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DE LA ORDEN MASÓNICA DE MISRAIM Desde su creación hasta nuestros días, de su antigüedad, de sus luchas y de su progresoOficial del Estado Mayor de la Armada Antigua, Por
MARC BEDARRIDE
Primer Gran Conservador de la Orden Masónica de Misraim para Francia,
Gran Dignatario de las Potencias Supremas de dicha Orden en diversos Reinos extranjeros,
Poderoso Gran Comendador de los Caballeros Defensores de la Masonería y poseedor de todos los Ritos
Traducida del idioma francés por el H.'. FIDUCIUS
ESTACION 16El año del mundo 4230, el P.. Cesere Alpini, iniciado distinguido del V.. de Rialto, situado al fondo del golfo del Adriático, propietario de muchos navíos que hacían el trayecto de Italia en Oriente, había ya en esta época recorrido un gran número de VV.. de diversas regiones y en las principales, recibió compensaciones que lo hicieron elevarse hasta el rango de G..M.. ad-Vitam 90 y último G.. de la Orden. Este digno iniciado contribuyó mucho a la propagación de nuestra institución en su V.., él enriqueció sus archivos con diferentes manuscritos concernientes a nuestros dogmas, y los hechos históricos que había recogido durante sus viajes: él tenía un hijo único llamado Isidoro Alpini, a quien le había dado una brillante educación a pesar que el estaba destinado a reemplazarlo en el arte de la navegación. Por las sabias y eruditas lecciones de sus maestros, Isidoro Alpini hablaba muchas lenguas a la edad de 21 años, era buen músico, excelente marino; él había llegado bajo los auspicios de su digno pares, hasta el sublime grado de P.. del Arca Santa. A la edad de 27 años, él había ya hecho un viaje a las Indias, visitado diversos templos de Egipto, de África, y de Grecia, y llevado al V.. de Rialto los frutos de sus trabajos a ejemplo del autor de sus días. En esta época este último quería gozar de la tranquilidad y tener reposo, atendiendo que su salud estaba alterada. Él concibe y efectúa el proyecto de unir a su hijo con una de sus hermanas, llamada Anina, y de colocarlo a la cabeza de sus posesiones, pero lamentablemente este digno masón no gozó mucho tiempo de esta tranquilidad tan preciosa a su posición; él termina su carrera el tercer año de su descanso; lamentado por todos aquellos que lo habían conocido; su muerte fue una pérdida irreparable para los iniciados de este país.
En 4256, Isidoro Alpini, había hecho un cargamento para la isla de Samos; él concibe el proyecto de hacerse acompañar por su digna esposa Anina quien, desde hacía mucho tiempo deseaba conocer las costas del Archipiélago. Todo fue preparado para este viaje que prometía, a la Ill.. Hna.. Aniana, instrucción, delicias y distracción. Se pusieron a la vela, y con un tiempo de lo más favorable, bien pronto perdieron de vista la orilla de Rialto, y la nave salió al Adriático sin ningún evento nefasto; pero llegado a la altura de la isla de Creta sucedió lo contrario. El destino había reservado a la Ill.. Hna.. Anina pruebas a soportar bien diferentes a las experimentadas en las avenidas del jardín del Edén, para llegar a compartir la felicidad, y recibir el mandil misterioso, emblema del candor y ser clasificada entre los obreros ocupados en la cultura de las flores que hacen el ornamento de estos lugares donde la sabiduría preside. Llegado a la altura de la isla de Creta, las olas se hicieron tan grandes para la marcha del navío que fue empujado con impetuosidad en la inmensa cuenca del Archipiélago; y para colmo de los males se previno al H.. Alpini que el navío hacía agua y que el peligro era inminente, si no se podía llegar prontamente a la costa.
