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DE LA ORDEN MASÓNICA DE MISRAIM Desde su creación hasta nuestros días, de su antigüedad, de sus luchas y de su progresoOficial del Estado Mayor de la Armada Antigua, Por
MARC BEDARRIDE
Primer Gran Conservador de la Orden Masónica de Misraim para Francia,
Gran Dignatario de las Potencias Supremas de dicha Orden en diversos Reinos extranjeros,
Poderoso Gran Comendador de los Caballeros Defensores de la Masonería y poseedor de todos los Ritos
Traducida del idioma francés por el H.'. FIDUCIUS
ESTACIÓN 17En el año del mundo 4329, el P.. Ben-Haim, profesor de lengua del antiguo V.. de Ragé o Edesa, en Mesopotamia, tuvo un hijo llamado Isaac Ben-Haim que fue uno de sus más hábiles alumnos.
En 4357, Isaac Ben-Haim, viaja a diversos VV.. del Asia. A poco de haber arribado al V.. de Sara que una fiebre ardiente se apodera de su persona, y le quita la facultad de pronunciar una sola palabra. Por los cuidados de su huésped, un hombre del arte fue llamado, y le procura algunos alivios; luego de 24 horas de delirio, pasados entre la vida y la muerte, con la ayuda del Todo Poderoso y los cuidados asiduos de su médico, él recobra la palabra; su primer deseo fue el de agradecer al Maestro de todas las cosas y de hacerse conocer a su doctor, quien le dijo: Mi H.. vuestro nombre me anuncia que los dos somos descendientes de Abraham. Yo doy gracias a Jehová de permitirme esta circunstancia de ser útil a uno de mis correligionarios y a un iniciado; sufre que te llevaré a mi casa, donde te prodigaré mis cuidados, y se acelerará vuestra curación, y luego de atender vuestros cuidados te haré conocer mi origen y la historia de mi vida. Llegado a su morada, el P.. se explica así:
Yo me llamo Elyohenai del V.. de Emésé, en la alta Siria, donde nuestra institución fue establecida por el P.. Aram, hijo de Sem. Nuestro templo es uno de los mas bellos, de los mas ricamente decorados de nuestro país. Sus subterráneos son muy espaciosos y difíciles de recorrer, a causa de las numerosas avenidas que se encuentran; los cuatro elementos están perfectamente imitados, y nada falta para intimidar a los candidatos que ingresan en las pruebas que ellos están obligados a vencer aun al peligro mismo de su vida.
Emesé nuestro V.. ha tenido también sus tribulaciones como su gloria; bajo los auspicios del P.. Sampsigéram G.. C.. distinguido, ella se convirtió en la capital de un pequeño reino que forma este iniciado, y que es conocido bajo el nombre de reino de los Emesenienses. Luego de la muerte de este famoso G.. C.. su hijo Jámblico lo reemplaza.
Nosotros hemos quedado bajo los sucesores de este último justo hasta Azize, instruido en los principios Misraimitas y perfeccionado por las sabias lecciones de hábiles maestros, devino G.. C.. en su región. Este iniciado por excelencia, profundo sobre todo en la ley Mosaica, viendo que su gente se apartaba más y más de la línea derecha de la verdad, se hizo circuncidar, hizo adoptar en su reino el culto del verdadero Dios y abatió los altares dirigidos a los ídolos.
Drucile, la Ill.. Hna.. Drucile, su esposa, era hermana natural de Jotapé, mujer de Aristóbulo, hermano de Agrippa. El gran Azire fue venerado de su pueblo, y el último rey de los Emesenienses, porque nuestra patria vino a ser el dominio de los Iturienses. Los archivos del V.. de Emesé encierran los planos perfectos de la más alta antigüedad donde figuran los nombres de los iniciados de un gran genio. Bassian, hijo de Soemes, hija de Mesa, hermana de la emperatriz; Julius Bassian fue iniciado en nuestros misterios, sacerdote del templo del sol, lo que le ameritó el nombre de Heliogábalo. El se convirtió luego en emperador Romano.
El nombre de Aurelien Lucius está grabado en caracteres de fuego en nuestros archivos. Nacido de una familia plebeya, él llegó por su talento y su valor al rango de emperador Romano. Este iniciado digno de admiración, luego de la célebre victoria que realiza sobre Zénobie, reina de Palmira, cerca de Emesé, vino a visitar nuestro V..; fue acogido con entusiasmo por nuestros conciudadanos, seguido de diversas conferencias que él tuvo con los decanos de nuestra institución; él recibió el nuestro templo la gran iniciación, hizo ricos presentes que fueron depositados en los tesoros de la orden. Está constatado en nuestros archivos que este G.. C.. durante una batalla encarnizada que tuvo lugar entre sus tropas, y aquellas de Zénobie, divisó a un oficial Palmirano, revestido con la vestimenta de iniciado, que estaba sostenido por uno de sus oficiales y cerca de sucumbir, se lanza con peligro de su vida entre los combatientes exclamando: alto, alto, que alguien salve a este oficial; inmediatamente él hace el signo de reconocimiento, el iniciado le responde y guarda la espada en su funda, los dos combatientes se abrazan en presencia de Aureliano que ordena conducir al oficial extranjero a su campo y prodigarle así todos los cuidados que exigía su posición.
De retorno a la V.. de Roma, Aureliano fue proclamado S..G..C.. de nuestra orden y por su sabiduría y su bondad, él floreció bajo sus auspicios.
Hace ya 20 años que habito en Sara, donde ejerzo mi profesión; yo vivo muy feliz en el seno de mi pequeña familia que tú ves, así como en medio de los hijos de Misraim que me proporcionan el mas vivo interés. Esta noche tenemos reunión, yo anunciaré vuestra llegada y vuestra indisposición, y estoy persuadido Ill.. H.. que mañana tendrás visitas fraternales y particularmente aquella de nuestro G.. C.. que es un sabio de nuestros correligionarios; su nombre es Joseph llamado Saghi-Nahor, lo que significa llameante, gran luz; él es profundo en todas las ciencias, poseedor de documentos preciosos sobre la parte científica de nuestro arte, documentos que forman parte de los archivos del célebre P.. Enoch, conservados por el P.. Noé, en la Santa Arca, y otros documentos salidos de los archivos del gran legislador Moisés, durante su estadía en el desierto. Estas piezas preciosas son las unas en papiro, las otras sobre hojas de árbol, dando esclarecimientos profundos sobre la cosas más ocultas del mundo,. Pasadas, presentes y futuras; tú te asombrarás al admirarlas.
