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DE LA ORDEN MASÓNICA DE MISRAIM Desde su creación hasta nuestros días, de su antigüedad, de sus luchas y de su progresoOficial del Estado Mayor de la Armada Antigua, Por
MARC BEDARRIDE
Primer Gran Conservador de la Orden Masónica de Misraim para Francia,
Gran Dignatario de las Potencias Supremas de dicha Orden en diversos Reinos extranjeros,
Poderoso Gran Comendador de los Caballeros Defensores de la Masonería y poseedor de todos los Ritos
Traducida del idioma francés por el H.'. FIDUCIUS
ESTACIÓN 19En el año del mundo 4720, el P.. Balaam Bédarride, doctor oculista de alta capacidad, uno de los GG.. CC.. de la orden en el V.. de Béléyde, se vino a establecer en aquel de Florencia, en Etruria. Su hijo Samuel, G.. M.. y hábil en la profesión de su padre, tomó la resolución de viajar; él recorrió un gran número de VV.. de diversos estados: En todos se hizo notar por numerosas operaciones y altas luces masónicas. De retorno al seno de su familia, él trazó el plan perfecto siguiente:
El año del mundo 4730, yo resolví tomar un largo viaje, y yo recibí de la potencia suprema de la orden para la Etruria un poder especial para actuar en todo y por todo en nombre de la Orden, en los países donde el destino llevara mis pasos.
Mi primer estación fue en el V.. de Ravena. Aunque nuestros HH.. trabajaban en el más grande misterio, ellos me acogieron favorablemente, y como no existía en este V.. más que una logia simbólica, ellos me solicitaron el favor de establecer un consejo del Grado 13, que muchos de entre ellos poseían. Luego yo me dirigí al V.. de Venecia, donde yo hice mi segunda estación. Yo me detengo en la bienvenida amorosa que recibí de los hijos de la luz de esta región. Tras muchas operaciones médicas, que fueron muy felices, yo me fui de este bello y agradable V.. para dirigirme a aquella de Trieste, lugar de mi tercer estación. Allí yo acordé aumentos de salario a aquellos HH.. que lo merecían, y la reorganización de un consejo superior fue el resultado de mis trabajos masónicos. Yo pasé inmediatamente a la Germania, y mi cuarta estación tuvo lugar en Claudia. Yo no encontré en este país mas que algunos HH.. esparcidos; a consecuencia de sus solicitudes, yo senté los fundamentos de un templo a la gloria del gran Jehovah y puse a estos Ill.. HH.. en relación con aquellos de Trieste.
Durante mi estadía en esta región, yo hice muchas curas que me valieron elogios, y se vinieron de treinta lugares a la redonda para consultarme; si yo hubiese cedido a los ruegos de mis bien amados HH.., yo nunca hubiera salido de este país. De Claudia, yo llevé mis pasos a la bella ciudad de Viena, lugar de mi quinta estación. Yo fui recibido con entusiasmo por los Misraimitas; yo otorgué aumentos de salario en la Cuarta Serie a aquellos de nuestros HH.. que eran dignos y di la iniciación a diversos profanos de un raro mérito quienes, a pesar de sus deseos, habían sido hasta entonces privados a causa de las pruebas. A solicitud del decano de la Orden, yo establecí y constituí la primer cámara de la potencia suprema en su Grado 87, para regir la Orden en estos países, hasta donde le plazca al Todo Poderoso de guiar en estos lugares un G.. C.. para hacer el resto. Mi estadía en Viena fue bastante larga; mis operaciones tuvieron un gran éxito: yo me retiré con tristeza de este V.. y los HH.. que lo habitaban. MI sexta estación fue en Praga; yo permanecí algún tiempo en esta bella ciudad y fui a Bale, bañada por las aguas del Rhin, donde mi séptima estación tuvo lugar.