Que se juzgue la situación de la joven esposa, mientras los marineros maniobraban con velocidad, lanzando aquí y allá, las mercaderías para llegar a descubrir por donde podía penetrar el agua, ella que, hasta entonces había gozado de la más perfecta tranquilidad e ignoraba los peligros a los cuales su esposo estaba expuesto, fue asaltada súbitamente por un terror pánico que le hizo olvidar enteramente el peligro que la amenazaba, no reflexionando que la situación donde se encontraba navegando era aquel a quien ella quería.
Completamente ocupado que estaba Alpini, en sacar el agua que penetraba en el navío, él buscaba sin embargo ganar la costa, atendiendo que el día estaba al fin de su curso y que la oscuridad comenzaba a cubrir la superficie; a cada instante el peligro se hacía más inminente. Alpini subido al puente, percibió a lo lejos una luz que le hizo presumir que no estaba lejos de la costa; él hizo entrar inmediatamente a un bote a su querida mitad y a dos marinos, y les ordenó dirigirse hacia donde partía la luz, depositar a su querida Anina en un lugar seguro y hacer volver los botes a su socorro.
Los marineros dirigieron la chalupa hacia el punto que les habían indicado por su maestro, y llegaron felizmente a la orilla; ellos pusieron pie en tierra y se encontraron cerca de una reja de hierro. Ellos golpearon con golpes redoblados; un jardinero vino a preguntar qué deseaban a una hora tan avanzada; ellos le narraron en pocas palabras el suceso que los condujo a ese lugar; el jardinero les da la entrada de la casa y al mismo tiempo fue a avisar a sus amos, de su arribo. Muchos pescadores que habitaban en los alrededores fueron llamados; ellos declararon que sería exponerse al peligro si se metieran en el mar con la oscuridad que reinaba; pero que ellos alumbrarían grandes fuegos sobre el borde del elemento para dar a conocer al capitán de la nave, que ellos se habían enterado de su desastre, y deseaban al mismo tiempo evitarle un naufragio. Una vieja mujer que estaba descansando cerca de Anina le hizo conocer que ella se encontraba en Cumes en Eolia, en la morada del benefactor Ephore, descendiente del sabio historiador de este nombre, hombre de un gran mérito, de una elocuencia extraordinaria, que pasaba la mayor parte de su tiempo encerrado en su gabinete, escribiendo, según se cuenta, las cosas más maravillosas del mundo.
Mi maestro no tiene menos mérito que su ancestro, aunque él no goza mas que de una modesta fortuna, él va ante los necesitados y posee la estima de sus conciudadanos. Él es de u carácter dulce y muy afable, su esposa, joven todavía, es la imagen de todas las virtudes, y parece que la naturaleza los ha hecho el uno para el otro, porque ella lo imita en todo. Hace un número de años que yo estoy a su servicio, yo no he visto jamás salir de esta casa a un indigente con las manos vacías. Mis amos tienen el hábito de levantarse a la aurora; ellos no tardarán en aparecer tanto más que ellos están prevenidos de vuestras desgracias.
Anina, aunque afligida profundamente, lleva su vista hacia diversos bustos que decoraban la sala donde ella estaba; cual no fue su sorpresa y su satisfacción al reconocer el busto de Misraim, de Moisés y de Salomón; mas dudaba que ella estuviese en la casa de un iniciado, y su pensamiento fue pronto realizado. Al instante apareció el P.. Ephore; él aborda a Anina y le dice en tono afectuoso: ¡Extranjera! Yo soy infinitamente conmovido del suceso desgraciado que te ha sobrevenido, es necesario esperar que con la ayuda del Todo Poderoso vuestro esposo tenga por sus esfuerzos la felicidad de preservarse del naufragio que lo amenaza, y que en este momento con el socorro de nuestros marinos, entre en nuestro puerto. Sin cometer indiscreción, dime por favor cual es tu nombre¡ Aquel de vuestra patria y el objeto de vuestro viaje!
Ella se presta a sus deseos y hace al mismo tiempo el signo de Adopción. El P.. Ephore le responde con un aire satisfecho, la conduce a la habitación de su esposa que la recibe con júbilo, le ruega que se considere como siendo de la familia, y esperar todo de la Providencia.
