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DE LA ORDEN MASÓNICA DE MISRAIM Desde su creación hasta nuestros días, de su antigüedad, de sus luchas y de su progresoOficial del Estado Mayor de la Armada Antigua, Por
MARC BEDARRIDE
Primer Gran Conservador de la Orden Masónica de Misraim para Francia,
Gran Dignatario de las Potencias Supremas de dicha Orden en diversos Reinos extranjeros,
Poderoso Gran Comendador de los Caballeros Defensores de la Masonería y poseedor de todos los Ritos
Traducida del idioma francés por el H.'. FIDUCIUS
ESTACIÓN 23ESTACIÓN 23
El año del mundo 5198, el P.’. Nachman, del V.’. de Girone, sabio G.’.C.’. tuvo un hijo llamado Moisés Nachmanides apodado Ramban Rabbin, muy Escl.’. en medicina y otras ciencias, y sobre todo en la ley Mosaica, saber que le ameritó el nombre de padre de la sabiduría, de luminaria, de la flor de la corona y de la santidad.
Este digno P.’. estaba considerado como el más elocuente de su siglo. Desde su primer iniciación, el dudó de la veracidad de la ciencia cabalística, pero inmediatamente que él recibió la grande, el se convirtió en el más famoso cabalista. Su renombre era tal, que la envidia llenaba el corazón de sus antagonistas; debido a sus ataques, en el año 5264, él fue obligado a sostener una conferencia contra los llamados Pablo y Raimundo Martin que eran de una creencia opuesta a la suya: esta conferencia tuvo lugar en presencia del rey Jaime, soberano de España, en la cual el P.’. Nachmanides dio tantas pruebas de talento y de claridad, que ellas le hicieron triunfar. El rey, en testimonio de su satisfacción, le dio ricos presentes.
Estos grandes éxitos no hicieron mas que aumentar las tribulaciones hacia este P.’., que le habrían sido funestas si, para su tranquilidad, él no hubiera tomado la resolución de expatriarse, y se dirigió al V.’. de Jerusalén, donde él fue recibido con el más grande júbilo. Nachmanides no tardó en ser apreciado en su nueva patria por su justo valor, pronto fue colocado a la cabeza de nuestra institución. Este G.’.C.’. trabajó sin cesar por la gloria del Todo Poderoso; él murió en este célebre y santo V.’. a una edad muy avanzada, lamentado por todas las personas de bien, y particularmente por los hijos de la luz.
El año del mundo 5204, el P.’. Naséroddin, nació en el V.’. de Thus, villa considerable de Chorazan, provincia Persa al lado de la Tartaria; este hijo de la luz fue elevado e iniciado en el templo de Misraim, y aprovechó de tal manera las lecciones de sus sabios maestros que él hizo progresos sorprendentes en todas las ciencias. A la edad de 17 años él se había hecho maestro él mismo; revestido del título de 66º G.’., él recorrió todos los VV.’. de la región de Mogol, y fue acogido en los principales con entusiasmo; él recibió aumentos de salario justamente adquiridos, hasta llegar a la eminencia de G.’. C.’. y gran comendador de los Caballeros Defensores de la Masonería. A su llegada al V.’. de Maragaha, este célebre G.’.C.’. fue puesto a la cabeza de nuestra antigua institución que él hizo florecer; él estableció una escuela donde enseñó a sus discípulos la física, la lógica, la metafísica, las matemáticas, la astronomía, el conocimiento de los jeroglíficos, los hierogramas, caracteres sagrados de nuestra orden; él acuerda a aquellos que tenían el mérito, la gran iniciación y les enseña el arte de la cábala. Él había dividido a sus numerosos alumnos en cuatro clases, la primera perteneciendo a la simbólica, la segunda a la filosófica, la tercera a la mística y la cuarta a la cabalística.Él había asignado a cada una de estas clases un día de la semana para desarrollar los conocimientos relativos, conocer los progresos que cada uno de sus miembros había hecho y recompensarlos según sus méritos.