Desde la ruina de la antigua Augusta por los Hunos, nuestra institución estaba en sueño en este país. Yo no encontré en Bale mas que algunos HH.. de grados inferiores; sin embargo yo fui recibido por ellos con entusiasmo, y ellos me hicieron la proposición de restaurar un templo en esta región, que cada día se hacía más floreciente. Yo fui a visitar las ruinas de la antigua Augusta, a poca distancia de aquella de Bale. Estando sobre estos lugares, un H.. que me servía de guía me dijo que, si yo lo deseaba, nosotros penetraríamos en un vasto subterráneo que se señalaba en este país como una antigua habitación de los paganos; yo acepté este ofrecimiento, y munido de antorchas iluminadas, ingresamos en estos lugares. Yo me sorprendí, al llegar a un rectángulo, al percibir jeroglíficos medio borrados, lo que me dio la certeza de que este subterráneo había servido a un templo consagrado a nuestros augustos misterios. Continuando mi marcha, yo llegué a un vacío que reconocí al instante por ser aquél donde debía ser ubicado el puente que daba el medio al candidato de penetrar en la parte de atrás del santuario; no lejos de allí, yo descubrí la traza del canal por donde llegaban las aguas en el subterráneo destinado a la thévila, es decir, a la purificación del Neófito.
Inmediatamente, yo me encontré bajo una bóveda donde todo me anunciaba que allá estaba el horno. La gran humedad, que amenazaba extinguir nuestras antorchas, nos forzó a retroceder. Salio de esta antigua habitación, yo dije al H.. conductor: Este lugar, que ha sido calificado de antigua morada de los paganos, no es otra cosa que aquella de los sabios de nuestra antigua Institución. El subterráneo que venimos de recorrer servía de ruta a los profanos embarcados en las pruebas, y yo estoy cierto de encontrar la avenida por donde se lo introducía en este lugar sagrado; según el camino que nosotros hemos ya hecho, todo me lleva a creer que la verdadera salida debía estar al pie de esta colina. Como la noche se aproxima, retirémonos, y mañana, al salir la aurora, nos dirigiremos de nuevo a estos lugares; yo espero que nuestra búsqueda no sea en vano. Sí, me respondió el H.. conductor, luego te conduciré a las ruinas de una vieja cabaña donde se encuentra una especie de pozo de donde salían durante la noche magos que, según dicen los ancianos, se esparcían por las campañas para ejercer sus poderes diabólicos y entraban enseguida en este asilo.
Apenas la aurora comenzó a aparecer que nos dirigimos al lugar deseado. En un campo, cerca de las ruinas de la cabaña, yo percibí, sobre dos pilares a mitad derrumbados, dos esfinges que hacían frente al oriente, y que los propietarios de estos lugares, se decía, conservaban de padre a hijo, para probar la antigüedad de su dominio. Cerca de estas ruinas había una estatua que, aunque a medias desfigurada y derrumbada, tenía los dos primeros dedos de la mano derecha sobre su boca, y con la mano izquierda mostraba con el índice el pasaje para llegar al pozo, el cual encontramos luego de algunos pasos.
Un corto examen me convenció que este era el pozo de la iniciación, ya que se percibían todavía algunos vestigios donde colocar los pies y las manos para descender. Todo lo que ya había visto y la situación de estos lugares me probaron que aquel que los había hecho construir no podía ser mas que un iniciado que había copiado el templo de Memphis.Durante mi entrevista con el H.. conductor, el propietario de este dominio vino delante de nosotros y le dijo: Buenos días, maestro Islinger; vienes sin duda a mostrar mis antigüedades a este extranjero!
-Sí, le respondió él; pero es aquello que tú pareces no hacer caso, el objeto de admiración de este extranjero.Yo tomé entonces la palabra, y dije al dueño de estos lugares: Si tú no conoces el valor de estas antigüedades, este no era el caso de tus predecesores, porque para ellos tenían sin duda una gran importancia.