El sabio Saghi-Nahor, es el primero de los profesores de la célebre academia de este V.., él es tan clarividente en todas las cosas que el vulgo lo designa bajo el nombre de Joseph el ciego. Este digno iniciado emplea la mayor parte de su existencia en escribir documentos que enriquecerán los anales de la posteridad, tanto profana como masónica. Su obra sobre el texto de la lengua hebrea, y otras piezas preciosas, fruto de sus profundas meditaciones, lo colocan en el bando de los más bellos genios. Así el V.. de Sara está orgulloso de contar con él, porque este sabio es el modelo de la virtud; tú podrás juzgarlo por ti mismo y de apreciarlo durante tu estadía en nuestro V..
La acogida todo fraternal que recibió Isaac Ben-Haim del P.. Joseph y de sus discípulos, está por encima de toda expresión: habiéndolo reconocido apto para poseer la parte superior de la cuarta serie de nuestra institución, lo crea 90º y lo decora con la gran estrella de Misraim.Este digno P.. se alejó de este lugar, donde había recibido tantos beneficios, con el más vivo pesar.
El lleva sus pasos a la Fenicia, donde se embarca para la isla de Creta llamada de Candie; pasa luego al Peloponeso, de allí a Sicilia, a la Calabria, e la Apulia; él visita con satisfacción los lugares donde el célebre Pitágoras se inmortalizó. Lleno de admiración, se dirige a los otros VV.. de Adriático; aquellos de Aquilea, y de Rialto fijaron mayormente su atención. El pasa algún tiempo en la antigua Padua; en todas estas regiones, Isaac Ben-Haim deja recuerdos de su saber y de sus bellas cualidades, mas avanza en edad mas se distingue en él la imagen de un hombre santo. Él no tarda en ganar todos los corazones y de hacerse distinguir entre los mas sabios PP.. de ese lugar. Así transcurrió un espacio de diez años sin que se diera cuenta.
Él ya había alcanzado entonces 40 años en 4370; la Ill.. Hna.. Sara, viuda del P.. Eliam, poseyendo una inmensa fortuna, teniendo la ocasión de apreciar las bellas cualidades de Ben-Haim le ofreció su mano aunque ella sabía que él no tenía fortuna. Este iniciado acepta este ofrecimiento con gozo en la esperanza de tener y dejar después de él un heredero presunto de sus conocimientos. Estos dos esposos pasaron tres años en la cima de la felicidad aunque el P.. no vivió para que sus deseos se realicen.
Lamentablemente esta felicidad se cambia pronto en tristeza. La Ill.. Sara sufre una enfermedad seria, que los socorros del arte no pudieron salvar, y viendo aproximarse su última hora, dispone de la mayor parte de sus bienes a favor de aquel que ella quería, y el resto a favor de los hijos de la viuda en la indigencia. Luego de haber visto sus deseos realizados, ella se va de este bajo mundo con un alma pura y una consciencia sin reproche.
Isaac Ben-Haim, afligido por la pérdida que venía de sufrir, se determina a retornar a su hogar, tanto más que él tenía un hermano cargado con una numerosa familia a quien él deseaba hacer feliz. Él puso orden en sus asuntos, y no queriendo viajar solo, le pide a un doméstico de su casa, que le era adjunto, que lo siga. Aquel no queriendo expatriarse rechaza este ofrecimiento, y le procura una persona llamada Hestissenne, originario de África, que había seguido a este sitio, a un comerciante, fallecido hacía poco, lo que lo había dejado sin lugar. Isaac Ben-Haim no duda en tomarlo a su servicio, cuanto más que él era inteligente y hablaba varios lenguajes; Hestissenne estuvo pronto al corriente de los asuntos del P.. y de la inmensa fortuna que él llevaba con él, encerrada en un gran cofre.
El día de la partida fue fijado, con gran tristeza de los hijos de Misraim y de los habitantes de Padua, que tenían la mas grande veneración por este digno iniciado. Hestissene, hombre habilidoso y persuasivo ocultaba bajo hermosos embalajes, la mas negra perfidia. Ambicioso de hacerse poseedor del haber de su amo, el levanta por sus intrigas el espíritu del capitán del navío en que él estaba y le hizo creer que era el hermano de su amo, a fin de no encontrar ningún obstáculo para la ejecución del pérfido proyecto que el nutría en su corazón, para ir a gozar a lo lejos, en la prosperidad y la opulencia, del fruto de su crimen.
Fue el séptimo día de su viaje que el navío llega a la entrada de la noche, a la altura de la isla de Zante; el tiempo era oscuro, el viento favorable, y el navío iba a plena vela.
Isaac Ben-Haim, según su costumbre, estaba sobre el puente para hacer su oración nocturna al Eterno. El monstruo Hestissene viendo que los marineros estaban ocupados en el cambio de las velas, y que él no era observado por ninguna persona, puso su infame proyecto en ejecución, empujó con violencia al P.. al agua, y no fue sino largo tiempo después que advirtió al capitán, que su familiar había caído al mar y que era necesario ir a socorrerlo; pero el capitán le declara que el tiempo estaba por cambiar y la rapidez con la cual el navío retrocedería, no le permitiría exponer sus días en un pequeño bote para ir a buscar a este infortunado; pero el Todo Poderoso que vela por la inocencia y sobre los observadores de su culto sagrado, permitió que este iniciado encontrara su salvación acostándose sobre un resto de la carcasa de un navío naufragado donde el pasa el resto de la noche, en esta triste y penosa situación, esperando siempre que la Providencia viniera en su socorro.
Sus esperanzas no fueron vanas; un navío de la isla de Chipre vino derecho a él, al nacer el día. El tiempo estaba calmo, el P.. llama en su socorro, enseguida el piloto avisa a su capitán que va enseguida en la ayuda de este infortunado. Venido a bordo, Ben-Haim agradeció al Todo Poderoso de haberlo librado de una muerte cierta, testimonia su reconocimiento a toda la tripulación, y en pocas palabras le hace conocer la causa de la perfidia de Hestissenne su doméstico.
