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DE LA ORDEN MASÓNICA DE MISRAIM
Desde su creación hasta nuestros días, de su antigüedad, de sus luchas y de su progreso

Por

MARC BEDARRIDE

Oficial del Estado Mayor de la Armada Antigua,
Primer Gran Conservador de la Orden Masónica de Misraim para Francia,
Gran Dignatario de las Potencias Supremas de dicha Orden en diversos Reinos extranjeros,
Poderoso Gran Comendador de los Caballeros Defensores de la Masonería y poseedor de todos los Ritos


Traducida del idioma francés por el H.'. FIDUCIUS


ESTACION 15

ESTACIÓN QUINCE

Aquellos de nuestros HH.’. que escaparon al desastre, no sin un milagro de la Providencia, y que de la opulencia fueron derribados de golpe a la más dura de las necesidades, fueron llevándose sus mujeres e hijos desesperados, a buscar refugio entre nuestros Ill.’. HH.’. y HHnas.’. que vivían en la soledad, persuadidos de encontrar la mejor bienvenida fraternal y de pasar en medio de ellos el resto de su existencia.

¡Con qué apresuramiento y con qué bondad de alma, estos infortunados fueron recibidos por estos modelos de virtud! Aquí, sería necesario poseer el pincel hábil del célebre G.’.C.’. Appelles, para retratar una parte de la aflicción de estas víctimas y de la otra la consternación que ellos llevaron a estos lugares, donde hasta entonces había reinado la más perfecta tranquilidad!

Nuestros HH,.’. que habitaban los VV.’. donde la calma ya estaba restablecida, rivalizaban de celo con los solitarios, para mejorar la suerte de estos infortunados. Gracias sean rendidas a los GG.’. MM:’. Enée del V.’. de Tarichée, Herodes del de Tiberíades, Samuel de aquel de Efraín, Daniel de aquel de Saab, Nitiras de aquel de Ruma, y a tantos otros Misraimitas que hicieron tantos sacrificios para la conservación de nuestra orden!

Por eso los innovadores imprudentes, no encontraron jamás acceso en sus VV.’.; ellos fueron por el contrario rechazados, con coraje y firmeza, por estos dignos iniciados de quienes se podría citar los más bellos hechos que honrarán siempre su memoria y aquellos de tantos PP.’. que, en los VV.’. Griegos, Caldeos, persas y Egipcios, hicieron todo por conservar el fuego sagrado e ir en socorro de estos infelices HH.’. y HHnas.’.  En la misma época nuestra virtuosa y modesta Hna.’. Cétura, esposa del bravo iniciado Jacob, teniente de Joseph, una de las víctimas que había perecido en el pozo de la iniciación, Cétura, dicen, se había refugiado en un lugar desierto de la alta Galilea, durante el sitio de Jotapat. Ella cae infelizmente entre las manos de los soldados Partos, para venderla a los Romanos, que la llevaron de campamento en campamento, y la trataron con la más grande inhumanidad; ellos la vendieron con otros prisioneros a un Asirio que los condujo a su país para hacer un vil tráfico. Sin embargo la juventud de Cetura, la dulzura de su palabra y de su espíritu, la bondad de sus gestos, le hicieron distinguir de las otras esclavas, por este mercader, que la hizo tratar con menos rigor, en la espera, sin duda, de obtener un buen precio. Él se puso en ruta con sus víctimas. Cetura, en la más grande agitación, ignoraba todavía lo que había sucedido a su esposo y sus prójimos, mas cuando ella conoció la toma de Jotapat, la dispersión del ejército de Joseph, y la triste situación de la Judea, estos eventos le causaron el más vivo dolor, al punto de hacerla olvidar una parte de sus sufrimientos. A cada paso del camello que ella montaba, elevaba sus ojos inundados de lágrimas hacia el firmamento, y suplicaba al Eterno de poner fin a sus dolores. Luego de un largo y penoso trayecto, la caravana de mercenarios llega  cerca de un gran oasis, situado no lejos del V.’. de Raphané, al borde de un río. Allí se disponen a pasar la noche. Era el viernes a la noche el momento en que el sol había desaparecido de la superficie, instante donde el pueblo de Dios comenzaba el reposo.