En ese momento Alpini fue introducido en la habitación donde se encontraba Anina, él se precipita en sus brazos, y no sabe cómo testimoniar su reconocimiento al G.. C.. Ephore y a su mujer, por todo aquello que ellos habían querido hacer al respecto de su querida mitad. Este P.. le dijo: H.. Alpini tú vas a descansar en mi casa durante vuestra estadía en este V.. porque yo te considero uno de los míos, porque tú eres el hijo de un iniciado por el cual yo conservo la más alta estima desde el instante en que yo tuve el favor de conocerlo en este mismo lugar. Ya pasaron diez años desde que él vino a visitar nuestros trabajos; nosotros le debemos un precioso documento que él nos hizo traer del V.. .....
Ya pasaron diez años desde que él vino a visitar nuestros trabajos; nosotros le debemos un precioso documento que él nos hizo traer del V.. de Rialto, tras su plan perfecto, en lo sucesivo, concebido en estos términos:GLORIA AL TODO PODEROSO
Salud sobre todos los Puntos del Triángulo
Respeto a la OrdenMuy Ilustre Esclarecido y Poderoso Hermano Éphore,
Con la ayuda del Todo Poderoso he llegado ayer a nuestro puerto, y yo me apresuro en trazar este plan perfecto a fin de agradecerte de nuevo la acogida fraternal que me habéis hecho durante mi estadía en vuestro V..
Sea convencido, Pod.. H.., que yo haré conocer al mundo masón que así como vuestros ancestros han dado un gran renombre a nuestra orden en Cumes, hoy tú no contribuyes menos a su esplendor por vuestro celo, la regularidad de tus trabajos, y por encima de todo, tus sabios planes perfectos que dejarán a la posteridad recuerdos gloriosos que igualarán sin duda aquellos de vuestros ancestros. Lejos de mí la pretensión de tratar de hacer el elogio de un G.. C.. tan profundo en masonería como tú. Mi débil pincel no me lo permitiría, y yo temería herir vuestra modestia; de allí que este cuidado está reservado a la historia.
Yo me limito por lo tanto, G..C.. a ofrecerte el homenaje de mi profundo respeto, y a rogarte autorizar y hacer autorizar a tus discípulos el beso de la paz que nos une. Yo te entrego aquí el documento que te había prometido, cuyo original está depositado en nuestros archivos. Yo te prevengo, G..C.. que no encontrarás la elegancia y la pureza de estilo que te caracteriza, en tanto que yo he recordado estos hechos en una lengua que me es extranjera. Pero los sabios como tú, G..C.. considerarán las cosas más que la manera en que ellas están expresadas.
Es en esta esperanza que yo me digo vuestro todo devoto y afecto H..
C. ALPINIEL G..C.. ALPINI A LOS MISRAIMITAS DEL V.. DE RIALTO
ILL.. PP.. mis HH.. antes de emprender mi viaje a las regiones del antiguo mundo, yo concebí el propósito que si el Todo Poderoso me permitiera adquirir nuevos conocimientos en nuestro arte y de volver en medio de vosotros, mi primer objetivo será el depositar en nuestros archivos un duplicado de los documentos que yo hubiese recibido, a fin de dejar a la posteridad masónica un recuerdo de mis investigaciones y de mis meditaciones. Yo doy gracias al Eterno que se ha dignado realizar mis deseos, guiar mis pasos en tantos VV.. célebres donde yo he sido golpeado de admiración y de respeto por los objetos maravillosos que se han presentado a mi vista.