No había pasado algunos instantes que él había terminado esta narración, cuando de la calma mas perfecta, el mar se convirtió en el más tormentoso y el navío Chipriota fue puesto con violencia en el puerto de Zante sin sufrir desgracia. Cual no sería el asombro y el gozo de Isaac Ben-Haim viendo estacionado al costado de navío en que viajaba aquel que llevaba sus inmensas riquezas. Sin hacer ruido, advirtió a su liberador. Ellos descienden a tierra y previenen a la autoridad del puerto, para que aborde el navío indicado, y le pide que ponga a su disposición a los nombrados Isaac Ben-Haim y Hestissenne, su compañero de viaje, dos de sus pasajeros.
El capitán asombrado de una tal visita, declara que a la entrada de la noche, estando ocupado en la maniobra de las velas, Hestissenne le había prevenido que su hermano había sido arrojado al mar y que era necesario darle socorro, pero que la rapidez de la marcha de su navío y la oscuridad de la noche le habían impedido la posibilidad; que durante la tempestad sobrevenida al nacer el día, un golpe de viento había empujado a Hestissenne al mar y que había desaparecido; que en ese mismo momento él iba a poner pie en tierra para hacer el reporte a la autoridad del lugar sobre este evento, disponer en sus manos los efectos de estos pasajeros, y de concertar con el en dar aviso al almirantazgo de Rialto, lugar de su partida.
Luego de esta declaración, la autoridad reconoció que ni el capitán, ni persona de la tripulación habían tomado parte en este crimen, y que Hestissene era el único culpable; pero que el Eterno lo había castigado.
Se hizo subir a bordo a Isaac Ben Haim; los marineros del equipaje pensaron que había resucitado. Pero el P.. les contó de qué manera había escapado a las corrientes del mar por efecto de la Providencia, y luego de haber satisfecho al capitán y agradecido a la autoridad de sus buenos oficios a su respecto, hizo transportar sus cofres a bordo de un navío Chipriota, en el que había reconocido al jefe como un iniciado, continuando su ruta y llegando sin obstáculo al V.. de Chipre.
Como en todas partes, este P.. fue reconocido de la manera más fraternal por los decanos de la orden, entre los cuales se encontraba un iniciado quien, como él, llevaba sus pasos sobre la tierra del antiguo mundo. Luego de haberle contado los eventos de su vida, el le ruega que le de algunos detalles sobre nuestra orden en su país; entonces este iniciado se explica en estos términos.
P.. H.., mi nombre es Numerius, del antiguo V.. de Préneste, situado en la cima de una montaña, a poca distancia de la grande Roma. Mi familia es muy antigua; porque ella se remonta a la época donde los Troyanos vinieron a habitar nuestros parajes, luego de los desastres que pusieron fin a la célebre Troya. Ella ha producido en todo tiempo iniciados profundos en todas las ciencias. Yo no te citaré aquí mas que aquel que dejó a la posteridad masónica tantos recuerdos de sus gloriosos trabajos y de su saber; yo te hablaré del célebre P.. NUMERIUS.SUFFURIUS, mi ancestro, que era sin contradicción uno de los más opulentos del bello V.. de Préneste, a la cual hizo adquirir una tan grande reputación por su mérito y sus virtudes. La historia de su vida, que ha sido transmitida de prójimo a prójimo, ha llegado a nosotros sin alteración. Este digno iniciado decía: Escuchad, Discípulos de Misraim, durante un dulce sueño una visión vino a agitar mis sentidos; de repente me pareció escuchar un ruido espantoso y ver en mi apartamento, en medio de una nube de fuego, un venerable anciano de largos cabellos y barba blanca; él estaba vestido con una túnica de jacinto, ornamentada de oro y azul, llevando sobre su pecho la insignia de los G.. C.. y la estrella de Misraim; él me dijo con una voz dulce y de un tono amable: H.. Numenius, levántate, sigue mis pasos y ven a cumplir una misión sagrada que te está reservada desde hace largo tiempo!
Yo me vestí rápidamente, y sin poder proferir una sola palabra, sigo a este venerable iniciado. Cosa remarcable, yo llego sin dudar, a una de mis propiedades que mira al Oriente y en el medio de la cual hay una roca cubierta de plantas aromáticas. Entonces este venerable iniciado me dijo: ¡Numenius! ¿Ves esta roca? En su seno hay una caverna profunda donde los PP.. descendientes de Eneas, han ocultado sumas considerables y documentos preciosos para nuestra institución. Cuando estos documentos estén en tu posesión, y los consultes, tú conocerás las cosas más ocultas del mundo. En cuanto a las sumas que tú encontrarás, ellas están destinadas a la construcción de un templo a la gloria del Eterno. Es a ti a quien está reservado el destino de penetrar en esta caverna. Ven mañana a este lugar acompañado de seis de tus discípulos más eruditos; ármate de piquetes y antorchas; golpea simbólicamente sobre la roca justo hasta que la hayas quebrado y encontrarás la forma de llegar a tu objetivo.
Apenas este venerable anciano acabó de decir estas palabras que me pareció ver un torbellino de fuego alrededor, y le hizo desaparecer a mi vista. En este instante me despierto con delicioso recuerdo de todo lo que había visto y escuchado, y mil reflexiones ocuparon mi imaginación. El astro bienhechor comenzó a aparecer. Yo me levanté y fui a comunicar mi visión a los decanos de la Orden. Ellos buscaron mediante razonamientos, en apariencia fundados, convencerme que lo que yo había visto como una realidad no era más que un sueño. Mientras tanto el día se acabo sin que yo hubiese obedecido las órdenes del iniciado que yo consideraba como un santo hombre; pero luego yo reflexioné que había sido persuadido a fallar en el cumplimiento de esta voluntad.