El primer cuidado de Cetrura fue el de dirigir una ferviente plegaria al regulador sagrado de la rotación universal, siguiendo sus usos en días similares; enseguida ella lleva su vista sobre las aguas de este río que ella creía ver disminuir insensiblemente. Más ella fija sus ojos menos ella lo percibe, al poco tiempo este río estuvo totalmente seco. Cetura no sabía que pensar de este fenómeno; pero un habitante del país le dice que este río se llama Sabático; que sus aguas, corriendo durante seis días a la semana, y que el séptimo ellos se detenían en conmemoración del santo día del sábado: que si ella permanecía hasta la mañana siguiente, domingo, ella vería el instante en que las tinieblas comenzaban a cubrir la superficie, reaparecer esta agua que continuarían de nuevo su curso justo hasta el viernes siguiente.

Entonces Cetura se inclina respetuosamente... delante de la bóveda celeste y exclama: Oh Eterno, creador de todas las cosas, dígnate conceder la oración de tu humilde sirviente! Detén la marcha de la caravana de la que hago parte, como tú detienes las aguas de este río, a fin de que yo pueda observar el santo día del sábado, tal como lo prescribe tu santa ley, Dios de Israel libradme de la servidumbre, devuélveme al seno de mi familia, para que yo pueda cada día de mi vida, prosternarme libremente delante de tu santo nombre, cantar tus alabanzas, publicar tus maravillas, y seguir religiosamente tus preceptos y nuestros dogmas”.

Por un efecto de la Providencia, durante la noche, las patas de los camellos se inflamaron considerablemente, y a la salida del día, cuando el conductor se disponía a ponerse en ruta, le fue imposible hacer mover a estos animales. El mercader desesperado fue a consultar a un hombre del arte, que ordena una fuerte cocción de diversas hierbas aromáticas, a fin de humectar las patas de los camellos, y asegura al mercader que veinticuatro horas de reposa serán suficientes para que pueda continuar su ruta. Cetura sabiendo de esta novedad, agradece al Todo Poderoso de haber concedido su plegaria.

Este retardo, ocasionado por un evento tan a propósito providencial, atrajo sobre los lugares a un gran número de curiosos, entre los cuales un oficial superior de las falanges Partas, que había venido en convalecencia desde su hogar.  Habiendo observado a Cetura hundida en serias reflexiones, él le dice un una voz dulce: “Modesta criatura, cual es vuestro nombre, qué lugar te ha visto nacer y por qué fatal evento has venido a ser esclava? A estas palabras Cetura mira al desconocido, percibe la estrella del gran Misraim suspendida sobre su pecho y exclama: ¡Gran Dios! Es un defensor de la masonería!”. Ella hizo entonces el signo de adopción: el iniciado le respondió, le asegura su protección y le suplica le haga un breve recitado de su historia: ella lo satisface en pocas palabras, diciéndole que ella era la esposa de Jacob. El iniciado exclama a su turno: ¡O Eterno! Jacob, es mi liberador! Sin él yo habría sucumbido sobre el campo de batalla! Es por sus cuidados todo fraternales que yo respiro todavía.

Sin perder un instante, él retorna a la habitación de su padre, le comunica su proyecto de liberar a Cetura, y de pagar así la deuda sagrada que él debía a su esposo. Este P.’. aplaudió este generoso objetivo.  Munidos de los fondos necesarios, ellos fueron a encontrar al mercader quien, luego de haber discutido, consintió en cederles a Cetura, mediante un fuerte pago. Al día siguiente la caravana continuó su ruta.

Cetura, conducida a la habitación de su benefactor, encuentra una cámara cómoda que le estaba destinada. El iniciado le dijo: Ill.’. Hna.’. tú puedes tomar parte en nuestras comidas o bien pedir lo que desees para comer, según la ley de tus padres; considérate como perteneciendo a nuestra familia, Yo doy gracias al Todo Poderoso de haberme permitido darle la libertad a la esposa de aquel que me ha salvado la vida!

