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DE LA ORDEN MASÓNICA DE MISRAIM Desde su creación hasta nuestros días, de su antigüedad, de sus luchas y de su progresoOficial del Estado Mayor de la Armada Antigua, Por
MARC BEDARRIDE
Primer Gran Conservador de la Orden Masónica de Misraim para Francia,
Gran Dignatario de las Potencias Supremas de dicha Orden en diversos Reinos extranjeros,
Poderoso Gran Comendador de los Caballeros Defensores de la Masonería y poseedor de todos los Ritos
Traducida del idioma francés por el H.'. FIDUCIUS
ESTACION 14El año del mundo 3999, Josouz o Josué, hijo del P.. Serachya, del V.. de Jerusalén, fue admitido todavía bastante joven en nuestros augustos misterios; a los 27 años él había ya recorrido progresivamente los 90.. grados de nuestras cuatro series, y en recompensa de sus altas luces él había sido revestido de la suprema dignidad de G.. C.., decorado con la grande estrella de Misraim. Él era tan sabio en el dogma Judaico, que este digno P.. fue conocido como uno de los más célebres Rabbi de su tiempo; él ejercía sus dobles funciones sacerdotales con tanta sabiduría y firmeza que se hizo admirar por los hijos de la luz.
Los ataques de la calumnia y las tribulaciones que abrumaron a los habitantes de la Judea no se ahorraron a este virtuoso G.. C.. Así, para sustraerse a las persecuciones ejercidas contra nuestros PP.., Josué se resignó a retirarse de Jerusalén, en 4024, para ir a buscar asilo entre los iniciados de Egipto, acompañado solamente de su Messaler (hombre de confianza), que se llamaba Emmanuel, nativo de Bethleem, que él había iniciado. Emmanuel, durante este viaje, había aprovechado de tal modo las sabias lecciones de su maestro que él había llegado sucesivamente hasta el grado 69.
Llegado a la tierra clásica de Misraim, Josué fue recibido con la más grande distinción por los HH.. de este país, que vinieron al frente de sus deseos. Luego de haber visitado diversos templos de estos lugares, fue a residir en el V.. de Alejandría, donde él pasó muchos períodos para hacer calmar la tormenta que arreciaba sobre su patria.
Sus perseguidores habían cesado de vivir, ellos ingresaron en el seno de la madre común para ir a rendir cuenta de su conducta delante del Juez de los jueces. Entonces la tranquilidad se restableció en Jerusalén. El G..C.. Josué, y tantos otros que como él habían sido constreñidos a abandonar sus familias, reingresaron en sus moradas y fueron reintegrados en sus primitivas funciones. El Messaler, a pesar de sus capacidades, carecía de experiencia, a causa de su juventud, y no siguiendo más que el impulso de sus inclinaciones, había mostrado en diversas veces su descontento a su maestro, que lo exhortó mediante demostraciones todas paternales a mantenerse sobre la línea recta de la verdad, de la cual él parecía querer apartarse. Lamentablemente estos consejos saludables no produjeron ningún fruto.
Josué, llegado al seno de su familia, lo despidió, y desde entonces todas las relaciones fraternales cesaron entre ellos, lo que puso un obstáculo al adelanto del Messaler en la serie mística.
Así despedido, el Messaler, lejos de justificarse, se hizo más y más hostil a la orden; él se retiró al V.. de Efraín donde él hizo iniciaciones sin misión, lo que lo puso en contravención con nuestros estatutos generales, Esta conducta le valió su radiación de la orden.
El digno P.. Josué terminó su memorable carrera como él la había comenzado, un hombre de bien, piadoso y fiel observador del culto sagrado del gran Jehová, del cual el fue uno de los más celosos defensores. Él se durmió con sus padres llevándose los pesares de todos aquellos que lo habían conocido.