Este célebre G.’.C.’. y filósofo Árabe, obtuvo en el V.’. de Maragaha un gran número de PP.’. de diversos países que vinieron a asistir a sus cursos y a sus sabias observaciones. Se lo escuchaba como un oráculo, se lo admiraba durante sus lecciones; su renombre fue tan grande que todas las escuelas del Mogol se colocaron bajo su dirección, y que cada uno de sus jefes le hacía llegar un tributo extraído de sus ganancias, para que él dispusiera a su voluntad. Este célebre iniciado trabajó sin descanso para esclarecer a sus discípulos y dejó para la posteridad documentos, frutos de sus afanes y profundas meditaciones. Él tuvo un gran número de discípulos que se hicieron a su turno iniciados perfectos, entre los cuales el P.’. Ridamodin, uno de sus compatriotas, lo imita en todo y se convierte en un G.’.C.’. digno de llevar ese título.
El P.’. Nasedoria termina su brillante carrera a la edad de 73 años, el año del mundo 5277, llevando con él las lamentaciones de todos aquellos que lo habían conocido.
El año del mundo 5270, el célebre P.’. Zacharie, Árabe de nación, muy profundo en el conocimiento de las maravillas de la naturaleza, e iniciado por excelencia, luego de haber recorrido los principales VV.’. de África, fue a residir al V.’. de Béui-Gébara donde, por sus altos conocimientos y sus brillantes luces, él fue llamado a la suprema dignidad de G.’.C.’. Él tuvo un hijo que, elevado e instruido por él mismo, se hizo a su turno célebre; el plan perfecto debajo es el fruto de las relaciones de sus viajes:
GLORIA AL TODO PODEROSO
Salud sobre todos los puntos del Triángulo
Respeto a la Orden
MM.’. IILL.’. Escl.’. y PP.’. HH.’.!“Yo nací en el año del mundo 5278, mi padre se llama Zacharie, G.’.C.’. en el V.’. de Béni-Gébara, situado sobre la plataforma de la grande y alta montaña de Cutz, reino de Fez. Aunque muy elevada, y de difícil acceso, esta montaña está muy poblada y fértil en todo: sus habitantes pueden vivir sin necesidad de socorros de aquellos de los VV.’. vecinos durante mucho tiempo, sin temer ni el hambre ni la sed. Ellos pueden también defenderse, en caso de ataque, atento a que ellos tienen una cohorte de 7.000 a 8.000 hombres bien armados, aguerridos y disciplinados. Los magistrados de nuestro V.’. pagan tributo al soberano de Fez, para conservar su independencia y hacer libremente el comercio en todo el reino. Yo no tuve otro maestro que mi digno padre al cual le debo los conocimientos que poseo; apenas yo sabía hablar que él me enseñó a leer y a escribir; a los 10 años yo ya había recibido los primeros principios de mi educación. A los 15 años yo hablaba varias lenguas con facilidad; mi padre había inculcado en mi espíritu la existencia del Motor de todas las cosas; y desarrollándome sus maravillas, él me dijo: hijo mío, el Eterno habló y el desmembramiento del caos fue operado; todo fue creado, y cada cosa tuvo su virtud; él puso al género humano en soberano sobre todos los animales que respiran, y nuestro primer padre Adam, fue el primer G.’.C.’. de nuestra orden y dispensador de todos los secretos de la naturaleza, al efecto de transmitir a las generaciones futuras; porque el Todo Poderoso dijo: EMETH, THITZEMA, MISRAIM, es decir, todo surgirá de Misraim para esclarecer a los hombres. Mi padre tuvo la perseverancia...
De perfeccionarme en todas las ciencias que él poseía, particularmente en el arte del bien decir, la elocuencia. Él me dijo: hijo mío, la elocuencia se emplea en todas las materias que pueden ser el objeto de nuestros discursos, no perteneciendo ella más a la prosa que a la poesía. Ella consiste en descubrir en algún tema las cosas que se debe decir, ubicarlas en el orden que le conviene y revestirlas de ornamentos de los que ellas son susceptibles.