El propietario me respondió: por mi fe, no tengo ninguna dificultad en creerte, porque mi abuelo, de feliz memoria, tan sabio como respetable, buscaba en estas entrañas y traía a veces objetos curiosos que él había rehusada vender con frecuencia a los extranjeros.
¿No has conservado nada, le dije, de estos objetos? Ciertamente, respondió el propietario, no hace mucho tiempo que el trajo en la mano una especie de placa a la cual hicimos gran caso, porque mi abuelo la conservó cuidadosamente. Si tú quieres hacer el honor de aceptar mi desayuno, yo trataré de encontrarla. Transportado de gozo, yo le tendí la mano y nos fuimos a su habitación.
Luego de la comida, este digno hombre se dirige a una casilla llena de viejos herrajes y vuelve trayendo el objeto deseado; no me la había terminado de mostrar que yo reconocí en esta placa como perteneciente al Grado 77 de la orden. Lleno de alegría, le rogué al propietario que me la cediera, y a cambio le ofrecí elegir uno de los camafeos que yo llevaba en mis dedos para hacer homenaje a su esposa; a pesar de mis instancias, él no quiso entregarlo, por respeto a sus ancestros. Yo le pregunté si sus predecesores no habían pertenecido a la secta de los iniciados que previamente fueron numerosos en este país; él me respondió con precipitación: Sí, mis ancestros formaron parte, pero lamentablemente para mí no había cumplido los 17 años cuando tuve el dolor de perder a mi padre, quien me dijo siempre que a esa edad yo sería recibido en un templo no lejos de aquí. Está bien hacerte conocer que nosotros descendemos de los Rauracianos, antiguo pueblo de este país, que vivió en paz y prosperidad justo hasta la época en que las falanges de Julio Cesar llevaron el terror al vecindario. Fue entonces que la mayor parte de los Rauracianos espantados quemaron sus casas y se fueron con sus familias a las Galias; pero cuando Munatius Plaucus, iniciado distinguido, según decía mi padre, vino, por orden del emperador Augusto, con una colonia para reconstruir el antiguo burgo, morada principal de los Rauracianos, aquel le dio el nombre de Augusta, los descendientes de mis ancestros, que vivían en las Galias, vinieron a reclamar las tierras de sus padres, y reconstruyeron sus habitaciones, y Augusta se hizo más y más floreciente hasta el momento en que ella fue destruida por los Hunos que llevaron la desolación al país.
Siguiendo la cronología de mi familia, mis ancestros se retiraron a Bale tras la ruina de Augusta: más tarde, ellos volvieron a este dominio que siempre ha sido nuestra propiedad. Mi padre decía con frecuencia que previamente ella fue el asilo de su confraternidad de iniciados, que el vulgo designaba bajo el nombre de GRUTA DE LOS PAGANOS, y que es todavía llamada así hoy día.
Luego de estas palabras, yo dije a nuestro huésped que, como iniciados, nos lamentábamos de no haber pasado aquí quince años antes, para haber tenido la satisfacción de conocer a su padre, que nos habría dado todas las apreciaciones sobre nuestros misterios en este país.
Krall (este era el nombre del propietario de este lugar) muestra ante nuestros ojos una patente sobre la cual yo reconocí que su padre poseía el Grado 66 de la orden en este V.. Luego de diversas palabras, este bravo y digno hombre me conjura a facilitarle el medio de obtener la iniciación, y que su reconocimiento sería sin límites. Ustedes deben pensar Ill.. Escl.. PP.. HH.. con que transporte de gozo yo recibí esta demanda, y agradecí al Todo Poderoso de haberme reservado la misión de otorgar la luz a un gajo de una familia descendiente de los iniciados de los tiempos más antiguos.
Sobre el informe que me fue hecho de su bella conducta, y en su cualidad de Lobatón, yo le otorgué la luz algunos días después; entonces se convino que nosotros nos ocupáramos de encontrar los materiales para restaurar este antiguo templo. Al día siguiente, este H.. me presenta cinco neófitos, hombres respetables bajo todos los aspectos, y en virtud de mis poderes yo los admití en la participación de nuestros augustos misterios, los constituí en logia simbólica, y el digno H.. Krall fue consagrado por mí como su Venerable.