La noche siguiente mi sueño fue de nuevo perturbado, una nueva visión me hizo percibir este santo P.. que me dijo con una voz amenazante: Discípulo de Misraim has olvidado lo que tú has jurado delante del Todo Poderoso de someterte a todo por el bien de la orden, y es así que has dejado entrar nuevamente al astro benefactor a su morada sin ejecutar la misión que yo te había encargado; que el día de mañana no pase sin que tú y los tuyos hayan puesto manos a la obra, si es que no quieres atraer sobre ti la cólera del motor de todas las cosas, y él desapareció. Esta vez, al despertarme, yo tenía mis sentidos helados y yo pude apenas vestirme; yo me proveí de picas y antorchas y, acompañado de seis de mis discípulos, me dirigí a mi dominio donde, luego de haber dirigido una oración al Eterno, nos pusimos a la obra. No tardamos en descubrir la entrada a la caverna tan cuidadosamente ocultada; yo descendí, seguido de mis discípulos, por una cuesta en forma caracol justo hasta el fondo de ese lugar.
Nosotros encontramos tres grandes cofres cubiertos de plomo, muchas estrellas del gran Misraim esparcidas por aquí y por allá y otros objetos simbólicos de nuestra institución. Yo constaté, por un plano perfecto, estos objetos encontrados; yo hice transportar todo a mi domicilio, y yo reuní a los decanos de la orden del V.. para proceder a la apertura de los cofres. Los dos primeros contenían los documentos anunciados por el santo iniciado, cuya mayor parte eran p,,anchas muy delgadas y bien pulidas, y el resto en lava y hojas de árboles sobre las cuales estaban trazadas, en signos jeroglíficos, los secretos importantes de nuestros misterios; el tercer cofre contenía en oro una suma considerable, y todo fue encontrado de acuerdo a la visión.
Luego de esta verificación se arregló que al día siguiente se pondrían los obreros a trabajar para la ejecución del plan encontrado en el cofre, al efecto de erigir un templo a la gloria del Todo Poderoso en el mismo lugar donde la caverna había sido encontrada. Luego que yo hice donación de esta propiedad a la Orden, ella fue rodeada de una alta muralla a ejemplo de aquella del templo del V.. de Cures, y en poco tiempo se construyó este Santuario y todo aquello que era necesario. Yo hice transportar todos los objetos que había encontrado en la caverna, e inmediatamente después la consagración de este edificio fue realizada con pompa y dignidad. Enseguida, para ocultar nuestros sagrados misterios a los profanos, yo hice construir no lejos de allí otro templo dedicado al Eterno bajo el nombre de Templo de la Fortuna. Allí el vulgo se dirigía, en días determinados, para escuchar las lecciones de sabiduría y de virtud que le eran enseñadas por los Iniciados que eran conocidos bajo el nombre de SACERDOTES, y que, por sus profundos conocimientos, mantenían al pueblo en la ruta del bien. Así ocultamos nuestros sagrados misterios a los ojos de los profanos, y fuimos capaces al mismo tiempo de apreciar a aquellos de entre ellos que eran dignos y poseían las cualidades necesarias para ser un buen iniciado.
Ese templo adquirió tan gran renombre que venían de todas partes a consultar sus oráculos y depositar sus ofrendas, cada uno según su capacidad. Fue después de esta época que yo fui colocado a la cabeza de nuestra institución y que en mi calidad de S.. G.. C.. y Poderoso Gran Comendador de los Caballeros Defensores de la Masonería, yo tuve, conforme a los estatutos generales de la orden, la Potencia Soberana y la Administración Suprema. Yo puedo decir, sin vanidad que entonces, nuestra bella institución prosperó de más en más.
Quiera el Todo Poderoso permitir que aquel que sea llamado a cumplir después de mí esta eminente dignidad, pueda hacer más si le es posible, para la gloria del Regulador de la rotación universal, la prosperidad de la Orden y el bien de sus semejantes.
All.. ¡ All..! All..!He aquí, P.. H.. Isaac Ben-Haim, un hecho bien real probado por las piezas auténticas depositadas en nuestros archivos, que son, sin mentir, el elogio de mi ancestro y el renombre de nuestro antiguo V..; este que tiene en su seno gran número de extranjeros, los unos ávidos de instruirse y los otros para admirar los restos de su antigüedad.
P.. H.. como tú sabes, nuestra orden venerada existe en nuestro país desde tiempos inmemoriales. Escucha el relato que voy a hacerte, que yo he obtenido consultando los archivos de nuestros templos, que te hará conocer la marcha progresiva de nuestra institución desde su creación hasta nuestros días, así como los hechos masónicos de los reyes, cónsules y emperadores que han reinado en Roma desde Rómulo hasta Constantino.
El año del mundo 2791, P.. Arcadiano, G.. C.. muy elocuente y profundo en todas las ciencias, llega al dominio de los Aborígenes con una cohorte de masones. Faune, soberano de este país, los acoge favorablemente, les da una parte de sus tierras, donde ellos se aposentan, y en reconocimiento, Evandro inicia a Faune en nuestros misterios, después de asegurarse que él era digno, y además le enseña diversas artes ignoradas entre ellos. Los Aborígenes se hicieron por esto partidarios de nuestra sana doctrina. Luego de la destrucción de la gran Troya, que sucedió mas de medio siglo después de la llegada de los Arcadianos a estos lugares, el P.. Anchise y su hijo Eneas, así como aquellos que habían escapado a los desastres, vinieron a desembarcar en nuestros parajes; el venerable Latinus los recibió con felicidad y les otorgó una parte de sus dominios, sobre los cuales los Troyanos construyeron habitaciones. Es en esta memorable época que la potencia suprema de la orden fue establecida por estos iniciados en esta región, en la que Eneas vino a ser el soberano luego de la muerte de Latinus.
Sus descendientes marcharon sobre sus pasos, hicieron todo por el esplendor de nuestra Institución. Luego los PP.. Tatius y Tullus, GG.. CC.. de la orden en el país de los Sabinos, adquirieron por su sabiduría, sus virtudes y sus altas luces un gran renombre, y nuestra orden prosperó bajo sus auspicios. El joven Numa Pompilius, elevado por sus méritos en el templo del V.. de Cures, fue un iniciado por excelencia.
Tras la muerte de Rómulo él tomó las riendas del gobierno, dio sabias leyes a Roma, y Misraim triunfó de más en más en este país.Nuestros archivos atestiguan que Tullus Hostilius, tras la destrucción del V.. de Albe, hizo transportar los documentos y las riquezas de la orden en el templo de Misraim en Roma. Esta acción loable valió a este iniciado un lugar en nuestros anales.