Cetura no responde más que por un torrente de lágrimas a este bello gesto tan fraternal, que le pareció un sueño. Vuelta a ella misma, ella agradece a su benefactor rogándole que le haga conocer a quien ella le debía tantas bondades. El iniciado entonces se explica así:

“Modesta e Ill.’. Hna.’. Cetura, yo me llamo Memnon, hijo del P.’. que tú vez, del V.’. de Raphanée que nosotros habitamos, descendiente del célebre Memnon, valiente general de los ejércitos Medos, que sucumbió gloriosamente por la causa del poderoso Darío, combatiendo contra el gran Alejandro. Iniciado por los deseos de mi padre, desde la edad de 17 años, algunos años después yo tomé el camino de las armas en las tropas partas; yo tuve la felicidad de distinguirme en diversos asuntos y de llegar al rango de oficial superior.  Enviado a la cabeza de u  cuerpo que yo comandaba en socorro de Vespasiano, en la Judea, yo me estacioné no lejos del lugar donde los restos de mi tío reposaban; yo fui a visitar su tumba cerca del V.’. de Ptolomaida al borde del río Pellée. Al aproximarme a estos lugares yo me sentí repleto de respeto y de admiración  al ver este monumento de forma simbólica, decorado de inscripciones jeroglíficas que, a pesar del gran número de años que han pasado desde que ellas subsisten, se han conservado bastante para ser descifradas claramente.

De retorno a mi campamento, yo no tuve el tiempo de reunir a mis soldados, y un asunto serio se comprometió con las tropas de Israel bajo las órdenes de Joseph. Estos valerosos soldados estaban en completa ventaja sobre los míos. Derrotados y huyendo por todas partes, yo hice todos mis esfuerzos por reunirlos, yo fui gravemente herido y permanecí sobre el campo de batalla sin conocimiento. Es a vuestro digno esposo, que había tomado una tan grande parte en este encuentro, que yo debo mi salud; porque él no hizo más que percibir mi vestimenta de iniciado que se aproxima a mí, me destaca y ordena a sus soldados que me transporten a su campo donde todos los socorros me fueron prodigados por los hombres del arte, a los cuales él me había recomendado.

A partir del día siguiente Jacob y Joseph vinieron a encontrarme, y por sus cuidados tan fraternales yo pude algunos días después dirigirme a este V.’. para restablecer mi salud; y desde esta época yo me encuentro en la imposibilidad de retornar a mi legión. Yo doy gracias al Todo Poderoso, porque yo tuve la felicidad de reencontrarte, para otorgarte la libertad. Y cumplir el voto que yo conservaba de hacer alguna cosa que pudiera ser agradable a mi liberador, vuestro esposo. Regocíjate conmigo de este feliz evento; sientes melancolía, y una gran tristeza que te abruma. Yo presiento aquello que todavía puede entretener tus dolores, la falta de noticias de vuestro esposo y de tus familiares; tranquilízate, mañana al amanecer yo enviaré un mensajero fiel a Galilea, para conocer la situación de vuestra familia. Prepara misivas para las personas a las cuales tú puedas confiar con mas seguridad, y pronto tú serás satisfecha, entonces yo tendré un deber de llevarte yo mismo a tus padres. Cetura emocionada por tantas bondades agradece al H.’. Memnon.

El mensajero, hijo de la viuda, se puso en ruta: llegado a Galilea, conoce la triste noticia del fin trágico del H.’. Jacob, en el pozo de la iniciación, la destrucción de toda la familia de Cetura, y que a ella no le queda más que un tío llamado Isaac-Rophe, médico distinguido y uno de los grandes dignatarios de la orden, en el V.’. de Alejandría. Estas tristes y dolorosas novedades hundieron de nuevo a Cetura en el más cruel dolor; ella no quería sobrevivir más a los suyos, la vía le resultaba una carga, pero los consejos saludables de la familia de Memnon, la hicieron volver a ella misma, se calma poco a poco y suplica al P.’. Menos que le procure los medios de llevarla al seno de la familia de su tío quien, durante su infancia, la quería, bien persuadida que él haría todo por su felicidad, El sabio Memnon se encontró ya a poco....
 

Modestus, prefecto de Egipto, habiendo sabido por el renombre, de los altos conocimientos del discípulo de Farsée, le hizo ricos presentes, y obtuvo de él que fuera el preceptor de su hijo; el G.’. C.’. se separa de su discípulo con pesar; pero satisfecho de su felicidad, parte sin pena para retornar a su V.’., al seno de su familia, trabajando sin descanso por el triunfo de nuestra institución. Él termina su carrera como hombre de bien, llevando los pesares de todos aquellos que lo habían conocido y particularmente de todos los hijos de Misraim.