Yo guardo silencio sobre todo lo que sucedió durante mi estadía en Bale, sea como iniciado, sea como oculista, Yo me fui de este V.. para dirigirme a aquel de Ginebra, donde hice mi octava estación. Mi estadía no fue larga; sin embargo yo visité el templo de Misraim y acordé aumentos de salario a muchos de nuestros HH..
Fue a solicitud del decano de la orden que fundé y constituí un consejo de sabios PP.. DE LA ROSA CRECIENTE, Grado 46 de la orden. Yo hice también en este V.. algunas curas que me atrajeron la consideración de los habitantes, que yo dejé con tristeza, tanto a causa de su bella situación como de las alegrías que los hijos de Misraim me proporcionaban.
Desde allí me dirigí al soberbio V.. de Turín, lugar de mi novena y última estación. Yo fui recibido con distinción por los discípulos de Misraim que querían retenerme en medio de ellos. El decano de la orden, iniciado de un raro mérito y sabio médico, me presenta a uno de sus alumnos llamado Simeón Bédarride, cuyo padre, rico mercader, gozaba de una gran reputación en este V.. ¿Serás tú, por azar, me dijo él, uno de sus parientes, porque Simeón me ha asegurado que sus ancestros eran originarios del V.. de Ramasés, en Egipto, que ellos habitaron la España desde la ruina de Jerusalén, época de dolorosa memoria donde Hispanus los toma cautivos. Entonces yo le dije al P.. Balbi que mi familia tuvo también su origen en España, que no sería nada asombroso que su alumno fuera uno de mis parientes y que yo estaría satisfecho de conocerle. Este digno H.. me condujo entonces a la morada del señor Bedarride: cual fue el gozo de toda la familia al saber que éramos de la misma raza! Ellos quisieron que durante mi estadía en Turín yo viese su casa como la mía, y mis bultos fueron así transportados. Yo fui tratado en estos lugares de la manera más fraternal; los trabajos de nuestra orden eran ejecutados con la más grande regularidad, y el saber de nuestros PP.. no dejaba nada que desear. Así pasaron tres meses sin que yo me diese cuenta, y si yo hubiese querido escuchar las solicitudes de mis parientes y de los iniciados, yo habría terminado mis días en este magnífico V..: mas teniendo que irme, yo quise cimentar el feliz reencuentro de algunos miembros de mi familia y satisfacer el deseo ardiente que el joven Simeón manifestó de ser iniciado sin pruebas, a causa de su mala salud, y de acuerdo con el decano de la orden, yo tuve la satisfacción de darle la luz y presentarlo en el templo de Misraim.
Aquí se termina mi relato, M.. Ill.. Escl.. y PP.. HH.. ; ustedes saben con qué júbilo yo reingresé al seno de mi doble familia. Quiera el Todo Poderoso continuar esparciendo sobre mí un rayo de su luz divina, darme la fuerza y el entendimiento necesarios para secundar a mi digno padre en sus trabajos, tanto profanos como masónicos. Tales son mis votos más ardientes: puedan ellos realizarse! All.. ¡ All..! All..!
Fue en el año del mundo 4748 que el G..C.. Balaam Bédarride se fue de este bajo mundo para ir a habitar la región de los justos, y que su hijo Samuel toma la dirección de sus dominios y lo reemplaza en el sacerdocio de la orden: él devino padre de muchos lobatones que se hicieron dignos de él y fueron iniciados perfectos.En el año del mundo 4766, el P.. Abou-Navas nació en el V.. de Bassora y se hizo muy profundo en las ciencias masónicas y profanas. A la edad de 20 años, él se dirigió al V.. de Coufa, y repuso en actividad los trabajos de nuestra orden, que estaban suspendidos desde hacía algún tiempo. Su reputación fue pronto conocida en este país; el califa Haroun-Raschid lo llama cerca de su persona al V.. de Bagdad. Es en este valle que Abou-Navas puso al día muchas sabias obras. Sus discípulos se hicieron célebres a su vez.