Es por este arte que nosotros podemos hacernos maestros de aquellos que nos escuchan y someter sus voluntades a las nuestras, arte sublime y tan maravilloso que es sin contradecir uno de los dones más preciosos que el gran Jehová hizo a nuestro primer gran patriarca para reunir luego a sus semejantes que vivían esparcidos en las campiñas, comiendo la hierba a ejemplo de las bestias salvajes, retirándose al fondo de los bosques, de donde ellos no salían más que para hacer una guerra cruel y disfrutar la subsistencia natural con la que se nutrían, o todo otro objeto de sus pasiones. Entonces el más débil era oprimido por al más fuerte, pero a su turno, estos lo eran por los animales que la naturaleza había munido de fuertes armas, mientras que estos hombres brutos no tenían contra ellos ninguna suerte de defensa; los pájaros de presa que los sobrevolaban en rapidez, los atacaban con la misma ventaja que las grullas. Desprovisto de todo socorro y atacado de todos lados, el género humano declinaba en un estúpido silencio, y qué hubiera sido de la raza humana si el Eterno no hubiera confiado a Adán, el árbol genealógico de nuestra institución conteniendo en sus inmensas ramas todas las ciencias y todos los secretos de la naturaleza, y por este hecho el arte de conducir a sus semejantes en el camino de la virtud. Hijo mío, es en la antigua Caldea que el fuego sagrado fue alumbrado y que su brillante claridad se esparció en todos los países de los descendientes de Adán.
El P.’. Enos fue uno de los más Esc.’. G.’. C.’. de nuestra orden: es él quien, por su genio y su elocuencia, hizo rendir al Eterno el respetuoso homenaje debido a su Majestad Supremo, ejerciendo religiosamente su culto sagrado; pero, lamentablemente después de él, la perversidad se apoderó del corazón y del espíritu de la mayor parte del género humano, lo que entrañó la caída de todo aquello que existía, excepto aquella de nuestros PP.’., los privilegiados.
Gracias sean dadas al gran Misraim y a los PP.’. sus contemporáneos quien, luego de ser maestros de la tierra de Sémia, forzaron por su ciencia y su elocuencia a sus habitantes, hombres brutos y salvajes, a reunirse junto a la llama de la razón y de la verdad. Este país que era completamente estéril, se convirtió en el país más fecundo; es allí que la luz se esparció en las otras partes del mundo, y este bienestar, hijo mío, es el resultado de la sana doctrina y de la pura moral del gran Misraim que dio su nombre a esta tierra.
Nuestros antiguos PP.’., cada uno en sus regiones respectivas, inspiraron a sus discípulos la necesidad de unirse para su defensa; a este efecto les enseñaron el amor de la justicia y de la equidad, principios que, solos, podían establecer entre ellos una alianza duradera, y aquellos que eran reconocidos dignos estaban separados de la multitud, instruidos en el arte que nosotros profesamos, porque ellos no daban a todos los hombres el mismo grado de conocimientos, sino mas bien a aquellos que, por sus disposiciones naturales eran capaces de hacer buen uso de ellos. ¡Ah! Hijo mío, me dijo mi digno padre, apenas estos hombres brutos vieron brillas la llama sagrada que ellos se dieron cuenta de su miseria y tomaron cuenta de esta vida brutal que pasaban en medio de los animales; ellos cubrieron su desnudez, cesaron de odiarse y se aproximaron poco a poco los unos a los otros, escuchando la voz persuasiva de nuestros PP.’. delegados: entonces ellos descendieron de las montañas, salieron de los bosques, se reunieron por tropas en diferentes países, y bajo la dirección de nuestros sabios PP.’., arquitectos, construyeron habitaciones, formaron Burgos y ciudades; con el favor de las hábiles lecciones de estos GG.’. MM.’. su inteligencia, hasta entonces restringida, se desarrolló, la industria se hizo su patrimonio; sabias leyes fueron dadas por nuestros esclarecidos PP.’. legisladores, y de los magistrados, para hacerlas observar, fueron elegidos entre los más sabios de entre ellos. Cada día se vio crecer el mejoramiento del género humano, también para rendir homenaje al Eterno de un tan grande beneficio, elevaron sus manos y los ojos hacia la bóveda celeste, le agradecieron por cánticos de alabanzas y holocaustos, y el perfume de sus sacrificios se elevó justo hasta el pie del trono de su Majestad Suprema.
Tú no tendrás dificultad en creer, hijo mío, que nuestra institución ha operado maravillas en todos los tiempos, y que, dispensadores nosotros mismos de sus saludables beneficios, nosotros llegamos con el tiempo por nuestro celo y nuestra perseverancia en el bien, a reunir a atraer a nuestros semejantes del error a la verdad, a fin de hacer un solo pueblo de HH.’. Es así que el autor de mis días me formó gradualmente según la creencia y los preceptos de nuestra orden venerada.