Anus Martius, nieto del célebre Numa, no fue menos virtuoso y sabio que su ancestro; él hizo todo como aquel para conservar intacta nuestra doctrina sagrada. Tarquino llamado el Antiguo, iniciado desde su más joven edad en el templo de Misraim del V.. de Corinto, lugar de su nacimiento, hizo progresos eminentes en las ciencias, y por sus virtudes como por sus talentos fue puesto a la cabeza del gobierno y de la potencia suprema de la orden. Los masones Etruscos le son deudores de muchas de estas cosas.
Servius Tullius, nacido en la clase plebeya, por su mérito y sus talentos vino a ser luego digno del título de rey y de G.. C.. de nuestra orden. Nuestros archivos no contienen ningún hecho masónico sobre Tarquino el Soberbio. Es en esta época que el gobierno fue cambiado; Brutus y Collatius fueron puestos como cónsules a la cabeza de la nueva república.
Collatius, aunque virtuoso, fue odiado por una gran parte de los Romanos. Él fue exiliado por el solo motivo de llevar el nombre de Tarquino.
Valerius Publicola, uno de los GG.. MM.. de nuestra orden, fue puesto en su lugar, y de común acuerdo con Brutus, ellos hicieron todos sus esfuerzos por el bien de su patria, que lamentablemente cae en poder de los Galos. Furius-Camillus, dedicado al bien de su patria, puso orden a los asuntos. Luego de haber expulsado a los Galos de los Estados de Roma, este célebre G.. C.. hizo prosperar nuestra institución y nada se interpuso en sus trabajos.
Nuestros archivos guardan silencio justo hasta el reino del gran Pompeyo. Este excelente iniciado, que había recibido la luz en el templo del V.. de Cures, no olvidó jamás en su grandeza los juramentos solemnes, que el había prestado en presencia del Todo Poderoso. Nosotros tendríamos mucho que decir, si quisiéramos citar sus bellos actos masónicos durante el curso de sus victorias en Oriente y otros lugares.
El G.. C.. Arquitas, el Tarentino, oficial superior de su ejército, que había sido su testigo, ha hecho un relato exacto y circunstanciado, que está depositado en nuestros archivos.
Augusto, uno de los más GG.. C.. de nuestra orden, no hizo menos que Pompeyo. Muchas veces salvó la vida a los iniciados cerca de sucumbir sobre los campos de batalla; él cuidó a otros, les prodigó su auxilio en diversas circunstancias, y durante su ausencia del gran V.., él había legado sus poderes, tanto profanos como masónicos, al digno y sabio Agrippa, cónsul romano, prudente y valiente capitán, a quien Augusto le debía por las grandes victorias que él había realizado sobre sus enemigos. Este masón, digno de llevar este título, durante su estadía en Egipto y en Judea, había recibido la gran iniciación y se había perfeccionado en nuestra ciencia sagrada. Así, durante la ausencia de Augusto, Roma sintió sus beneficios, y nuestra orden venerada floreció de más en más bajo sus auspicios.
Al retorno triunfante de Augusto, su suegro Agrippa se disponía a marchar contra los Panonios; pero el Eterno había ordenado otra cosa: este gran capitán fue golpeado con una muerte súbita y termina su gloriosa carrera en la Campaña, a la edad de 55 años. Esta triste novedad llegó al V.. de Roma la víspera de la celebración de la fiesta de la orden. Todo estaba dispuesto a este efecto. Pero el G.. C.. Augusto da sobre el campo una contra orden, hizo distribuir entre los indigentes de la capital todos los materiales destinados a este pomposo banquete, así como las sumas considerables afectadas a esta fiesta. Desde este instante nuestros templos, del estado de regocijo, pasaron al estado de duelo y de tristeza. Las cenizas de este G.. C.. fueron llevadas a la capital, y los últimos deberes le fueron rendidos tanto profanamente como masónicamente, con toda la pompa y el lustre que mereció este gran hombre. Él fue lamentado y venerado por todas las gentes de bien.
Mecenes, el sabio Mecenes, iniciado profundo, amigo del pobre como del rico, aunque descendiente de la familia de los reyes Etruscos, había rechazado las primeras dignidades que Augusto su íntimo amigo y H.. le había ofrecido. Este digno hijo de Misraim no rechazó sin embargo reemplazar al gran Agrippa en nuestra Orden e hizo todo por su prosperidad. La pérdida de Agrippa y aquella de Mecenas dejaron un gran vacío en nuestra institución.
Es durante el conservatoriado de Augusto que, por los cuidados tan fraternales de Mecenes, su representante, los célebres Virgilio, de Mantua, y Horacio de Venecia, iniciados muy profundos, fueron llamados a la participación de los trabajos de la cuarta serie y clase al rango de GG.. MM.. ad-Vitam de la potencia suprema de la orden. La historia, por demás, habla bastante elocuentemente de estos tres grandes hombres.
Tiberio, que sucedió a Augusto en sus dignidades tanto profanas como masónicas, no negó nada a la prosperidad de la orden, y el sabio G.. M.. Vitruvio le secunda en todos sus medios. Luego de él Caius Caligula fue elegido G.. M.. de la orden; aunque él no tenía todas las cualidades queridas, él hizo sus esfuerzos para cultivar la ciencia de nuestra arte, y nuestros archivos atestiguan que nuestra institución no perdió nada de su esplendor bajo sus auspicios.
Bajo el reino de Nerón nuestra orden tuvo que deplorar la pérdida de muchos edificios que fueron consumidos por el funesto incendio que asoló la gran Roma y que se atribuye a este emperador. Sin embargo nosotros debemos hacer conocer sus loables acciones hacia los masones, que están constatadas por piezas auténticas depositadas en nuestros archivos.
El iniciado Tyridate, príncipe Parto y G.. C.. de la orden en esta región, luego de haber sido vencido vino a Roma; Nerón lo recibió con bondad y magnificencia, le da el reino de Armenia y sumas considerables para reconstruir el V.. de Artaxata, que había sido destruido por la guerra.