Los eventos masónicos que ocurrieron en la Judea son innumerables, lo mismo que las bellas obras de aquellos de nuestros HH.. que sacrificaron su fortuna y su vida antes que perjurar. He aquí por lo tanto los nombres de aquellos que son los más distinguidos a continuación:
José, hijo del P.. Mathathias, de la raza de los sacrificadores del V.. de Jerusalén, adoptado por nuestra orden el noveno día de su nacimiento y elevado por diversos iniciados de los más esclarecidos, tenía una tal disposición para todas las ciencias, que a la edad de 13 años él ya era sabio en los dogmas judaicos, lo que lo hacía llamar a las conferencias de los decanos, donde él discutía en medio de ellos con tanta claridad que sus dictámenes eran adoptados por unanimidad. A la edad de 15 años él era profundo en las ciencias de nuestra arte y había escalado los escalones de la escalera misteriosa de la primera y segunda serie; hecho tan asombroso y tan maravilloso que los decanos de la orden, en la alta idea que ellos habían concebido de él, creyeron que estaba inspirado por el Espíritu Divino.
Este joven discípulo de Misraim, viendo que le faltaba alguna cosa para completar su instrucción, tomó la resolución de ir a visitar a nuestros HH.. los Fariseos, los Saduceos, los Terapeutas y los Esenios quienes llevaban con sus familias, a despecho de un mundo profano, una vida toda patriarcal, contemplativa y por sobre todo completamente científica. Josué fue recibido por ellos con júbilo, con esta bondad fraternal que caracteriza a los discípulos de Menes y hace la gloria de aquellos que siguen religiosamente el culto del gran Jehová. Luego de haberlo examinado rigurosamente, ellos quedaron de tal modo maravillados de su saber que ellos le solicitaron que se quede algunos días en medio de ellos.
Este joven Misraimita felicita a su vez a estos iniciados por su alta erudición; es entonces que los Esenios le informaron que el santo P.. Banus, G.. C.., les era bien superior en conocimientos, en luces, en sabiduría. ¡Quien de nosotros, decían ellos, pretendería igualársele, a quien sobresale en todo y particularmente en la parte científica de nuestra orden, y quien vive retirado del mundo al fondo de los desiertos de la Judea, no teniendo por morada más que una humilde cabaña, por mueble más que una cama de piedra cubierta de algunas hierbas secas, por comida raíces de arbusto, por bebida el agua, por vestimenta una larga túnica fabricada por él ingeniosamente con el liber, sustancia fibrosa que se encuentra entre la corteza del árbol y el tronco, su zapato y su sombrero de la misma sustancia, en fin no poseyendo por todo ornamento más que la gran estrella de Misraim suspendida sobre su pecho. Este P.., mi H.. , goza de una salud perfecta, a pesar de la privación de las cosas que hacen el encanto de la existencia del hombre; se diría que este verdadero modelo de sabiduría y de virtud no envejecería jamás, él es de una estatura mediocre, tiene una figura alargada y un tinte marrón, tiene grandes ojos negros muy penetrantes, las cejas proporcionadas, una larga barba blanca y cabellos del mismo color, que le cubren toda la espalda. Su palabra dulce y persuasiva detecta la bondad de su corazón. ¡Ah! Joven H.. , quienes lo han visto y escuchado reconocen en este venerable anciano al hombre de la naturaleza, él hace cada día tres Thivila para purificarse, excepto el día del sábado que él observa religiosamente.
Esta descripción asombrosa hizo tanta impresión sobre el espíritu de Joseph que, siempre ávido de adquirir nuevos conocimientos, él no se contuvo un instante para emprender el viaje hacia....
instante para emprender el viaje para ir a consultar a este virtuoso P.., a pesar que el espacio que lo separaba de él ofrecía grandes fatigas y obstáculos a sobreponer para arribar justo a su V.. El pidió permiso a los HH.. Esenios y se puso en ruta solamente precedido por su Kelem (su perro fiel), que le sirvió de guardia durante su reposo.Luego de veintisiete días de marcha, soportando siempre con resignación y perseverancia todas las privaciones de la vida, Joseph llegó al lugar indicado. Era entonces la hora de la actividad de nuestros augustos misterios, en el instante mismo donde el venerable Banus salía de hacer su segunda Thivila, y se dirigía con un paso lento hacia su modesta habitación. Joseph lo observó de lejos y no tuvo gran pena en conjeturar que había llegado a su objetivo, y que ese mortal era el sabio que hacía el objeto de su largo y peligroso viaje.