Gracias al Todo Poderoso, yo fui iniciado por los deseos de mi padre, y yo llegué justo a la puerta de la cuarta serie llamada cabalística. Yo hice también progreso en el arte médico que había abrazado.
Lamentablemente, en el año del mundo 5305, yo tuve el vivo dolor de perder a los autores de mis días a poca distancia el uno del otro. Quedamos dos muchachos y una hija casada con un P.’. del V.’. de Fez.
Mi hermano mayor, que estaba dedicado por completo a la agricultura, se encontró ubicado a la cabeza de nuestros bienes. Desde hacía algún tiempo, yo tenía el proyecto de viajar, y en 5307 yo comencé mi viaje por el V.’. de Fez.
Mi narración sería muy larga si fuera a enumerar todo lo que pasó durante mi estadía en esta triple ciudad; yo me limito a hacer conocer que fui elevado al 90º y decorado con la gran estrella de Misraim.
Deseando ir a pasar algunos años en la célebre universidad de Padua, yo me dirigí a Tetuán donde tome sitio en una tartana que hacía viaje para la Sicilia.
Durante el trayecto yo hice amistad con un iniciado del V.’. de Palermo; él me dijo que se encontraba en este V.’. un célebre médico, Francés de origen, ARNALDO DE VILLANUEVA, quien le había salvado la vida, quien hablaba perfectamente las lenguas Hebraica, Griega, Árabe y otras, y había sido iniciado en su juventud en el V.’. de Avigñón, habiendo hecho progresos eminentes en sus viajes por Italia y España, donde él había tenido el alto favor de recibir la gran iniciación. El P.’. Arnaldo de Villanueva es famoso en la astrología y la magia y otras ciencias abstractas; él se había retirado al V.’. de París, dónde se hizo conocer muy libremente su creencia de DEISTA; no fue necesario mucho más en ese siglo para ser acusado de herejía, pero advertido por amigos se puso en fuga y se refugió en la Sicilia, donde sus altos conocimientos le hicieron ser apreciado bien pronto.
Federico de Aragón, soberano de esta isla, habiendo tenido la ocasión de conocerle, lo tomó en amistad, le acordó su protección, y este digno iniciado adquirió un gran renombre en estos lugares.
Cuando estemos en el V.’. de Palermo yo te presentaré a este Ill.’. H.’. y estoy persuadido que él te procurará todas las comodidades posibles durante tu estadía en este V.’.; pero tú no tendrás otro alojamiento que el mío.
Inmediatamente a nuestro arribo yo fui conducido a la casa del P.’. Arnaldo de Villanueva, que me recibió con todos los miramientos. Yo tuve con este célebre doctor diversas conferencias tanto sobre el arte médico como sobre nuestra antigua institución. Yo le proveí de todas las enseñanzas relativas al lugar que me había visto nacer. Yo le hice elogios de la firmeza de nuestros PP.’. que han en todo tiempo rechazado lejos de ellos la propagación de la falsa doctrina masónica y no han querido jamás aceptar otros principios que aquellos de Misraim, profesados en toda su pureza, aunque el rito Adonhiramita hubiese sido propagado en otros países del África.
A este relato el P.’. Arnaldo de Villanueva exclamó: ¡Quiera el cielo que todos nuestros HH.’. tuviesen la misma firmeza que aquellos de vuestra región! ¡La Masonería, esta sublime institución, no sería hoy la morada de tantos hombres que no son dignos de poseerla!