¡A! Mis Ill.. HH.. cual no sería mi sorpresa a cada paso que yo daba sobre esta tierra clásica de nuestra institución, encontrando monumentos tan magníficos que yo apenas podía creer que esta fuera la obra de nuestros PP.. Yo me quedé, yo permanecí, extasiado examinando atentamente esta colosal y maravillosa Pirámide! Qué genio no deberían haber tenido, me dije, para ejecutar tales obras! Porque estos sabios no tenían entonces mas que lo que nosotros tenemos hoy: modelos a copiar, planos para poner en ejecución, ya que todo lo que ellos hacían derivaba absolutamente de sus profundas meditaciones sobre la parte científica de nuestra orden. Así, Ill.'. HH.. en cada estación que yo hacía en nuestros Santuario sagrados, yo me encontraba lleno de admiración, sobre todo viendo los restos de estos antiguos templos levantados a la gloria de Jehovah, en los VV.. de Meroé, de Salcette, de Illoura, de Elefanta, de Elérisscha, de Nápoles y de Dougane, templos excavados en la roca, sostenidos por millares de columnas de una magnificencia sin ejemplo, que prueban la antigüedad de nuestros sagrados misterios en estas regiones, y por encima de todo los talentos y el buen genio de nuestros HH.. arquitectos de esta época. Yo no quedé menos maravillado, viendo con qué talento nuestros OPP.., dirigieron a sus alumnos y les enseñaron nuestra sana doctrina. He aquí de qué manera se explicaba el G..C.. Marerjawaih, sabio Israelita del V.. de Sanaa, decía él, que se nutría del baño saludable que proviene del árbol genealógico de nuestra sublime institución, pudo, con un alimento tal y con perseverancia, llegar a leer en el gran libro del entendimiento, y descubrir las cosas más ocultas, que el ojo más penetrante de un mortal no puede percibir, sin no está iniciado en nuestros sacros misterios. Él decía además, haciendo que sus alumnos se fijen en el cielo azulado: Escuchen, escuchen, jóvenes discípulos, escuchen los destellos de la fuerza, de la potencia y de las maravillas del Eterno, que habla, y todo fue creado. Quien podrá darnos una idea de su poder, cuando de la nada ha hecho y dividido el globo terrestre en dos partes, de la que una es tierra y la otra son aguas, puesto por encima de estas mismas aguas a los vientos que las cubren y recorren por todas partes, y por encima de aquellos ha puesto el fuego? Estos cuatro elementos tienen una sola fuente, un solo origen de donde ellos salieron y se renuevan, y de la que se dividen en cuatro elementos principales por la voluntad del Creador. Quien podrá anunciar su grandeza cuando ´
el ha puesto por encima del fuego la esfera del firmamento que sirve de habitación a la luna, la cual recibe su luz del sol; ella hace su curso en los términos que le han sido asignados por el Creador, ¿puede ella retornar en su dominio?Nuestro deber nos prescribe mantener discreción sobre sus secretos y su influencia sobre este bajo mundo. Quien podrá contar sus alabanzas y llamar su justicia, cuando él ha colocado por encima de la morada de la luna la esfera de Mercurio? Nosotros callamos sobre los efectos de la influencia que Dios ha comunicado a este planeta, influencia que da a los iniciados el entendimiento necesario sobre todas las ciencias de nuestra arte por la voluntad de su Creador! Quien podrá hacer comprender sus misterios, cuando le ha puesto por encima de la esfera de Mercurio aquella de Venus? Nosotros no diremos otra cosa de los atributos de este planeta, sino que su influencia es propicia a los mortales y a los productos de la madre común. Quien nos dirá sus secretos, cuando él ha colocado por encima de la esfera de Venus aquella del sol que todo lo vivifica? Este astro benefactor va en cada nueva aurora a inclinarse ante el Eterno, e inmediatamente levanta la cabeza del lado del Oriente, esparciendo sus bienes sobre la superficie de uno y otro hemisferio, y ante la suspensión del día se inclina hacia el Occidente y penetra en su morada para prepararse para el día