Hasta entonces él no había aspirado más que al deseo de unírsele, pero mientras más se aproximaba a él, más se sentía presa de temor y de respeto; en fin el se encuentra cerca de este santo solitario, casi sin dudar, tanto estarán agitados sus sentidos, no pudiendo proferir una sola palabra. Fue con todo el dolor del mundo que él hizo el signo misterioso y se inclina delante de este santo hombre, quien le respondió por el mismo signo, y le fijo extendiéndole la mano: BAROUR-ABA, joven iniciado Mansimera, es decir: ¿Cómo te llamas? ¿Cuál es tu patria? ¿Qué vienes a hacer en estas soledades?
Joseph, después de haber satisfecho las preguntas del P.. fue obligado a sufrir un examen riguroso sobre la parte científica de la primera y segunda serie, porque el sabio Banus dudaba de que un H.. a la edad de dieciséis años pudiera estar revestido con el título por el cual Joseph se calificaba. El hijo de la orden desarrolla todos sus medios para responder a las preguntas que le fueron dirigidas, y salió victorioso del crisol del saber, lo que le amerita los elogios del sabio que lo había interrogado.
Luego de haberse dado el beso de la paz, como gajo sagrado que une a los masones, el P.. Banus le condujo a su habitación y le invita a tomar parte en su comida.
Nuestro deber nos prescribe callarnos sobre las conferencias científicas que fueron mantenidas entre estos dos iniciados, mas nuestro joven masón se resigna a todo para merecer la confianza de este venerable anciano, a fin de perfeccionarse por sus sabias lecciones en la ciencia abstracta de nuestra sublime institución.
Joseph se queda un período de tres años cerca de este santo hombre, se conforma a la austeridad de su vida, lo que altera mucho su salud, pero él aumenta sus conocimientos por un celo infatigable y un trabajo asiduo. Luego de haber recibido la recompensa debida a su talento y a su devoción a Misraim, Joseph pidió permiso a su venerable maestro, lo deja con pesar y se pone en ruta con su Kelem, que a fuerza de privaciones se había vuelto irreconocible como él. Así su regreso fue largo y penoso; mientras tanto él visita diversos VV.. del antiguo mundo donde él recibió por todas partes felicitaciones sobre el fruto de sus profundas meditaciones y sobre su aumento de salario justamente merecido.
Llegado a Jerusalén, él había alcanzado su decimonovena primavera, y se queda en el seno de su familia hasta la edad de 26 años, época en la cual muchos de sus amigos del número de los sacrificadores fueron acusados de traición hacia los Romanos y conducidos ante Nerón para ajusticiarlos. Joseph se determina a ir a Roma para defenderlos. Él se embarca en un navío donde se encontraban más de seiscientas personas; el tiempo no era favorable, y el navío que apenas había zarpado cuando una tempestad horrible se presenta; el barco, movido de un lado a otro, fue arrojado en el mar Adriático donde naufragó; el equipaje fue sumergido. Joseph, que se había ejercitado en la natación durante su estadía en el desierto, lucha toda la noche contra las olas, esperando que la divina Providencia le permita ganar la ribera, que algunos fuegos le indicaban. en fin, al despuntar el día el capitán de un navío de Cirene que venía de Rialto, lo descubre y le da un presto socorro; se le conduce a bordo donde se le dan todos los cuidados que exigía su posición.