El P.’. Epaphrodite-Aurelius, aunque en una posición nueva, no continúa menos de hacerse admirar en todo Egipto. Su alumno, hijo de Modestus, progresa de tal manera en sus lecciones que poco tiempo le es suficiente para tomar lugar entre los sabios de este país.

Su padre, plenamente satisfecho de su progreso, quiso dar a Epaphrodite pruebas de su reconocimiento y lo llena de beneficios. Este G.’.C.’. emplea el resto de su existencia en sondear, meditar y profundizar las cosas; él reunió en su biblioteca, una de las mejores fortunas de esta época, los manuscritos más preciosos y más antiguos. Su meta constante, su solo beneficio era ser útil y esclarecer a sus semejantes. Se le veía en todas partes donde la orden tenía necesidad de su presencia; así él fue a dormir con sus padres, llorado y venerado por sus contemporáneos; su partida deja un vacío inmenso entre los discípulos de Menes.

Aquí nosotros daremos algunos hechos que se relacionan con el G.,’.C.’. Joseph Flavius, que nosotros habíamos dejado en la Estación 14, sobre los despojos de la triste Jerusalén, el corazón apenado de dolor por el desastre que había desolado a su patria y del fardo que pesaba sobre aquellos de sus hermanos escapados a la carnicería por el efecto de la Providencia.

Joseph obtuvo de Tito diversos favores; él siguió a Roma a este gran capitán que le da un lugar a bordo del navío en que él iba. Llegado a este gran V.’., Joseph fue recibido de la manera más fraternal por los decanos de la orden, entre otros por Vespasiano, que lo llena de favores haciéndolo declarar ciudadano Romano y otorgándole una fuerte pensión. Este iniciado, gozando entonces de un poco de tranquilidad, se dedica enteramente al proyecto que había concebido de dejar a la posteridad documentos preciosos y auténticos, y sobre toda la historia de su nación. ¿Quién mejor que él hubiera sido capaz de traer tales documentos, reconocidos tan excelentes por los hechos que ellos contenían? Qué mejor que este hijo de Israel, versado en todas las ciencias más ocultas, habría podido conocer los dogmas, la sana doctrina y las observaciones de las leyes de su nación? ¿Quién mejor que él, gran capitán, habría podido rendir una cuenta tan fiel de todos los sucesos heroicos que se han sucedido durante la duración de estos tiempos desastrosos en los cuales él había tomado una parte tan grande? ¿Quién mejor que él, hombre de gran cualidad, hábil diplomático, orador elocuente, habría podido concebir noblemente estos sucesos y reproducirlos en toda su extensión? Él era nacido de la raza sacerdotal, descendiente de los reyes Asmoneos; el fue admirado mismo por sus enemigos, tanto por su sabiduría que por su valor y esta profunda erudición que él disponía en todas las altas funciones que le eran confiadas, y que lo ubicaron en el primer puesto.

Este virtuoso H.’. no hizo menos por la prosperidad de la orden, durante su estadía en los desiertos de la Judea, cerca del digno P.’. Banus, él reunió documentos preciosos sobre las series simbólica, filosófica, mística y cabalística que fueron enseguida uno de los bellos ornamentos de los archivos de los PP.’. del V.’. de Putcoli, donde él era G.’. C.’. de honor. La historia ha dicho bastante sobre sus obras profanas.

El año del mundo 4136, el P.’. Polani, iniciado muy erudito del V.’. de Pola, que había sido construido por sus ancestros de la Cólquida, vino a Istria en búsqueda del Vellocino de Oro, que le había sido hurtado por Jasón, hijo de Eson el Tesalio. Polani fue, nos dijeron, a la edad de 27 años, a recobrar una rica herencia de uno de sus familiares que habitaba en el dominio de Tergeste, región de Aquilea, dominio situado en la cima de una alta montaña desde donde se descubre esta inmensa extensión de agua que forma el mar Adriático, a orilla del cual se ven tantos antiguos VV.’. Habiendo puesto orden a sus asuntos y encontrando los lugares, que él venía a heredar, propicios para terminar su carrera, él se aposenta....