siguiente, según la voluntad del Creador. Quien podrá concebir sus magnificencias, penetrar sus milagros... Conocer sus maravillas, cuando él ha colocado por encima de la esfera del Sol aquella de Marte, a quien él ha dado terribles atribuciones, que nuestros deberes nos obligan a pasar en silencio? Quien podrá citar sus obras sublimes cuando él ha colocado por encima de la esfera de Marte aquella de Júpiter, que es grande y prodigioso? Su influencia conduce a los iniciados sobre la ruta que ellos han recorrido como hombres de bien. ¿Quién podrá hacer la narración de sus pensamientos, cuando él ha colocado por encima de la esfera de Júpiter aquella de Saturno? Nosotros somos detenidos por su influencia. Quien podrá conocer y alcanzar su elevación, cuando él ha colocado por encima de la esfera de Saturno, aquella que contiene los doce signos del Zodíaco, y todas las estrellas fijas superiores a las otras, ocupando cada una el espacio que le está marcado según sus atribuciones? El mismo silencio, mis HH.. bajo su influencia. ¿Quién podrá descubrir su voluntad y sondear la profundidad de sus secretos, cuando él ha colocado por encima de la residencia de los doce signos del Zodíaco, esta esfera que contiene todas las otras y las hace moverse del Oriente al Occidente por la fuerza de su marcha? Su primer movimiento es el de prosternarse delante del Creador. Quien podrá, en fin, explicarnos su saber cuando él ha colocado por encima de esta eminente esfera aquella de la inteligencia celeste que es la sede de su divinidad y santa morada? Ella está elevada por encima de toda sublimidad, y el entendimiento más profundo no puede penetrarla.
El Creador no ha formado su divino palacio de plata, ni lo ha decorado de oro como las pomposas moradas de este bajo mundo, sino que lo ha formado con la verdad, el entendimiento y la equidad; esta es la razón por la cual sus bases son inquebrantables y para toda la eternidad, Quien podrá penetrar el fondo de su inteligencia, luego que con un extracto de su divino esplendor él ha hecho las almas puras, los espíritus elevados, los ángeles que son sus agentes por toda la extensión de su obra. Ellos no van sino a los lugares que les son indicados; ellos ven todo y no son vistos por nadie; ellos están divididos en muchas clases y bajo diversas formas, y puestos en los lugares más elevados del mundo; ellos se prosternan ante el Creador que habita el Empíreo; ellos le dirigen a toda hora de día y de la noche, alabanzas y cánticos, y exclaman con temor y respeto: El Creador es el motor de todas las cosas, el Dios viviente de toda eternidad. Quien podrá imaginar la fuerza de su genio, cuando con un poco de tierra él ha formado el cuerpo humano, insufla en él un alma inspirada de un espíritu de ciencia que le hace distinguir de las bestias y lo pone en un grado supremo? Él le ha dado todo lo que necesita para sus operaciones: ojos para ver sus maravillas, orejas para entender las cosas admirables salidas de su imaginación y comprender una débil parte de sus misterios, una boca para pronunciar sus alabanzas y una lengua para publicar su poder de generación en generación. Nosotros, Iniciados, que somos sus fieles servidores, los admiradores de su gran obra, nuestro primer deber a sido siempre, es y será siempre, antes de librarnos a la actividad de nuestros trabajos, de inclinarnos tres veces delante del triángulo luminoso que encierra la letra YOD, inicial de su nombre inefable para suplicarle continuar esparciendo sobre nosotros un rayo de su luz divina, y de guiarnos sin cesar en la difícil carrera que tenemos por recorrer, porque nosotros sabemos que luego de haber creado todo y dado a cada cosa su virtud, él forma nuestra sublime institución para ser el depósito sagrado de sus inmensos y profundos conocimientos, y constituye nuestros primeros padres como fieles guardianes, conservadores y dispensadores de estos mismos conocimientos a aquellos de los mortales que sepan merecerlos.