Habiendo sabido de Joseph la pérdida del barco que lo llevaba y de un gran número de pasajeros, el capitán lanza el ancla y dirige barquillas sobre diversos puntos; él tuvo la felicidad de salvar a treinta y siete náufragos; el tiempo se había puesto más calmo, la navegación más favorable, el navío llegó a abordar el V.. de Putcoli, llamado enseguida Putzollo, donde lo desembarca. Joseph, siempre favorecido por la fortuna, busca hacerse reconocer por algún iniciado, lo que no tarda en realizarse.
Los habitantes de Putcoli se dirigieron en muchedumbre al lugar donde estaban todos estos náufragos, con el deseo de ofrecerles un asilo y dulcificar su posición atendiéndolos mejor.
Por efecto de la Providencia, el P.. Palanbola se encontraba en estos lugares. Él no había posado los ojos sobre Joseph, que estaba revestido con la vestimenta del iniciado, que le dio el abrazo fraternal, las palabras misteriosas fueron también intercambiadas y lo lleva a su morada, plenamente satisfecho de este feliz rencuentro. Su primer acto fue el de presentarlo a su familia, diciendo: He aquí a un H.., un hijo de la luz, un discípulo de Misraim. Esta feliz bienvenida toca a Joseph al punto que no puede proferir palabra, pero levanta los ojos y las manos hacia el firmamento en signo de reconocimiento, un torrente de lágrimas de gozo inunda sus ojos; vuelto de su asombro por una tal recepción, él dirige palabras de agradecimiento a toda esta familia masónica, y les hace en pocas palabras el relato de los sucesos de su vida.
Palabola lo escucha atentamente, y le dice también: Tranquilízate, mi H.. yo te daré los medios de presentarte ante Nerón, y yo estoy persuadido que tú tendrás éxito en tu misión. Entonces el reloj del tiempo marcó la hora de la masticación, y el P.. invita a Joseph a seguirlo al lugar destinado. A tal efecto la bendición de los alimentos tuvo lugar, la comida comienza, y Joseph pide a su anfitrión que le diga a quien le debía tantos favores! Palanbola entonces se expresa así:
Mi H.. yo me llamo Diego-Palanbola, del V.. de Taurianum, Tauri-Civitas; a la edad de 17 años, aunque yo había recibido una buena educación, yo no había adoptado ninguna profesión, mi inclinación me llevaba hacia el arte médico; así mi padre se determinó a enviarme con mi tío, célebre en nuestro arte, que ejercía desde hacía largo tiempo en este V..; todo fue preparado para el día de mi partida. Una tartana que hacía vela hacia estos parajes me recibió a bordo, y por un tiempo del más favorable, nosotros viajamos felizmente durante la noche. Apenas la aurora había tomado lugar de las tinieblas que nosotros estábamos a mitad del trayecto de nuestro viaje: lamentablemente una tempestad afrentosa aparece, y sin que tuviéramos tiempo de ponernos al abrigo de todo peligro, la tartana fue arrojada de un lado a otro, al punto que durante todo el día nosotros tuvimos que luchar contra las olas.
En el momento cuando el día venía a terminar su carrera, la oscuridad de la noche no permitía más al capitán de ver donde él podía dirigirse sin peligro, la tempestad redobla con .....
tempestad redobla con tanto furor que nuestra embarcación fue puesta con la rapidez del rayo, sobre la costa, no lejos de estos lugares, y echada contra una roca.
Todo el equipaje fue sumergido: yo te declaro mi H.. que el peligro que nosotros habíamos corrido durante este viaje me había puesto tan lejos de mí mismo que yo me di cuenta apenas de nuestro desastre, mas por un golpe de la Providencia una ola me posa con tanta fuerza sobre la playa, que yo me sentí fuera del agua y no tuve tiempo de irme de este lugar cuando otra venía a alcanzarme. ¡Juzga mi situación! Vuelto en mí mismo, yo posé mis ojos sobre la planicie líquida, para ver si había algo del equipaje, con la intención de llevarlo a un sitio seguro a pesar de mi extrema debilidad y mi abatimiento, pero la oscuridad de la noche junto al ruido de las olas que redoblaban no me permitió descubrir ni los residuos de la tartana que a pocos instantes me había servido de asilo.