Albatigne, del V.. de Batan, en Mesopotamia, célebre en la astronomía y profundo en la ciencia de Misraim se dirigió al V.. de Racah; él fue el restaurador de diversas clases de nuestra orden que estaban en sueño, y en recompensa de su celo y de sus altas luces, se convirtió en G.. C.. de la orden en esta región en el año del mundo 4916. Él empleó el curso de su existencia en meditar sobre las obras de la naturaleza, y muchos trazados importantes fueron burilados por él, sobre los cuerpos celestes y la precesión de los equinoccios; él dejó también para la posteridad otros documentos preciosos, dignos de su gran genio.
El año del mundo 4984, el P.. Sina del V.. de Bochara, en Transoxana, tuvo un hijo que llamó Avicena: este Lobatón no había alcanzado los siete años, que razonaba con justeza y aprendía fácilmente todo lo que se le enseñaba. Su padre viendo esta feliz disposición y el gusto que él tenía por el estudio, lo puso bajo la dirección de un iniciado muy erudito, que no descartó nada para brindarle su instrucción. A los nueve años fue necesario darle otros maestros para satisfacer su inclinación hacia las ciencias nuevas. Entonces él fue puesto en pensión en la casa del P.. Hakar, célebre botánico, que conocía perfectamente las altas ciencias profesadas de todo tiempo con la más grande precisión en esta parte del antiguo mundo.
El joven Avicena, siempre ávido de instrucción no dejaba escapar nada de las experiencias que su sabio maestro hacía delante de él, aprovechando de tal manera sus lecciones que en poco tiempo él mismo pudo operar sin su socorro, retornando a la casa paternal llevando los frutos de sus estudios y de sus meditaciones. En este valle interno el célebre Aba-Abdalla, de Natel, G.. C.. muy esclarecido, delegado sobre diversos puntos del triángulo, vino al V... de Bochara para visitar los trabajos Misraimitas; recomendado al P.. Sina, tomó lugar en su hogar y habiendo dirigido diversas preguntas importantes al joven Avicena, ellas fueron desarrolladas por él, con tanta precisión y claridad, que Aba-Abdala quedó asombrado que declara a su padre que su Lobatón estaba dotado de un espíritu tan perfecto, y de una memoria tan prodigiosa que él merecía dedicarse a la luz, y que si él se lo permitía, en virtud de sus poderes, él lo iniciaría en nuestros sagrados misterios, de conformidad con los estatutos generales de la orden.
Fue este venerable delegado quien introdujo al joven iniciado en el templo de la sabiduría de este V.. donde tantos GG.. MM.. se han hecho célebres. Es entonces que el discípulo de Aba-Abdala, marcha sobre los pasos de su nuevo maestro y que animado por los trabajos a los cuales él había tenido la felicidad de asistir, él se perfecciona en la sana doctrina de Misraim y se convierte a su turno en uno de las fuertes columnas de nuestra orden.
Avicenas fue también un sabio médico; a la edad de diecisiete años, él ya había rendido grandes servicios a la humanidad. En esta misma época él tuvo la desgracia de perder al autor de sus días, y le fue necesario tomar una decisión. Entonces se puso a escribir sobre diversos temas, lo que le dio una alta reputación. El sultán Cabous que había tenido la felicidad de sanarse por sus cuidados y sus profundos conocimientos en medicina, de una seria enfermedad, lo asocia a su persona como su médico; y habiendo reconocido en él todas las cualidades de un hombre de estado, le dio el cargo de Visir, y le confió diversas misiones importantes que fueron cumplidas con una rara inteligencia. Este iniciado habiendo alcanzado progresivamente la cima de la escala misteriosa de nuestra institución, trabaja sin descanso y deja a la posteridad documentos preciosos que le hicieron inmortal.
