim, bendecir los trabajos de este día, hacer de este lugar el templo de la Concordia para todos los masones! Puedan las HHnas.’. de la Rosa Estrellada y aquellas de Misraim convertirse en nuevas Sabinas, y el lazo sagrado que debe unirlas por siempre a todos los hijos de la luz.

Felicitémonos entonces PP.’. HH.’. de esto que nuestros principios y nuestro culto nos permiten de recibir siempre con un nueva buena disposición a los visitantes que, como nosotros, quieran trabajar por el perfeccionamiento de la civilización y la felicidad de la especie humana!
All.’.! All.’.! All.’.!

Luego que este P.’. G.’. Orador hubo cesado de hablar, luego del aplauso que mereció a este respecto este discurso lleno de erudición y de nobleza, recordando los principios de tolerancia que el encierra y que son aquellos que la Orden Masónica de Misraim profesa y ha siempre profesado, queriendo que el lugar de un templo Misraimita, sea el testigo de la unión y de la verdadera fraternidad de todos los masones que están reunidos, cualquiera que sea además el rito al cual ellos pertenezcan, el G.’. Presidente invita a todos los HH.’. indistintamente a darse el beso de la paz. Esta proposición produjo el efecto más emocionante. ¡El templo de la Virtud se convirtió en aquel de la Concordia! Todos los HH.’. en la efusión de sus sentimientos masónicos, parecían pertenecer todos al mismo Rito y no haber conocido nunca más que uno.

Antes de pasar a los trabajos de banquete, el P.’. H.’. Marc Bedarride, Primer G.’. C.’. de la Orden, llama al altar al Ill.’. H.’. Chamant, Ven.’. de la R.’. L.’. del Monte Sinaí, y le anuncia por palabras de felicitación y paternales que él ha sido clasificado en el rango de los sabios P.’. del Grado 81 en recompensa de su celo y de sus trabajos; luego el P.’. H.’. Conde Muraire le dirige la palabra y le dice:

“Y yo Ill.’. H.’. Chamant, como G.’. Pre.’. del 90 y último Grado, yo uno mis justos elogios a aquellos que vienen de darte el Primer G.’. C.’. de la Orden, por el celo que tú no cesas de manifestar por el bien de nuestra antigua institución y aquel de la humanidad, y en particular por los cuidados que tú has dado a esta fiesta, así que yo te proclamo Sabio P.’. del Grado 81 de la orden.

Los trabajos de la L.’. terminados los Ill.’. HH.’. y HHnas.’. son invitados a dirigirse a la sala del banquete. El sol estaba en las tres cuartas partes de su curso hacia el nadir; los trabajos de la masticación están en actividad. Un primer deber es cumplido por la H.’. L.’. de Adopción. El G.’. C.’. dice:

“Mis Ill.’. HH.’. e Ill.’. HHnas.’. nosotros vamos a dar el primer brindis de obligación, aquel al Rey y a la familia real: como francés, como ciudadano, como masón, nosotros hacemos este augusto brindis con un fervor digno de su objeto.
Primer saludo: respeto y fidelidad;
Segundo saludo: mantener la Carta, obra de la sabiduría.
Tercer saludo: la prosperidad de Francia, bajo la monarquía constitucional.

Luego de este brindis celebrado con una entera y respetuosa devoción, los brindis al superior G.’. C.’. de la P.’. S.’. reunió bajo sus auspicios y otros cuerpos masónicos, y aquellos de los Ven.’. Pre.’. G.’. M.’. y de todos los HH.’. y HHnas.’. tanto presentes como esparcidos sobre todos los puntos del Triángulo de cualquier Rito al que ellos puedan pertenecer, tuvieron lugar con el más grande júbilo para cimentar la unión que debe reinar entre los masones de uno y otro hemisferio.

Suspendidos los trabajos de la masticación, una danza magnífica se prolongó hasta el día y se vio la brillantez y el goce más puro, pintados sobre todos los rostros de los asistentes. Esta fiesta a la que uno puede comparar con aquella dada por nuestros antiguos PP.’. de los tiempos mas remotos, a la cual los indigentes no fueron olvidados, hará época en los anales de nuestra antigua y sublime institución.