Luego de haber descansado largo tiempo en la más penosa hesitación, ignorando el lugar donde yo me encontraba, y temiendo caer en una ciénaga que estaba cerca de mí, yo estaba hundido en tristes reflexiones hasta que observé un gran perro blanco que venía a mí lentamente, lo que me hizo presumir que ese animal no era salvaje. Él se aproxima a mí moviendo su larga cola, me lame las manos, y rápido retorna por el mismo sendero por el que había llegado, mirándome de tiempo en tiempo como para invitarme a que lo siga. En mi triste posición, era necesario tomar un partido: yo seguí por lo tanto al anual en la esperanza de encontrar una habitación para reclamar un refugio.
Luego de una marcha de media hora de seguir un sendero, yo llegué cerca de una gran muralla: yo no percibía ni puerta, ni ventana, y durante el tiempo que yo la examinaba, mi conductor desapareció; entonces yo presumí que debía haber una en alguna parte; yo la circunvalé y encontré una gran puerta abierta; yo dudé de entrar, ante el temor de ser apresado, por sus habitantes, por un malhechor. ¿Qué hacer en este estado? Yo me resolví a franquear el portal, pero yo no hice más que entrar en la corte, que la puerta se cierra detrás de mí, con un horrible estrépito, sin saber de qué manera, ya que no percibí a persona alguna. Yo estaba en este instante lleno de miedo; mil reflexiones se presentaron a mi espíritu, y yo vi la falta que acababa de cometer.
Sin embargo, yo redoblo mi coraje, y marcho adelante; yo desciendo en un corredor en el cual percibo una débil luz, pero apenas di unos pasos, que una reja de hierro se cierra detrás de mí y me quita la esperanza de salir de esos lugares. Entonces yo me lamenté de no haber perecido en el naufragio y dirigí oraciones al Todo Poderoso para que se digne liberarme de estos lugares, cuando yo percibí tres individuos, armados de espadas, que yo reconocí enseguida como HH..; el de más edad me dijo con una voz fuerte y segura: ¿temerario, como osas penetrar en estos lugares? ¿Cuál es tu nombre? ¿Y qué vienes a hacer aquí? Yo les respondí con una voz temblorosa que yo había sufrido un naufragio, que yo me había salvado solo sin mi equipaje; que me encontraba mojado y en necesidad de un poco de comida, yo buscaba un asilo donde pasar la noche, que si yo había cometido una falta, yo suplicaba que me la perdonasen y me permitieran salir de este lugar.
El anciano pareció tocado de mi situación, me hizo aproximar a él, se asegura por mis vestimentas que yo era un verdadero náufrago, me conduce a una cueva, y me permite cambiarme y restablecerme; enseguida me ordena escribir sobre papel la historia de mi viaje, cómo yo había podido penetrar en esos lugares, diciendo que era necesario someter mi relato a los amos de esta mansión para obtener mi libertad. Yo les pregunto en qué país me encontraba, y él me responde con voz severa, ¿sientes curiosidad joven indiscreto? Tú lo sabrás más tarde, haz lo que yo te digo, y luego toma un reposo si tu puedes, Yo obedecí lo mejor que me fue posible, él tomó mi trazado, y me dejó solo: yo me tiré sobre una cama, pero a pesar de mi abatimiento, el problema que enfrentaba, me impidió dedicarme al sueño. Mil reflexiones siniestras me ocuparon cuando al nacer el día yo observé al favor de una abertura que se encontraba por encima de mi cabeza, por la cual se podía ver el cielo.
El decano de la orden, que era mi tío, no pudo recibir mi trazado que él reconoció mi escritura y mi firma, y en su asombro exclama: ¡Gran Dios! Es mi sobrino que yo esperaba! Luego de asegurarse a través del H.. Terrible, que mi salud no estaba alterada, él declara que su intención era de hacerme iniciar a mi llegada, y que puesto que el azar me había llevado a estos lugares, y enfrentado a las pruebas sin saberlo, me era necesario continuarlas y dejarme ignorante del país en donde me encontraba.