El año del mundo 4988, Abou Rihan, del V.. de Biroun, provincia de Khovarezme, fue iniciado a la edad requerida por nuestros dogmas, y su alta capacidad le coloca pronto en el rango del Grado 66.
En el año 4993, Abou-Rihan se dirigió a las Indias, recorriendo este gran país; él recibió aumentos de salario en diversos VV.. luego de haber dado pruebas de su saber. El pasa cuarenta años de su vida en esta región, bañada por las aguas saludables del Ganges, y terminó de esclarecer con la llama de la verdad en la escuela de nuestros PP.., conocidos bajo el título de Gimnosofistas. No fue sino después de haber recibido el título de G.. C.. que Abou-Rihan volvió al lugar que le había visto nacer, enriquecido de conocimientos geográficos, astronómicos, mágicos y de otras ciencias abstractas que el poseía a la perfección. Así venían de todas partes para consultarle. La H.. Borane, madre de una numerosa familia que había perdido a Ismael su marido, iniciado muy distinguido, no había recibido por toda fortuna más que una vieja mansión, y un pedazo de tierra a poca distancia de Biroun, fue agitada por un sueño en el cual Ismael le apareció todo radiante y que le decía: Borane , si tú quieres salir de la difícil posición en que te encuentras y hacer la felicidad de tu familia, haz que tus hijos vayan a excavar al campo; ellos encontrarán un cofre encerando riquezas que el P.. Ag-Ismael, mi ancestro, sigilosamente ocultó durante la guerra que desoló nuestro país, y él desapareció. La Ill.. H.. Borane transportada de gozo, hizo que al día siguiente sus hijos pusieran manos a la obra, y a pesar de las fatigas ellos no tuvieron ningún resultado; ellos rechazaron a su madre el continuar con este trabajo, no queriendo creer en sus locuras le decían. Esta madre afligida por tal rechazo, y habiendo querido escuchar el saber del P.. Abou-rihan se decide, sin decir palabra, ir a consultarlo; ella monta sobre su asno, acompañada por el más joven de sus hijos, que tenía solamente seis años; ella se dirigió cerca de este sabio, le narró su sueño y los trabajos infructuosos de sus hijos. Este P.. luego de muchas preguntas hechas a la H.. Borane, consultándola sobre su visión y no obtiene nada más de lo que ella ya le había dicho. Una vez terminado de escucharla, le dijo: H.. Borane, sería necesario que me transportase a vuestro territorio para sondearlo, pero un trabajo de la más alta importancia a la cual me dedico que toma todo mi tiempo, me lo impide. Yo te confío esta rama, de modo que cuando hallas llegado a tu campo, la saques de su estuche, coloca el índice de este niño en el anillo que la sostiene, de manera que la punta toque casi la tierra; da una vuelta alrededor de vuestro campo, y cuando tú veas que ella pende a un costado, como si alguna cosa la atrajese, haz una excavación en ese lugar, y tendrás pronto el resultado que deseas. Cuando esta operación haya terminado, te pido que me devuelvas mi varita, a fin de que manos profanos no la ensucien. Tras una colación frugal que le hizo servir a esta H.. ella vuelve a montar su asno y retorna a su habitación. Habiendo llegado, ella invita a sus hijos a seguirle, les comunica parte de la conversación que ella tuvo con Abou-Rihan, considerado como un hombre divino. Llegado a su campo, ella ejecuta las instrucciones que había recibido, y luego de muchas vueltas infructuosas el niño que lleva la varilla dijo a su madre que sentía una disposición a pasar por la esquina donde estaba depositado el estiércol; apenas llegó a este lugar que la varilla se inclina de costado como si estuviera poseída. El mayor de la familia, invita a su madre a dirigir al niño a otro punto, pero la varilla siempre se da vuelta al lugar que ocultaba los metales. No pudiendo más dudar entonces de la veracidad de los dichos del P.. se excavó profundamente. ¡O sorpresa! ¡O milagro! Se descubrió un cofre que se lo retiró, y que fue necesario romper para hacer una abertura. Este cofre contenía piezas de oro y plata y algunas placas cuyas inscripciones eran desconocidas.