Afortunadamente ellos no obtendrán jamás la gran iniciación, y los pocos grados que ellos poseen están de tal manera alterados y desnaturalizados que estos masones no podrán jamás prestar atención a nuestros sagrados misterios. Yo te felicito entonces, P.’. H.’. por la perseverancia de los PP.’. de vuestra región. Es a nosotros, jóvenes iniciados, marchar sobre sus trazos, mantener intactos nuestros estatutos y dogmas, y sobre todo rechazar, como ellos, a estos individuos que se dicen masones y que nada tienen que así los caracterice. La mayor parte pertenece a nuevas asociaciones de obreros de todo tipo que se han formado y se forman además en diversos países donde el sistema del error domina sin duda para reemplazar, si fuese posible, nuestros talleres y nuestros colegios sagrados, a fin de profesar una doctrina totalmente opuesta a la nuestra. En Roma, en muchos V.’. de Italia y en otros países el nuevo sistema de confraternidad se propaga. Sus actores se ufanan vanamente de poseer nuestra santa doctrina; ellos no tienen de nuestros primeros grados mas que algunos signos, palabras y emblemas que ellos han desnaturalizado para adaptarlos a su creencia, y todo para hacer prosélitos. En mis viajes, P.’. H.’. yo me he encontrado con este nuevo sistema, que los hombres iluminados no aprobaron jamás y que, a pesar de los esfuerzos de sus propagadores, no podrá apagar, así que ellos lo pretendan, la brillante luz de la verdad que esclarece nuestros trabajos científicos; yo me asombro de todo aquello que tiende a hundir a mis semejantes en las tinieblas. Mi voz ha quedado impotente, y mi celo por la verdad y mi creencia en el motor de todas las cosas no ha servido más que para hacerme perseguir, al punto que yo debo mi salud a que he huido y alejado de mi país!
Este digno H.’. me hizo parte de sus lamentos, me comunicó muchos fragmentos de sus obras que lo inmortalizaron; me presentó en el templo de Misraim, en el cual nuestros HH.’. trabajaban bajo el velo del más grande misterio y teniendo la más grande reserva para hacer participar a HH.’. extranjeros, temiendo ser revelados. El decano de la orden me enseñó aquello que yo sabía ya del P.’. Arnaldo de Villanueva, que en muchos V.’. de Italia nuestros trabajos eran ejercidos de la misma manera, que en Sicilia yo tendría grandes problemas para hacerme reconocer so no era portador de una recomendación; que, aunque yo me dirigía a Etruria, él iba a remitirme una misiva para el P.’. Paruta, decano de nuestra orden en el V.’. de Lucques, hombre de un raro mérito, el cual me sería de gran utilidad. Yo me fui con tristeza de mi célebre cofrade Arnaldo de Villanueva y los PP.’. de estos lugares, como también yo guardaré el recuerdo de su bienvenida a mi respecto.
Yo tomé lugar a bordo de una chalupa que hacía vela para Sarzana, de donde yo pasé a Lucques. El P.’. Paruta me recogió con bondad, viniendo de parte de su amigo y H.’. Él puso a mi disposición un apartamento en su vivienda, y yo fui considerado como un miembro de la familia. Este P.’. me enseñó que él había sido obligado a suspender sus trabajos por su tranquilidad y aquella de sus HH.’. él añadió que había resuelto retirarse de este V.’. para dirigirse a aquel de Venecia donde él tenía un gran número de PP.’. de sus amigos que deseaban ardientemente verlo en medio de ellos; pero que antes de efectuar su proyecto él tenía que poner orden en sus asuntos. Él me hizo conocer igualmente que los principales de la corporación de los obreros masones, designados bajo el título de Pontis, que existía en Lucques, le había solicitado, desde que el templo de Misraim estaba cerrado, aceptar la carga de G.’. M.’. de esta corporación, que él rehusó con reconocimiento. Este G.’. C.’. hizo todo por hacer mi estadía en Lucques lo más agradable. Como yo me dirigía al V.’. de Florencia, él me remitió al P.’. Francois Barberin, G.’.C.’. de la orden.