Enseguida, tres individuos vinieron a sacarme de la caverna donde yo había pasado la noche, me dieron una linterna y yo caminé justo hasta que llegué cerca de una reja que se abría al tocarla, y que se cerró detrás de mí, separándome de mis conductores. Uno de ellos me grita con voz fuerte: he aquí la ruta que debes recorrer, si t ú quieres salir de estos lugares, algunos peligros que encontrarás en tu camino, es necesario que los enfrentes, o infeliz de ti si osas retroceder. Esta recomendación, hiela mis sentidos; yo me armo de coraje y atravieso los cuatro elementos sin saberlo. Llegado luego a una rotonda, yo encuentro a tres individuos que me hacen mil preguntas a las cuales yo fui obligado a responder.
Satisfechos, ellos me conducen en una cámara confortable, dando sobre un jardín magnífico, donde las flores variadas encantaron mi vista; luego de haber tomado algún alimento, yo me libro al reposo. No fue hasta la mañana siguiente que los mismos individuos, regresaron a mi cuarto: me hicieron diversas preguntas, y me preguntaron si yo no había jamás oído hablar de la francmasonería, y qué idea tenía de ella. Yo les respondí que mi padre era de esta secta; que mi tío era uno de los grandes dignatarios; que mi madre misma pertenecía a esta institución, y que todos mis deseos me llevaban a hacer parte de ella.
Para salir de estos lugares, me dijeron ellos, tú serás obligado a atravesar el Templo de la francmasonería, pero se exige de ti el solemne juramento de no revelar lo que has visto, entendido y aprendido, a costa de tu fortuna y de tu vida; sometiéndote a todo, tú serás libre, y se te darán los medios de ir a unirte con vuestro tío.
Yo obedecí a todo sin murmurar; mis ojos fueron abiertos de admiración al verme en medio de un gran número de iniciados, revestidos de sus insignias respectivas, que aumentaban todavía el resplandor de este santuario imponente! Yo no pude decir una sola palabra: mi...
Tio, que presidía, cumple a este respecto todas las formalidades requeridas, y dándome el beso de la paz me dijo: mi querido sobrino, mi H.. yo te felicito por tu coraje; no pienses más en tus desdichas! Desde este instante yo te lego todo lo que yo poseo. Quiera el Todo Poderoso, permitir que tú no te apartes jamás de la línea derecha de la verdad, sino que tu te transformas en una fuerte columna de Misraim.
El venerable Palanbola, dijo entonces al digno H.. Joseph: a partir de esta noche nosotros nos dirigiremos al templo de Misraim. Yo te presentaré al sabio Israelita, Alithur, 90º G.. de la orden en este V.., que disfruta de la más alta consideración cerca de Nerón y de su esposa.
Munido de su recomendación, y con el apoyo de los iniciados del V.. de Roma, estoy seguro de tu éxito. Feliz por los números misteriosos que te son conocidos, si yo puedo hacer todavía alguna cosa para serte agradable! Tú no tienes más que hablar.
El sabio Joseph pasa todavía algunos días en medio de estos dignos PP.., y se dirige enseguida a Roma, y al día siguiente fue presentado a Nerón y a su esposa Popea quienes lo recibieron con bondad, le acordaron todo lo que era el objeto de su viaje, y le hicieron ricos presentes.
Joseph, plenamente satisfecho, retorna a Judea donde fue recibido con entusiasmo por sus conciudadanos y los hijos de la luz. En el seno de su familia, que lo quería, él dio pruebas inequívocas de su devoción por la orden y la nación; de este modo fue él gratificado doblemente al ser revestido por la suprema dignidad de G.. C.. y del título eminente de Gran Sacrificador del Templo. Él fue a habitar este lugar santo, donde ejerció sus funciones sacerdotales con sabiduría y dignidad.