Definitivamente. Siempre animado por el más bello celo por nuestra institución él hizo un llamado a los iniciados que estaban esparcidos en los alrededores para descubrir el fuego sagrado y restaurar este famoso templo que había sido excavado en la roca por los celosos seguidores del célebre Antenoro, fundador del bello V.’. de Padua, templo que había visto nacer en su seno a tantos dignos masones y que había sido destruido por los enemigos de la orden.

Los iniciados, reunidos sobre la plataforma del monte Tergeste bajo la dirección del sabio Polani, luego de haber dirigido fervientes plegarias al Todo Poderoso para que se digne esclarecerlos en su empresa, pusieron mano a la obra, y poco tiempo les hizo falta para llegar al objetivo de sus trabajos. Es en este lugar, luego que fue desembarazado de sus escombros, que el triángulo luminoso, entre otros emblemas y archivos de la orden fueron reencontrados donde ellos habían sido depositados por los antiguos iniciados. Las reparaciones necesarias terminadas, este templo fue de nuevo santificado y vino a ser el asilo de nuestros sagrados misterios.

Polani, en la cumbre de la felicidad de ser el restaurador de nuestra institución en este V.’. emplea una parte de su fortuna para su esplendor. Así sus científicos trabajos alcanzaron en estos lugares un gran número de seguidores de nuestra doctrina, entre los cuales citaremos solamente al célebre Achillini, S.’.G.’.C.’. de la orden en el V.’. de Aquilea quien, maravillado del celo, de las altas luces y de los sublimes trabajos del P.’. Polani para el bien de la orden, lo crea y proclama uno de los GG.’. CC.’. y lo decora con la gran estrella de Misraim. Él tuvo un gran número de discípulos muy distinguidos quienes, a su turno, fueron a esparcir la luz en diversos VV.’. del norte. El G.’. C.’. Polani, por todo el bien que hizo, fue considerado como el padre de los habitantes de Tergeste, amado y estimado durante su existencia, que terminó a la edad de 90 años. Un monumento, de forma simbólica, cubierto de emblemas jeroglíficos, fue elevado para perpetuar su memoria, en medio del lugar que rodean la entrada de este subterráneo misterioso, y los restos de este gran hombre fueron depositados con pompa y magnificencia. Este dominio Misraimita vino luego a ser el patrimonio de los HH.’. de un nuevo V.’. edificado sobre las ruinas de Tergeste, que lleva el nombre de Trieste, del cual hablaremos a su tiempo.

Nosotros pasaremos rápidamente sobre el resto de la duración de este siglo, sin embargo haremos conocer los nombres de algunos de los iniciados que más se distinguieron en este período de años.

Elías Orobio, G.’.M.’. del V.’. de Ispahan contribuyó poderosamente a la prosperidad de nuestra orden en la región persa, se inmortaliza por su saber y sus brillantes cualidades. En esta misma época Apuleyo, hijo del H.’. Teseo y de la Hna.’. Salvia del V.’. de Madaura en África, hizo progresos eminentes bajo la dirección de sus hábiles GG.’. MM.’., luego él se dirigió a los VV.’. de Atenas, de Roma y otros de Italia, donde él fue admirado por los decanos de la orden de estos lugares quienes, plenamente satisfechos de su saber, le acordaron aumentos de salario justamente merecidos.

Este H.’. Africano retorna a su patria llevando el fruto de sus meditaciones y de sus trabajos, que lo habían elevado al rango de G.’.C.’. El se aposenta en el bello V.’. de Oén, y tras diversas conferencias científicas que él tuvo con los decanos de la orden de este país, fue colocado a la cabeza de nuestra sublime institución. Él se unió a la modesta Hna.’. Pudentille, viuda de un discípulo de Misraim de este V.’., gozando de una inmensa fortuna. Este iniciado, aunque en la opulencia, no era menos modelo de la simplicidad; pero su bondad le atrajo pronto el odio de los hombres de las tinieblas, parientes de su esposa, que viendo perder su fortuna. Hicieron todo por perderle. Para eso lo acusaron de servirse del arte mágica que él poseía en muy alto grado, para hacerse amar por la Ill.’. Hna.’. Pudentille, a efectos de desposarla; y además de haber ocasionado la muerte de su hijo único. Este sabio fue arrestado y lanzado en un calabozo afrentoso, sufrió una infinidad de interrogatorios por parte de sus jueces sobre las faltas que se le imputaban, su defensa fue también elocuente y admirable, ella probó claramente la realidad de su inocencia, la rectitud de sus acciones y la perfidia de sus acusadores.