Muchos masones hábiles así como distinguidos le siguieron en Armenia. Este gran V.. fue restablecido, y en reconocimiento el P.. Tyridata le dio el nombre de NERONIA al lugar de Artaxata; nuestra orden fue de nuevo establecida y floreció bajo la dirección de este G.. C..
José Flavius, este iniciado por excelencia, fue igualmente favorecido por Nerón: él le concedió la liberación de varios sacrificadores del templo de Jerusalén, que habían sido acusados de traición contra los Romanos. Nerón y su esposa Popea colmaron de bienes a este célebre G.. .. que retornó a Judea con sus amigos, victorioso de su viaje. Nuestros archivos hacen mención además de otros hechos masónicos de este emperador a favor de nuestros HH.. que no continuaron menos sus trabajos a pesar de algunas tribulaciones que ellos soportaron hasta el reino de Vespasiano. Este sabio monarca restableció, hasta donde estaba en su poder, los daños ocasionados por el incendio; él había sido iniciado en nuestra orden al igual que su hijo Titus, y esto fue durante su estadía en Judea que ellos recibieron la gran iniciación por intermedio del G.. C.. José Flavius, quien los siguió a Roma, tal como ya lo hemos dicho, y fue colmado de sus bendiciones. Nuestra institución hizo progresos eminentes que continuaron bajo Titus y ella prospera de más en más bajo su reino.
Domitien, Nerva, Trajan y Dorien fueron también iniciados muy propicios a nuestra orden. Antonio el Amable, se destaca en el arte que nosotros profesamos; él prodiga sus tesoros para el bien de la humanidad, no solamente en el gran V.., sino también en muchas partes del mundo donde sus conquistas los habían llamado. El proveyó sumas considerables para reparar los daños causados por diversos desastres.
El V.. de Narbona y aquel de Nismes, lugar de su nacimiento, sintieron sus beneficios. Este digno G.. C.. contribuyó al esplendor de nuestra orden sobre diversos puntos del triángulo.
Bajo el reino de Marco Aurelio, este sabio emperador y vidente G.. C.., se destacó por su dedicación a la orden y sus numerosas buenas obras. Nuestros archivos atestiguan que el fuego, habiendo reducido a cenizas un gran número de monumentos del V.. de Esmirna y dañado muchos dominios Misraimitas, había hundido a un gran número de los habitantes de este lugar en la última de las necesidades. El sabio Arístides, G.. C.. de la orden para esta región, hizo conocer estos desastres por un plan perfecto a Marco Aurelio quien, sin perder tiempo, envió sumas considerables y un gran número de hábiles masones bajo la conducción del G.. M.. Mazzi, a fin de acelerar las reparaciones de tantos desastres, de manera que pudieran regresar a los habitantes del V.. de Esmirna su primera magnificencia. El gran Marco Aurelio prodigó también sus cuidados generosos a diversos VV.. de Italia, de África y de Asia que habían tenido la misma suerte que Esmirna; él hizo todo por el bien de nuestra orden venerada que floreció bajo sus auspicios. También durante su reinado este monarca fue estimado y respetado; el fue además venerado luego de su muerte por todo tipo de personas y por encima de todos los iniciados.
Su hijo Cómodo, que le sucedió, aunque iniciado desde su más tierna infancia, no siguió los pasos de su digno padre. Su reino no fue favorable a nuestra institución ni a sus miembros.
El reino siguiente no fue mas ventajoso a causa de los problemas que agitaban al Imperio, y las guerras extranjeras que fueron perjudiciales. Pertinax, con la capacidad, la probidad y la bravura, e iniciado desde su joven edad, trató de hacer el bien a sus miembros y a la orden, pero lamentablemente no le dio el tiempo. Nada de remarcable para nuestra institución, ha tenido lugar bajo el reinado de Didius Julianus. Aquel de Severo le fue más próspero; este G.. C.. contribuyó mucho a su gloria.
En cuanto a los reinos de Caracalla y de Macrin, nosotros los pasamos bajo silencio.
En cuanto a aquel del joven Bassian llamado Heliogábalo, que fue iniciado en el templo de Misraim del V.. de Emsée, diremos que este joven emperador estableció en Roma el culto del sol del cual era pontífice. Nuestros archivos no contienen ningún hecho masónico a este respecto; ellos dicen solamente que este iniciado rodeado de cortesanos y de cortesanas se desvió de la línea recta de la verdad, lo que entrañó su pérdida.
Alejandro Severo fue un iniciado por excelencia que la orden entera lamenta tras su muerte. Nosotros no tenemos ningún hecho masónico a citar concerniente a Maximien, Gordien, Pupienus y Balbinus. Sin embargo nuestra orden venerada continua pacíficamente sus trabajos bajo sus reinados.
El G.. C.. Felipe contribuye mucho al esplendor de nuestra orden, notablemente en Arabia su patria.
En cuanto a los reinados de Decius, Gallus, Volasianus, nada de remarcable en masonería; aquel de Valeriano no fue mas que un tejido de tribulaciones.
Nuestros archivos citan a Claudio II, como un G.. C.. virtuoso y digno de llevar este título.
Aureliano, G.. C.. muy erudito, hizo florecer nuestra institución, y nada fue negado bajo sus auspicios por el triunfo del gran Misraim.
Tácito, el modesto y benefactor Tácito le sucede en sus grados y dignidades tanto profanas como masónicas. Este iniciado marcha sobre los pasos de su predecesor, colma nuestra orden de beneficios, que no tienen nada más que desear bajo su dirección. La historia hizo conocer bastante las altas acciones de este gran hombre.
El H.. Numerius continua en estos términos: nosotros hemos aquí arribado a una época que lamentablemente fue funesta a nuestra orden.
Es bajo el reinado de Constantino que nuestra institución tuvo que luchar de nuevo contra sus enemigos, que sus santuarios no fueron más permitidos y que ellos fueron cerrados en diversos VV.. Mientras tanto un pequeño número de iniciados siguieron, aún a peligro de sus vidas, continuando en silencio, y en lugares ocultos, sus trabajos científicos, y comunicando nuestra sana doctrina a los hombres elegidos y bien probados. Es por este medio que nuestra orden atraviesa esta edad que no fue mas que lamentos para una parte de los masones. A pesar de las tribulaciones, los hijos de la viuda permanecieron siempre puros de toda alianza profana.