Luego de esta sabia narración, el P.. Marerjawaih explicó también delante de sus discípulos, en una clase cabalística, con tanta elocuencia como claridad, lo que es la naturaleza, su origen, de donde todas las cosas han nacido por la voluntad divina, de la generación de la semilla universal, como ella se ha hecho; del cielo y del aire y de sus influencias, del agua y de la tierra y de sus emanaciones en las cuales se descubre el caos regenerado, el alma del mundo y el espíritu universal; cómo nacen los animales, los vegetales y los minerales; de qué principios están compuestos; en cuales ellos se resuelven, de lo que opera la putrefacción, y de aquello que la produce. ¡A! Mis Ill.. HH.. no es por ilusiones, prestidigitaciones, ni por palabras vagas y falsas que este sabio y Esc.. G.. C.. vino a convencer a sus discípulos, sino mas bien por la verdad y las experiencias palpables que acompañan siempre las lecciones sublimes; experiencias, Ill.. HH.. que no dejan ninguna duda a aquellos que asistieron a la realidad de la existencia del Eterno, ni de las virtudes que él ha asignado a cada cosa.
Este digno iniciado recomendó a los prosélitos en las clases inferiores, que no dejen que sus ojos se cieguen por las representaciones materiales y ridículas de los Dioses, que los profanos han imaginado, de colocar lejos de ellos a los propagadores de estos ídolos, porque, decía él, nosotros venimos de comprobar que no hay más que un Dios, único y supremo motor y conservador del Universo, y que la materia no sabría adquirir por ella misma el movimiento y la inteligencia.
Las lecciones y las experiencias a las cuales yo asistí, y por encima de todo los conocimientos que yo adquirí, sin adularme, cambiaron a tal punto mi ser que yo creo no ser más el mismo hombre, y lleno de admiración por todo aquello que yo he visto y entendido; y convencido de las maravillas de la naturaleza, yo me dije: ¡O Gran Dios! Porqué las barreras numerosas que yo he franqueado con tantas penas y perseverancia no se han abierto a todo el género humano, porque entonces nosotros no seríamos sino un solo pueblo de HH.. que te ofreceríamos en todas partes un incienso puro y digno de tu Suprema Majestad.
Pero, volviendo sobre el deseo que yo había concebido para el mejoramiento y la beneficencia de mis semejantes, yo veo y reconozco la imposibilidad de la realización de mis deseos, porque todo profano que no tenga el alma pura, la consciencia sin reproche y principios comprobados debe ser escrupulosamente apartado de las avenidas del cuadrado de nuestros templos, así como está prescripto por nuestros estatutos y nuestros dogmas.
Yo me retiré con gran lamento de estos VV.. de ciencia y santidad para dirigirme a mi hogar donde mi presencia era necesaria. Yo recorrí esta inmensa extensión de agua, y llegué a la altura del antiguo V.. de Mazara en la Sicilia, donde fui obligado a anclar para realizar reparaciones a mi nave. Estando en tierra, yo observé a un anciano respetable que examinaba atentamente la popa donde estaba colocada la efigie de dos iniciados revestidos con sus vestimentas simbólicas, dándose el toque misterioso. Yo me aproximé a él y le dije: Venerable anciano, esta enseña te resulta conocida?