En cuanto a las demandas que sus jueces le dirigieron para conocer la ciencia de nuestra doctrina sagrada, siempre calmo, él res respondió con esta gravedad que caracteriza a los verdaderos masones: “Yo no tendría dificultad en explicarles nuestros misterios, si me fuera permitido decírselos, y si ustedes tuvieran la capacidad de entenderlos. Nuestra institución, que es la obra del motor de todas las cosas, no puede ser considerada como enseñando el mal. Por otra parte sus actos no prueban bastante cuales son sus principios? Y la marcha que ella ha tenido a través de tantos siglos, los obstáculos que ella ha vencido, los hombres del más alto mérito que ella ha reunido en cada edad, y que se han sometido humildemente a sus preceptos, todo aquello no prueba bastante cuan equitativas son sus leyes? ¡Ah! Lejos de nuestros santuarios todo lo que es impuro, para que no se encienda en su recinto más que el lenguaje de la razón y de la sabiduría. He aquí sus principios: sus discípulos no los quebrantarán jamás; ellos están ligados por un juramento inviolable que es para ellos en esta vida y en la otra una garantía de su discreción. No temáis entonces magistrados íntegros, pronunciar vuestra sentencia; yo la escucharé con la quietud del sabio, y si es que a Dios no le agradece vuestra religión al punto de condenarme, al ejemplo de Sócrates, yo beberé la copa de la amargura (porque el Todo Poderoso conoce de mi inocencia) persuadido que él reserva a mi alma un sitio en el círculo de los justos, y que él pronunciará su temible condena contra aquellos que no administren equitativamente sus leyes, condenando al inocente”.

Luego de esta defensa tan sublime como luminosa, este G.’. C.’fue liberado a la satisfacción general, que alcanza el menosprecio de todas las personas de bien sobre estos innobles delatores que terminaron el resto de su existencia, cubiertos de oprobio y en los remordimientos y los tormentos. Al momento de expirar estos miserables reconocieron que ellos habían acusado en falso al P.’. en la esperanza de convertirse un día poseedores de la rica sucesión de Pudentille, siendo los solos parientes que le quedaban y del cual este extranjero venía a recibirlos.

Este suceso no hizo más que aumentar la gloria y el renombre de Apuleyo, quien fue venerado en toda el África, y querido de la digna Hna.’. Pudentille su esposa.

Liberado de sus enemigos y saliendo victorioso del crisol de las tribulaciones, él se dedica por entero a la instrucción de sus discípulos que se hicieron muy numerosos, y nuestra institución adquirió un gran renombre bajo sus auspicios, terminando su carrera en una edad muy avanzada, y fue lamentado por todos aquellos que lo habían conocido.

Es en este mismo siglo que Plinio el joven, del V.’. de cómo, antigua región de los Euganenses, fue iniciado a los 13 años en nuestra institución, por los deseos de sus padres, que eran miembros. Este hijo de la luz hizo rápidos progresos en nuestra arte, y visita muchos puntos del triángulo; durante el viaje que él hizo a Bitinia, él fue por su alta capacidad llamado al rango de G.’.M,.’. de la orden en estos VV.’.

En la misma época, el H.’. Descarpa, el Verones y escultor distinguido, luego de haber recorrido los VV.’. de Germania merece por su celo y sus trabajos el Grado 77 de la orden en Suecia.

Es también en esta misma época que el P.’. Numenius del V.’. de Apamia, célebre filósofo y profundo en todas las ciencias, fue uno de los GG.’. CC.’. el más erudito del V.’. de Syrene. Nuestra institución prospera bajo su dirección, y sus obras lo han inmortalizado.

Nosotros no terminaríamos más si fuéramos a describir todos los hechos de estos sabios y célebres iniciados que han hecho tanto por la gloria del Todo Poderoso, la prosperidad de la orden y el bien de sus semejantes.
 

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