Los bellos rasgos masónicos que han sido la gloria de los PP.. de esta época, fortificaron siempre de más en mas sus discípulos en los principios de nuestra sana moral, porque un gran número de entre ellos, sometidos al poder de sus opresores, prefirieron soportarlo todo, antes de perjurar.
G..C.. ya que has tenido la paciencia de escucharme en el relato que acabo de darte en relación a mi ancestros y de los grandes hombres de mi patria, permíteme decirte algunas palabras más sobre mi vida y hacerte conocer los principales VV.. que yo he visitado, y los hechos masónicos que he recogido.
Iniciado a la edad de 14 años, en consideración de mi cualidad de hijo de G.. M.., del amor que yo tenía por el estudio, yo había llegado ya al rango de los Caballeros Electos; a los 17 años yo conocía las lenguas latina, griega y hebrea. La danza, la música vocal e instrumental ocupaban mis momentos de ocio, pero la mayor parte del día estaba consagrada particularmente a la astronomía, que ha sido y será siempre mi delicia.
Poseedor de una gran fortuna, mi padre no negó nada para mi instrucción y me permitió viajar para perfeccionarme. Munido de recomendaciones para diversos VV.. yo comencé por el grande y antiguo V.. de Nápoles. Llegado a este lugar, yo me sentí lleno de admiración por el aspecto de su situación y lleno del más alto respeto al visitar sucesivamente las clases de la serie simbólica que yo poseía; la acogida que recibí sobrepasó en mucho mis esperanzas.
El sabio Panarmitar, G.. C.. del más alto mérito, me felicitó por ser uno de los descendientes de esta antigua familia que había prestado, decía él, tantos eminentes servicios a nuestra bella institución, y para cimentar mi pasaje en este célebre V.. luego de haber hecho el desarrollo de la parte científica de los treinta y tres primeros grados de la escala misteriosa, y satisfecho las preguntas que me fueron dirigidas, yo salí, gracias al Todo Poderoso, victorioso del lugar del examen y fui creado y proclamado Grado 46 de la Orden. Yo visité muchos célebres iniciados de los alrededores. Enseguida, yo me embarqué para dirigirme a las riberas del Peloponeso donde fui recibido por nuestros PP.. con las demostraciones más fraternales. Luego de haber recorrido esta región, yo llevé mis pasos a la antigua Micenas; yo no haré el detalle de todos los hechos masónicos que me han sido comunicados, pero no puedo pasar en silencio la época memorable de este gran capitán, el más elocuente iniciado de su siglo quien, luego de haber restaurado este antiguo V.., asolado por tantas guerras, instituye nuestra orden venerada y fue el G.. C.. Cual no fue mi asombro al ver en el pavimento del templo, el busto de este sabio, revestido de sus insignias y sus dignidades, teniendo en la mano izquierda, la balanza de la justicia, y en la mano derecha la espada, símbolo del honor. Este busto estaba rodeado de diversos caracteres jeroglíficos, de los cuales yo ignoraba el sentido; enseguida, yo aprendí que estos caracteres explicaban el contenido de su gloriosa carrera. Ávido de enriquecer mis archivos con el fruto de mis viajes y de mis trabajos, yo rogué al decano de la orden que me permitiera, con la ayuda de uno de sus iniciados, de burilar sobre mis tablas todo aquello que me fuera permitido saber de la historia de este G.. C.. y he aquí el relato:
En el año del mundo 3614, el P.. Polymnus, del V.. de Tebas, en Beocia, tuvo un hijo que fue llamado Epaminondas: este Lobatón recibió una excelente educación y a causa de sus grandes disposiciones para el estudio, fue iniciado por el artículo de consideración. Ilustres y sabios PP.. fueron sus maestros. Él se hizo famoso en la música vocal e instrumental. El H.. Calliphron lo perfeccionó en la danza; el iniciado Lysis, el Tarentino, en la filosofía. Epaminondas llegó a la edad de la adolescencia, se dedicó a los ejercicios del cuerpo y particularmente a aquellos de la lucha para formarse un hombre de guerra. Con este objetivo también se dedica a las carreras; este vigor de cuerpo era acompañado con mil cualidades del alma; porque él era modesto, sensato, grave, sabiendo aprovechar maravillosamente el tiempo y las circunstancias, de personalidad valiente y de una grandeza de alma incomparable; su amor por la verdad era a tal punto, que una mentira, aunque fuera placentera, le producía horror; él era de un carácter grave, casto, clemente y con una paciencia a toda prueba; su dulzura y su moderación lo hicieron insensible a las desgracias que pudieran sobrevenir. Él era de una discreción y de una fidelidad inviolables para guardar un secreto, cualidades que le hicieron avanzar antes de edad, en los adelantos de nuestra institución; también le fue necesario poco tiempo para hacerse distinguir entre sus iguales, y recibir felicitaciones justamente adquiridas por su celo y sus trabajos. Se le veía en su juventud siempre el primero en el templo de Misraim, y salir el último, y lo que tenía de más asombroso es que nada escapaba a su imaginación. En el momento en que su patria fue amenazada, el tomó el partido de las armas y fue siempre el primero en dar la señal de combate.