Sí, sí, respondió, fue hace cerca de cincuenta años que yo he visto por primera vez la luz, que yo he trabajado sobre la piedra Bruta y Cúbica y que yo he llegado sucesivamente en el santuario que encierra las tablas de la justicia y de la equidad, compréndelo bien, extranjero, de la justicia y de la equidad. Él se puso en seguida al orden del Grado 66. Yo no tardé en responderle, e inmediatamente el abrazo fraternal fue dado y el beso de la paz intercambiado. el me pide que lo siga a su morada y a tener residencia permanente durante mi estadía en este Vale. Yo le hice el relato de mi vida, y a su turno el anciano se explicó así: Mi Ill.. H.. yo me llamo Méton, de la V.. de Agrigento: no lejos de aquí, mis ancestros eran originarios de Atenas., descendientes del célebre Méton, que se inmortaliza por su saber. Su hijo, del cual yo te hablaré más tarde, no fue menos famoso que él en todas las ciencias, y se convirtió por su brillante genio en uno de los más sabios G.. C.. de su siglo. No creas, Ill.. H.. encontrar en mí esta perfección que fue el orgullo de los míos. Elevado en el seno de mi familia, según los principios de fuego de mi padre, yo me dediqué enteramente al arte de la medicina. A los 21 años yo me había recibido doctor y fui uno de los profesores de la escuela de nuestro V..Admitido como Lobatón en la participación de nuestros sagrados misterios, yo hice todos mis esfuerzos para beneficiarme de estas sabias lecciones de mis maestros, y yo tuve el favor de llegar a ser uno de los dignatarios del consejo de la segunda serie, llamada filosófica. En un viaje que me vi obligado a hacer a este V.., para auxiliar a uno de nuestros parientes que los hombres del arte habían abandonado, y que yo tuve la felicidad de volverlo a la vida, yo tuve conocimiento de una de mis primas durante mi estadía cerca de él. Nosotros nos convenimos el uno al otro, y nuestra unión siguió luego. Como ella era hija única y no quería alejarse de sus padres. Fue convenido que yo vendría a fijarme en esos lugares. He aquí. Ill.. H.. que hace cerca de cuarenta años que yo ejerzo mi profesión y veinte años que tengo la felicidad de estar ubicado a la cabeza de nuestra institución y de dirigir sus trabajos. Sin halagarme, yo pienso haber adquirido la estima de los habitantes de este país, el amor y el afecto de todos mis HH.. Lamentablemente hace diez años que yo tuve el dolor de perder a mi esposa, que era G.. M.-. de adopción y caballero del Vellocino de Oro; su muerte dejó un gran vacío en mi casa. Me quedan dos hijos que son también tus HH.-., los dos han adoptado el arte de la navegación, y se encuentran en este momento sobre las costas del África.
Tal es en pocas palabras, Ill.. H.. el resumen de mi historia; ella no puede interesarte menos. Pero volvamos al hijo del P.. Méton. Yo espero que tú aprendas con interés sus altos rasgos masónicos, que lo han colocado en la cima de la escala misteriosa.
Empédocles, de la V.. de Agrigento, fue iniciado en nuestros sagrados misterios por los cuidados de su padre el célebre Méton, mi padre. Este joven discípulo de Misraim hizo rápidos progresos en nuestra arte. Él se convenció por sus propias meditaciones que para perfeccionarse, tenía que seguir los rastros de los iniciados que le precedieron; él se dirigió a Egipto donde reside el gran hogar de las luces, fuente de todas las ciencias. En todos los V.. donde él estaciona, sabe merecer la estima de los decanos de la orden que le acordaron aumentos de salario justamente merecidos. Llegado al punto fijo del objetivo de su viaje, Empédocles recibió el fruto de sus meditaciones y de sus trabajos, en la parte científica de la cuarta serie cabalística; él fue revestido de la eminente dignidad de G.. C.. y decorado con la gran estrella de Misraim. Él visita muchos otros VV.. de Egipto, de Caldea, de Grecia y de Italia; en todas partes fue admirado por los hijos de la luz e hizo un gran número de discípulos. Él retorna a su patria, cubierto de gloria y de laureles; esto no podía ser de otra manera, saliendo de la escuela de GG.. MM.. del antiguo mundo, que lo habían revestido con el título de filósofo sublime, de poeta distinguido, de médico célebre y astrónomo de primera clase y de tantos otros conocimientos que un pequeño número de elegidos es apto para que se le revele.