Llegado al soberbio V.’. de Florencia yo hice una visita a este Ill.’. H.’.; yo no podría trazar más que débilmente la buena acogida que recibí. Él me comunica diversas poesías de sus obras, a las que le hice cumplimientos. Los iniciados puestos bajo su preponderancia no se reunían mas que para la celebración de las fiestas del revelo y del reposo de la naturaleza y bajo el velo del más grande misterio, lo que me impidió visitar sus trabajos; y como yo deseaba continuar mi viaje, este G.’. M.’. me recomienda al P.’. Dondus, célebre médico y sabio matemático del V.’. de Padua, hombre de un gran genio. Él te mostrará, me dijo, una mecánica de su invención representando un reloj que marca las horas, los días, los meses, los años, las estaciones y por encima de todo el curso del sol y de la luna, obra tan admirable que es difícil de igualar. Este G.’. C.’. también ha descubierto diversos objetos útiles para sus semejantes, y cuando tú los hayas visto y escuchado en sus sabias lecciones, yo estoy persuadido que tú aprovecharás y que no te separarás de él sin lamentarlo. Yo me lamento P.’. H.’., que el G.’. C.’. Giotto, que se encuentra en este momento en el V.’. de Avigñón, no tenga la dulce satisfacción de conferenciar contigo: tú estarías encantado de escucharlo discurrir sobre la parte científica de nuestra orden, y yo voy a contarte en pocas palabras su historia:
Giotto era hijo de un paisano de los alrededores de este V.’.; desde su juventud el guardaba en los campos los rebaños de su padre, y al verlos apacentar él se dedicaba a pintarlos sobre una pizarra o sobre un ladrillo.
Un día, el G.’. C.’. Cimabué, pintor de alto mérito, viniendo de la campaña de sus amigos, vio al joven Giotto ocupado en pintar sus ovejas, se aproxima a él, examina su obra, le pregunta, y reconociendo en él grandes disposiciones para el dibujo, le pide el nombre y la dirección de su padre, y sin pérdida de tiempo él fue a solicitarle que le de a su hijo para colocarlo en el número de sus alumnos. El paisano, muy satisfecho por el destino feliz de su hijo, aceptó esta oferta generosa, y el joven Giotto fue al día siguiente conducido por su padre a Florencia. Llegado a la mansión del G.’.C.’. Cimabué, se quitó la vestimenta de (PATRE) (que él conservaba todavía para recordar su primer profesión) y se coloca el hábito de los alumnos. Este niño, lleno de inteligencia y de disposiciones naturales, aprovecha de tal manera las sabias lecciones de su maestro que poco tiempo le fue necesario para perfeccionarse, con grande satisfacción de su benefactor. A la edad de quince años, el G.’.C.’. habiéndolo reconocido digno en todos sus informes, le acordó la iniciación en nuestros sagrados misterios. Este joven adepto no tuvo más dificultad en adquirir la ciencia masónica que el arte de la pintura. Así se convirtió en el célebre pintor, iniciado distinguido, y su renombre repicó y repicará eternamente sobre todos los puntos del triángulo por las bellas obras que él dejó a la posteridad. Yo te exhorto P.’. H.’., a burilar estos hechos en vuestras tablas, porque ellos son dignos de figurar en los anales tanto profanos como masónicos.Yo me fui del V.-. de Florencia luego de haber visitado todo aquello que encerraba de curioso y de magnífico, y me dirigí a aquel de Padua, lugar de mi destino.
El P.-. Dondus me recibió de la manera más fraternal, y luego de un corto examen me clasificó en el número de sus alumnos en medicina. Un año me fue suficiente para perfeccionarme bajo la dirección de este G.’.C.’. y profesor del más alto mérito.