Los habitantes de la Judea estaban entonces abrumados por la opresión que hacía pesar sobre ellos los hombres de las tinieblas, lo que ocasionaba tribulaciones en diversos VV..Joseph y otros sabios, previendo las desgracias que podrían seguir, se esforzaron en tranquilizarlos mediante sus razonamientos pacíficos. Pero la voz de la razón y los consejos de los sabios no fueron escuchados, sus esperanzas fueron desilusionadas y muchos países fueron presa de sus disensiones, notablemente Galilea. Joseph fue designado para ir a gobernar. Él acepta esta penosa misión en la esperanza de pacificarla.
A su llegada él fue recibido con entusiasmo tanto por nuestros HH.. como por los principales habitantes;; y por su saber y su prudencia, él bien pronto ganó todos los corazones. Él eligió entre los ancianos de este lugar a los más sabios y más esclarecidos, los invistió con diversos empleos notables para ayudarlos; él organiza las falanges, da las órdenes a los iniciados hábiles, y se rodea así de diversos PP.. sobre la firmeza y la discreción de los cuales él podía contar. Este digno G..C.. se quedó tanto en un V.., tanto en otro, y su ojo vigilante penetraba por todas partes. Él tenía también sus enemigos quienes, celosos de sus altos conocimientos y de sus esclarecidas luces, hacían siempre todo lo posible para perderle. En diversas circunstancias él debió su salud a la previsión y a la firmeza de los discípulos de Misraim que lo rodeaban.
En esta época, la Judea estaba en la tristeza y la desolación. Vespasiano y su hijo Tito, a la cabeza de un numeroso ejército, vinieron a someter la Galilea, el sabio Joseph, luego de muchos sucesos, fue obligado a retirarse con los suyos al V.. de Jotapat, que él había fortificado, y a sostener el asedio que fue largo y terrible.Luego de pérdidas considerables de una parte y de la otra, Jotapat fue reducido a la última extremidad, y diversas brechas que habían sido hechas en las murallas la pusieron en el más grande peligro. Por la perfidia de un traidor que había escapado, los asediadores fueron advertidos que los asediados, acabados de fatigas, estaban librados al reposo; entonces los puestos avanzados fueron sorprendidos y retirados, y este infeliz lugar cayó en poder de los enemigos.
Joseph, advertido a tiempo, tuvo la bendición de salvarse y de alcanzar sin ser advertido el pozo de la iniciación, en el cual él descendió y donde penetró en los subterráneos que conducen al templo de Misraim. Cual no fue su asombro y su sorpresa al entrar en este Santuario y encontrar una cantidad de iniciados que servían bajo sus órdenes, y que como él habían tenido la felicidad de obtener este asilo. Estos dignos discípulos de Menes eran todos hombres de corazón. Ellos habían ya hecho el juramento de darse la muerte antes que rendirse y de caer entre las manos de los profanos. Ellos tenían alimentos para masticar durante algunos días. Durante la noche muchos de ellos remontaron por el pozo para asegurarse que no había otro medio de salir de estos lugares.
Infelizmente para ellos, y todavía más para la Orden, ellos fueron descubiertos, y este lugar fue también invadido. Los principales del ejército enemigo se reunieron para averiguar el medio de apoderarse de este subterráneo; pero inmensas dificultades ponían obstáculos a esta ejecución, porque haría falta descender en este pozo uno detrás del otro, lo que habría ocasionado el sacrificio de muchas personas sin tener la esperanza de éxito.
Los unos proponían rellenar el pozo, los otros inundarlo, para hacer perecer a todos aquellos que estaban encerrados; pero estas propuestas parecieron inhumanas a diversos miembros del Consejo, particularmente a Vespasiano y a su hijo que deseaban atrapar a Joseph vivo, persuadidos que una vez en su poder, él contribuiría poderosamente a la pacificación de la Judea.
Nicanor, el sabio Nicanor, uno de los tribunos Romanos, G..C.. de nuestra orden, que había trabajado en el templo de Misraim, en el V.. de Roma, con el P.. Joseph, se ofreció a penetrar solo en el pozo para solicitar a Joseph y a los suyos que se rindan, y asegurarles que encontrarían entre sus enemigos seguridad y protección.