La familia, en el colmo de la felicidad, decide ir a encontrar a Abou-Rihan, para agradecerle, devolverle su varilla y ofrecerle una parte del tesoro. Al día siguiente Borane y sus hijos se dirigieron a la ciudad para cumplir este deber. El P.. satisfecho de haber podido contribuir al bienestar de una familia cuyos ancestros habían sido célebres iniciados, no quiso aceptar nada, excepto las placas que reconoció como pertenecientes a la serie cabalística de la que una había sido dedicada a Ag-Ismael, 90º y último grado de la orden, en 4828, tal como lo indicaba la inscripción.
Abou-Rihan felicita a Borane sobre la antigüedad de la raza de su esposo, y la incita a que sus hijos sean iniciados, si ella los cree dignos, a fin de no dejar extinguir la luz masónica en su familia. A esta proposición, ella agradece de nuevo a este sabio y le pide que inicie a su hijo mayor, de 20 años, atendiendo, dijo ella, a que esta era la intención de su esposo. Ella invita al santo hombre a ir a visitarla, y se tomó un día a este efecto.
El P.. se dirigió al dominio de esta H.. para sondear él mismo el terreno; porque según las nociones históricas y masónicas que él poseía, él sabía que ya ahí existía un templo de Misraim en este país. Estando allí, él opera en diversas direcciones; sus búsquedas fueron vanas, y luego de haber dado la luz al mayor de los hijos de Ismael, retorna a su morada acompañado de las bendiciones de los habitantes de esta región, que estaban en el colmo de la felicidad de la familia de la Ill.. H.. Borane. Esta nueva acción del P.. Abou-Rihan fue publicada pasando de boca en boca como un nuevo milagro de su parte. Este hecho llegó justo a los oídos del sultán Mabmud y Massoud-Gaznevides, quien le pidió al rey de Khovarezme que le envíe a este hombre célebre. Llegado cerca de él, fue recibido con todos los respetos debidos a su talento, y no se tardó en hablar en este país de su genio. En la corte de Mabmou no se hablaba más que de este gran hombre; el sultán buscaba en su espíritu el medio de embarazar a este G.. C.. Para esto, reunió a los grandes del Estado en una pieza espaciosa donde había muchas puertas y muchas ventanas abiertas; él hizo venir a este iniciado y luego de muchas preguntas, le dijo: Abou-Rihan podrías tú explicarme por cual dirección yo saldría de esta sala del mismo modo que tú, y le muestra todas estas puertas y ventanas.
Este iniciado sin decir palabra, se aproxima a una mesa, escribe su respuesta, la oculta, la pone en un libro que él presenta al sultán, y le dice: magnífico señor, ten a bien ordenar a vuestro gran visir de llevar este libro fuera de este recinto, y cuando vuestra alteza haya salido y yo también, que él abra el papel que se encuentra en este libro, y tú conocerás mi respuesta.
Entonces el sultán ordena hacer una abertura en la muralla por la cual salió con su séquito e hizo pasar a Abou-Rihan por una ventana. Hecho esto, el gran visir abre el billete, y, con gran asombro lee en alta voz lo que sigue:
El sultán saldrá de esta pieza con su séquito, por una brecha, y yo por una ventana. La sorpresa del sultán y de su corte fue tan grande, que se declaró que Abou-Rihan no podía ser sino un hombre divino, no dudando más del espíritu profético de este G.. C..
Nosotros podríamos citar otros hechos importantes de este gran hombre; pero nos limitaremos a decir que el pasó el resto de sus días trabajando sin descanso en el descubrimiento de los secretos ocultos en el seno de la naturaleza, para dejar a la posteridad documentos dignos de su genio.