El sabio Pelopidas que hacía parte del mismo ejército fue, en este asunto, herido gravemente; caído sobre el campo de batalla, sin haber perdido totalmente el conocimiento, él hizo el signo de destreza, y llamó a grandes gritos a los hijos de la viuda. El valiente Epaminondas habiéndolo percibido, voló en su socorro, y luego de un combate encarnizado, liberó a su gran satisfacción, un H.. que fue desde ese instante uno de sus mejores amigos. Estos iniciados tenían una inclinación igual por la virtud, y así su amistad se prolongó hasta la muerte. Ellos habían llegado juntos a los primeros empleos, al mantenimiento de los asuntos públicos sea en paz, sea en guerra, y su solo objetivo era el de hacer al pueblo poderoso y a su patria floreciente. Durante las guerras que desolaron este país el gran Epaminondas fue nombrado general en jefe de los Tebanos y se inmortalizó por sus brillantes victorias de Leuctra y de Mantina. El sobrepasó a los más grandes capitanes de su tiempo, no solamente en el arte militar, sino también por la grandeza de alma y el espíritu de equidad que reinaba en él. Este iniciado poseía la fuerza del cuerpo, la elevación del alma, el contento de las riquezas, la dulzura de costumbres, todas cualidades que, juntas a su ciencia militar y a su alta erudición masónica, le valieron el título de G.. C.., le hicieron distinguir durante su vida y venerado tras su muerte. El rasgo siguiente va a hacerte conocer cuanto amor tenían estos héroes por su patria. Una ley prescribía la pena capital contra el jefe de un ejército que hubiese conservado su mandato más allá de la época fijada. Epaminondas viendo el peligro inminente en que se encontraba su ejército privado de su presencia, y que hubiese entrañado infaliblemente la ruina de su país, a solicitud de sus oficiales superiores que componían su consejo, los cuales declararon que en una circunstancia tal la ley no le sería aplicable, o bien entonces que ella los golpearía a todos, este gran capitán, no consultando más que su celo a este respecto, continua sus operaciones, libera a su patria, y a su regreso, llevado delante de sus jueces, les dijo con la tranquilidad de un sabio y de un hombre de bien: yo vengo, magistrados, a deponer mi escudo y mis insignias, en este lugar donde yo he jurado conformarme a la ley que yo he violado, para salvar mi ejército y mi patria. Yo conozco toda la gravedad de una tal infracción y la pena que ella entraña; yo soy el único culpable, que ninguno de mis compañeros de armas sea culpado conmigo. Considerad la posición en que yo me encontraba. Cada uno de vosotros me hubiera imitado sin duda. Yo dejo a vuestra sabiduría la decisión que la suerte me espera, yo estoy listo a soportarla con resignación. Yo les conjuro, magistrados, a leer mis antecedentes y particularmente la causa de mi desobediencia a la ley. El maestro del Universo conoce la pureza de mi consciencia.
Los magistrados tocados por tal defensa declararon de común acuerdo que Epaminondas sería solamente suspendido de sus funciones. El entra así a la vida privada; pero su patria se encontró de nuevo inmersa en una guerra y viendo el peligro que ella corría, él fue al combate como un simple soldado, se cubrió con una nueva gloria y es de nuevo puesto a la cabeza del ejército.
En la lucha que tuvo lugar en Mantinea, Epaminondas, sostenida con un cuerpo de Espartanos, fue golpeado con muchos golpes de jabalina que él retiró de su propio cuerpo para reenviarlas a sus enemigos. A pesar de sus heridas, el continuó combatiendo valientemente, pero él recibió un golpe mortal en el pecho, y habiéndose roto el asta que él quería retirar, el hierro permanece en la cavidad, y él cae sobre su mensajero. Los iniciados que le seguían, lo llevaron a su campo; el consejo de oficiales de sanidad declara que si le retiran el hierro de la herida, él morirá. Uno de sus amigos dijo llorando: ¡Gran Dios! Que daño para nuestra patria que Epaminondas al morir no deje herederos de su gran alma y de su valor!
Epaminondas, habiendo escuchado, se inclina hacia quienes lo rodean y dijo: yo dejo hijos e hijas, los primeros se llaman hijos de la viuda, y los segundos Leuctres y Mantinea.
Este G..C.. quiso decir por eso que los hijos que él dejaba, era el gran número de HH.. a los cuales él había dado la luz, y las dos hijas, sus dos célebres victorias de Leuctres y de Mantinea, estilo simbólico conocido solamente por los iniciados: él hizo el signo misterioso y fue todo. Así que el hombre del arte terminó su operación, este célebre G..C.. y gran capitán expira.
Numerius continua: P.. H.. del V.. de Micenas, yo pasé a aquel de Sardes donde yo fui plenamente satisfecho de la acogida todo fraternal que yo recibí y de las conferencias particulares que yo tuve con el G.. C.. Eunape, sabio médico, historiador célebre y masón muy esclarecido. Yo no te daré el detalle de su elogio, ni el de las bondades que él tuvo para mí durante mi estadía en este V.. De allí me dirigí a Efeso, sería difícil querer trazarte la celebridad que este V.. ha adquirido, la magnificencia que ofrecen todavía los restos de su antigüedad y por encima de todo el saber de los GG.. CC.. que se han sucedido desde su formación hasta nuestros días. Su primer templo fue el más magnifico y el más rico de todo el Oriente, luego de aquel de Salomón. Yo era portador de un plan perfecto de Eunapio para su amigo Chrysante, G.. C.. de este país, que me dio la mas grande acogida. Este sabio iniciado me exhortó fuertemente a perseverar en las buenas disposiciones que yo tenía para el triunfo de nuestra institución. Del V.. de Efeso, yo he venido aquí, donde he tenido el alto favor de reencontrarte. Yo te ruego G.. C.. que me permitas acompañarte al seno de vuestra familia, y yo hago votos al Todo Poderoso para que él me permita aprovechar tus altas luces durante el tiempo de vuestro viaje.
Luego de una corta estadía en el agradable V.. de Chipre, estos dos iniciados se pusieron en ruta, atravesaron la Fenicia, la Judea, y diversos VV.. de Egipto. En todos ellos fueron recibidos con entusiasmo por nuestros HH.. a los cuales ellos hicieron parte de los frutos de sus viajes y de los hechos masónicos que les eran desconocidos.
Isaac Ben-Haim llegado a la casa paternal, distribuye sus riquezas a sus próximos que le colmaron de bendiciones. En el seno de esta feliz familia, él queda el resto de sus días en la paz y la tranquilidad, no ocupándose más que de la prosperidad de la orden y del bien de la humanidad. El P.. Numerius continua sus viaje, y recorre una gran parte de Oriente; él se fortifica más en mas en nuestra doctrina sagrada. De retorno en su hogar, aunque nuestra bella institución fue perseguida por los hombres de las tinieblas, él se unió a los fieles Misraimitas que alimentaban el fuego sagrado en los lugares más ocultos, y en el año del mundo 4396, el fue G.. C.. de la orden en esta región; los trabajos no continuaron menos penosamente a pesar de aquellos que querían extinguir la luz.