Vespasiano estuvo satisfecho de este proyecto, y asegura a Nicanor que él aprueba todo lo que él haga a este respecto.
Sin pérdida de tiempo, Nicanor se quiota la armadura y sus insignias, se reviste con su vestimenta de iniciado, se decora con la gran estrella de Misraim, y a la entrada de la noche se encamina a paso lento hacia el pozo.
Los iniciados, que habían salido para ir a su encuentro, se apoderaron de su persona, aunque satisfechos de encontrar un H.. y de conocer el objeto de su misión, sin embargo ellos le vendaron los ojos, y en este estado lo condujeron al P.. Joseph. Sin decir nada de lo que sucede entre los iniciados, nosotros diremos solamente, que las exhortaciones de Nicanor y de Joseph fueron inútiles, lo que atrajo a este último los reproches amargos de parte de aquellos que tantas veces él había representado, que él consideró necesario más bien sucumbir que traicionar sus juramentos.
Viendo que todos sus esfuerzos eran infructuosos, Joseph hizo reconducir a Nicanor de la misma manera que él había sido introducido, diciéndole que luego de su partida él tratará de persuadir a sus HH.. de seguirle, y que le hará conocer por un iniciado el resultado de esta última tentativa.
Apenas Nicanor había salido, que los iniciados abrumaron a Joseph con reproches, y pusieron fuego a los archivos. Enseguida ellos tiraron en suerte para.....
Enseguida ellos tiraron en suerte para cual de entre ellos perecería primero de la mano de su H.., y así uno después del otro. Por un azar de la Providencia la suerte reservó a Joseph y a Joel ser los últimos. Fue así que ellos vieron perecer ante sus ojos a treinta y ocho iniciados, que habían hecho tanto por la gloria de la orden y por su nación.
El G..C.. Joseph aconseja al H.. Joel que lo siga, con la esperanza de ser todavía útil a sus HH.. y al culto divino. Ellos salieron de estos lugares de tristeza y de horror y se dirigieron al primer puesto de avanzada. En seguida los guardias los condujeron ante el jefe de su legión que los hizo poner en un lugar de seguridad. Vespasiano y Titus enterándose de su rendición, ordenaron que ellos fuesen tratados de la manera más conveniente. Enseguida el P.. Nicanor presenta a Joseph al emperador y a su hijo, que lo acogieron favorablemente y le otorgaron su confianza.
Joseph obtuvo la liberación de un gran número de cautivos de su nación, y por este medio su posición fue mejorada.
La toma de Jotapat entrañó la caída de muchos otros VV.. Las falanges romanas vinieron a acampar sobre Jerusalén, que sostuvo un largo asedio. Las pérdidas de los asediantes fueron considerables. Los eventos que tuvieron lugar luego de la caída de este santo V.. son tan deplorables como desastrosos! Fue el décimo día del sexto mes del año del mundo 4074, correspondiendo al 10 de agosto del año 70 de la era vulgar, que por tercera vez el augusto templo del Eterno fue reducido a cenizas!
Meirus, hijo del P.. Belga, y Joseph, hijo de Daleus, dos de los principales sacrificadores del Templo, iniciados muy eruditos, que durante el asedio se habían distinguido brillantemente por su valor y su sabiduría, viendo con qué rapidez las llamas consumían este edificio sagrado que hacía todas sus delicias, se precipitaron en el fuego exclamando: ¡Oh Todo Poderoso Eterno! ¡Tus fieles servidores no sobrevivirán a la destrucción de tu santa morada! La pérdida de estos dos dignos discípulos de Misraim, queridos por toda la nación, deja un vacío tan inmenso que la consternación y la desesperación se apoderan de todos los corazones! El descorazonamiento estaba en su cúspide, al punto que los enemigos, no encontrando más resistencia, arrasaron enteramente este infeliz V..