En fin, antes de irme, él quiso recompensar mi celo creándome y proclamándome G.’.C.’. para satisfacción de todos los Iniciados, que hicieron repicar las bóvedas del templo con un aleluya sagrado. Esta ceremonia tuvo lugar en una reunión convocada extraordinariamente para la ocasión de mi partida, a fin de que yo pudiera dar y recibir el beso de la paz. El signo misterioso que yo hice en ese momento expresó todo lo que yo sentía. Yo me fui de este antiguo V.’., alejándome con tristeza de los HH.’. de quienes había recibido tantas muestras de amistad. Yo visité los principales VV.’. de la Iliria, de la Dalmacia, de la Macedonia y otros de la Tracia. Yo hice una corta estadía en cada una de ellas, sin tener la felicidad de encontrar Iniciados: porque cada uno se preocupaba en no darse a conocer, por miedo a ser encarcelado; no fue sino en el gran V.’. de Bizancio que tuve el insigne favor de ser presentado por uno de nuestros HH.’. Italianos, al G.’.C.’. Schamach, hombre de un mérito trascendental, Africano de origen, haciendo comercio con Italia. Este digno H.’. gozaba de la estima y de la afección de todos los habitantes de este gran V.’.; él había logrado adquirir la confianza de los magistrados, lo que puso a los iniciados bajo sus auspicios, al abrigo de toda investigación. Este sabio G.’.C.’. me hizo una acogida perfecta: él quiso que yo no tuviese otra mesa que la suya, durante un mes que me quedé en este V.’. Él reunió a los Iniciados para hacerme gozar del aspecto de una recepción, presidida por él, y debo decir, para hacer homenaje a la verdad, que yo fui tan maravillado de su elocuencia como de su regularidad que reinaba en los trabajos. Yo le hice un cumplimento mediante un plan perfecto, retratando los detalles de mi viaje, que él me había manifestado el deseo de tener, para depositarlo en sus archivos. En fin, yo tomé lugar a bordo de un navío que hacía vela hacia el Ponto Euxino (Mar Negro). Luego de haber salido del estrecho, el navío fue enviado por una tormenta furiosa sobre la rivera de la antigua Teodosia o Caffa. Tuvimos necesidad de hacer escala allí para realizar algunas reparaciones que necesitaba el estado del navío. El poco tiempo que nos quedamos en Caffa, me impidió informarme si había todavía iniciados en estos lugares. Nosotros abordamos la Cólquida, sin eventos que lamentar, y yo desembarqué en ese lugar, tan renombrado en la historia, por la conquista del VELLOCINO DE ORO por Jasón.
De este V.’. yo dirigí mis pasos hacia la Armenia Mayor. Yo visité el Hor Arara, tan célebre por el diluvio del mundo, y luego de haber atravesado la Armenia menor, la Capadocia, la Siria, yo me dirigí a Arabia, al V.’. de Damor, lugar que había visto nacer a mi padre. Yo fui recibido por mi familia y nuestros HH.’. con los sentimientos de la demostración más afectuosa. Todos estos discípulos de Misraim, poseían a fondo las altas ciencias, y el V.’. de Damor pudo, a justo título, ser comparado al antiguo V.’. de Saba en la isla de Meroé, por la cantidad de sabios PP.’. que ella tenía. Habiendo aumentado mis archivos con el fruto de mis trabajos, yo fui a Fez, donde luego de haber quedado algún tiempo en medio de mis prójimos y de nuestros HH.’. me dirigí al lugar de mi nacimiento. Mi regreso fue festejado por una solemnidad en la cual fui encargado de la dirección general de nuestra orden.
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El G.’. C.’. Zacarías ejerció su profesión de médico en su V.’., siendo de una gran utilidad a los habitantes de estos lugares; él se unió a uno de sus hermanas, y se convirtió en padre de muchos Lobatones. Nuestra institución floreció bajo sus auspicios; él vivió en paz y tranquilidad y murió a la edad de 94 años, el año 5372, llevando con él la veneración de todos aquellos que habían apreciado sus raras cualidades. Nosotros no nos ocuparemos de entrar en materia de las diversas corporaciones de obreros de todo tipo que, en esta época, estaban empleados en la construcción de edificios, rutas y puentes, en diversos países del mundo; atento que los escritores han hecho mención de esto antes de nosotros; sin embargo, diremos que la mayor parte de estas corporaciones tuvieron su origen en la construcción del augusto templo de Jerusalén.
En el año del mundo 5394, un joven alemán, llamado A.’. Cristian, de una familia confortable, que había tenido buenos estudios y viajado por su instrucción, se encontraba en el V.’. de Damas, en Siria; él fue iniciado en nuestra orden y recibió sucesivamente los grados de la primer y segunda series. Estando enfermo de languidez que hacía temer por sus días, y habiendo escuchado hablar del renombre de nuestros PP.’. Árabes del V.’. de Damor, él se dirigió allí para consultarlos; entrando en la cámara de reposo de estos PP.’. un venerable anciano se levantó de su diván, le tendió la mano en signo de fraternidad y le dijo: H.’. Cristian, sed bienvenido; el objeto de tu visita me es conocido. Yo voy a librarte del gusano roedor que te atormenta y que, sin la ayuda del Muy Alto, te llevaría indudablemente a la tumba; toma esta botella, ella encierra una poción saludable de la cual harás uso, de la manera prescrita, al acostarte y al levantarte; luego de la última dosis tú estarás perfectamente restablecido. Cristian le agradece por su atención, sigue exactamente la ordenanza prescripta, y el decimoséptimo día de su llegada, él fue liberado de sus sufrimientos. Durante su estadía en este V.’. y luego de haber pasado por La prueba de la purificación, él obtuvo la gran iniciación.