Los decanos del V.. de Agrigento lo reconocieron como su superior en todo, le ofrecieron la dirección de la potencia Suprema de la orden para Sicilia. Por otra parte sus conciudadanos querían tener el placer de tenerlo a la cabeza del gobierno de su país, pero el G.. C.. Empédocles se rehusó a esos ofrecimientos, diciendo que a él le era más fácil obedecer que mandar, que además prefería su modesta profesión y su tranquilidad, a los honores. Mientras tanto, él se aplica, no solamente a componer obras útiles para el género humano, sino también a reformar las costumbres de sus conciudadanos; haciendo reinar, mientras dependía de él, la paz y la tranquilidad entre ellos, y hacer seguir una dirección equitativa a los hombres encargados de la dirección de los asuntos del Estado. Finalmente, por sus sabios consejos y su elocuencia persuasiva, hizo todo por el bien de su país. De esta manera él adquirió una autoridad sobre todos los hombres de bien; sin embargo, los hombres de las tinieblas celosos de su saber y de su crédito hicieron correr mil cuentos absurdos sobre este G.. C.., ellos emplearon todos los medios para dañarlo. Pero un iniciado como Empédocles, que seguía exactamente nuestros preceptos tan sabios y morales, desconocidos por los profanos, no fue herido por las calumnias de sus enemigos; él redobla el celo por la prosperidad de la orden y por el bien de sus semejantes, a riesgo de pasar por un brujo. La medicina natural no contribuía menos a rendir a Empédocles más recomendable que todas las otras ciencias que él poseía al más alto grado! Una Ill.. Hna.. del V.. de Agrigento., llamada Panthia, aquejada de una seria enfermedad, un día pasa por muerta. Los hombres del arte la habían abandonado; pero el sabio Empédocles, quien habiendo reconocido que ella estaba sin pulso y sin respiración, empleó sobre el cuerpo inanimado todos los altos conocimientos de su arte, y la devolvió a la vida. Este milagro hizo gran ruido, constatado por los otros médicos que habían asistido a la resurrección de la Ill.. Hna.. Panthia, y acabó de confirmar la opinión que el vulgo ya había concebido de Empédocles, opinión que, junto a otros hechos extraordinarios del célebre iniciado, lo hicieron juzgar tal como sus enemigos lo calificaban. Por otra parte sus hechos milagrosos llevaron a la cumbre de la gloria y de la reputación de Empédocles, considerado en su patria como un hombre divino, tal como lo llamaban los Selinutienses, por haberlos librado de la peste, y que por respeto y reconocimiento, se prosternaban ante él, cuando lo encontraban.
Este sabio G.. C.. fue el autor de una denuncia tomada por el comité de radiación, compuesto de miembros de la potencia suprema de la orden, que excluyó de la institución a los poetas Épico; él hizo más, él les hizo impedir la entrada en las asambleas nacionales, por haber hablado muy libremente en los poemas que habían publicado. Su celo z toda prueba no hizo más que aumentar la envidia de sus antagonistas que pusieron en juego todos los resortes para desacreditarlo, pero la virtud de Empédocles, la pureza de sus costumbres, su ciencia profunda y la veneración que le otorgaban las gentes de bien, lo pusieron siempre por encima de la calumnia. Su alma, elevada hacia el creador, trabajaba sin cesar sobre los secretos de la naturaleza y la prosperidad de nuestra orden, lo que terminó de inmortalizarlo así como lo atestiguan los documentos preciosos que él ha dejado para la posteridad. Parece que este G.. C.. tuvo el presentimiento de una trampa que quisieron tenderle sus envidiosos; porque deseando hacer un viaje por los VV.. del Peloponeso, él recomienda a sus próximos que en caso de enfermedad ellos debían pasar por las llamas el contenido de una caja ocultada en un sitio indicado, encerrando, les dijo él, los documentos de la orden, para preservarlos de caer en manos profanas, y habiendo depositado un duplicado en los archivos de la orden. Empédocles se dirigió entonces a Micenas, recorriendo los alrededores, pero los emisarios de sus enemigos que lo seguían de cerca, encontraron la circunstancia favorable para asesinarlo, e hicieron correr mil cuentos absurdos sobre la naturaleza de su muerte.
Terminada esta lectura, el H.. Alpini lleno de reconocimiento por el buen recuerdo que el P.. Ephore conservó por el fuego de su digno padre y por todas los esfuerzos que había hecho por él, y su esposa, le agradece de la manera más fraternal.
Luego de una corta estadía en este V.. él continúa su viaje, de retorno en su hogar el H.. Alpini, hizo todo por la prosperidad de nuestra institución, y en el 4305, fue elegido G.. C.. para esta región.
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