Nosotros no entraremos en ningún otro detalle sobre estos hechos masónicos durante el resto de su viaje. De retorno a Alemania, el P.’. Christien reunió a algunos iniciados esparcidos, que estaban privados de ejercer nuestros misterios; él les otorga aumentos de salario justo hasta el grado 58, funda un taller de Filósofos Sublimes, y otro de los teclados masónicos; aunque él estuvo obligado a trabajar secretamente, él tuvo un gran número de discípulos de los que muchos no lo imitaron; porque lamentablemente para la Orden, luego de su muerte, que sucedió a una edad muy avanzada, y aquella de los mejores de sus discípulos, los otros temiendo ser perseguidos por los enemigos de nuestra sublime doctrina, suspendieron sus trabajos e hicieron pasar por las llamas todos los documentos preciosos pertenecientes a esta clase científica, excepto las piezas trazadas en caracteres misteriosos que no pueden ser comprendidos mas que por los verdaderos iniciados, en el temor de que estos documentos no cayesen en manos de los profanos; así, nuestra institución languideció en este país, porque ella no fue conservada mas que por un pequeño número de elegidos, de una firmeza a toda prueba, ejerciendo de tiempo en tiempo nuestros sagrados misterios, en el silencio de la noche y en peligro de sus vidas. Entre los seguidores de nuestra institución, nosotros citaremos a los más esclarecidos de este país que se han inmortalizado en este período.
El P.’. Michel Wolgemut, hábil pintor e iniciado muy erudito, alimentó el fuego sagrado en el más grande silencio en el V.’. de Nuremberg. El H.’. Durez Albert, su discípulo, fue iniciado por él a la edad de 15 años. Este joven masón hizo progresos eminentes en las artes que él había abrazado, la orfebrería, el grabado, la pintura y la albañilería; él viajó a diversos VV.’. de Alemania, de Holanda, de Flandria y de Italia, donde él aumentó considerablemente sus conocimientos; a los 21 años, él poseía ya el grado 66. De retorno a su hogar, el P.’. Durez, celoso seguidor de nuestros sagrados misterios, fue de una gran utilidad a nuestra institución, tanto más que él había llegado a ser uno de los magistrados de este V.’. Este digno P.’. a pesar de su gran genio, no estuvo exento de tribulaciones domésticas que amargaron sus días, porque él murió a los 57 años, dejando sin embargo para la posteridad cosas dignas de su mérito.
En esta misma época, el P.’. Peutinger Conrad, iniciado muy distinguido, del V.’. de Augsbourg, descendiente del H.’. Conrad de Peutinger, originario de Baviera, vino a establecerse en Augsbourg en 5292, donde él fue G.’. M.’. de nuestra orden.
Luego de haber recorrido los principales VV.’. de Alemania, de suiza y de Italia, donde él se fortificó en diversas altas ciencias, él regresó a Augsbourg, reunió a algunos iniciados que dormitaban desde hacía algún tiempo, dio la luz a diversos de sus amigos y descubrió el fuego sagrado que estaba oculto desde la muerte de su ancestro. Todos sus trabajos fueron ejecutados bajo el velo del más grande misterio; este digno P.’. se distinguió por sus altas luces al punto que el senado de Augsbourg lo nombra su representante en las dietas, que el emperador Maximiliano Iº reúne durante su reinado.
Peutinger fue además, en muchas ocasiones, encargado de realizar diversos encargos de misiones importantes, que él cumplió con sabiduría, talento y dignidad; él prestó eminentes servicios a su país y a nuestra orden. Él murió a una edad muy avanzada, dejando documentos preciosos que le hicieron vivir eternamente.
Sus discípulos no fueron tan enérgicos como él; ya que algún tiempo después de su muerte, ellos suspendieron sus trabajos, poniendo fin a las piezas de arquitectura que podían dar alguna idea a los profanos, y no conservando más que lo que estaba trazado en caracteres únicamente conocidos por los masones.
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