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DE LA ORDEN MASÓNICA DE MISRAIM
Desde su creación hasta nuestros días, de su antigüedad, de sus luchas y de su progreso

Por

MARC BEDARRIDE

Oficial del Estado Mayor de la Armada Antigua,
Primer Gran Conservador de la Orden Masónica de Misraim para Francia,
Gran Dignatario de las Potencias Supremas de dicha Orden en diversos Reinos extranjeros,
Poderoso Gran Comendador de los Caballeros Defensores de la Masonería y poseedor de todos los Ritos


Traducida del idioma francés por el H.'. FIDUCIUS

ESTACION 13

ESTACIÓN TRECE

ESTACIÓN TRECE

El año del mundo 3875, Hyrcan, bloqueado en la gran Jerusalén por Antiocus Sidites, que venía de romper el tratado de alianza, hecho con el P.’. Simón, el Macabeo, sostuvo el asedio largo tiempo: los asediantes sufrieron pérdidas considerables. Este G.’.C.’. da en esta circunstancia penosa tantas pruebas de sabiduría, de prudencia y de coraje, que Antiocus hizo la paz con él; lo que obliga a Hyrcan a seguirlo con su ejército en su expedición contra los Partos, donde él se cubre de gloria, él y los suyos.

De retorno en las tierras de la Judea, este digno retoño de los Macabeos asedia y retoma muchos VV.’. fortificados, ocupados por los Idumeos, derriba los altares dedicados a los Ídolos, y restablece el culto sagrado de Jehovah; y los trabajos científicos de nuestra orden que habían sido suspendidos, retomaron fuerza y vigor.

A su reingreso en Jerusalén, Hyrcan fue recibido por los hijos de Israel y de Misraim, con el más grande júbilo. Nuestros PP.’. le felicitaron por todo lo que había hecho de bueno, de útil y de glorioso hacia aquellos que gobernaba con tanta sabiduría como desinterés, particularmente por la conservación de nuestros sagrados misterios en los VV.’. que había recorrido.

Este G.’.C.’. emplea el resto de su existencia en trabajar constantemente por el bien del culto divino; luego de 31 años de una administración toda paternal, este digno hijo de Menes termina su brillante carrera el año del mundo 3931. El fue lamentado y venerado por todas las gentes de bien; y particularmente los discípulos de Misraim..

El año del mundo 3874, el P.’. Nicandro, hijo del P.’. Damnée, del V.’. de Claros, cerca de Colophon, en la Jonia, fue G.’. C.’. de todos los VV.’. de  la Etolia. Este Ecl.’. M.’. era aun famoso gramático, excelente poeta y célebre médico; aunque gozando de una fortuna mediocre, él ejercía su profesión con ese noble desinterés que le hacía correr frente a las necesidades de los desgraciados. Así fue el respetado y colmado de bendiciones durante su vida y lamentado luego de su muerte. Este P.’. G.’. C.’. tuvo un gran número de discípulos que fueron colonos de nuestra orden, cada uno en su V.’. y que se inmortalizaron a su turno.

El año del mundo 3883, el P.’. Jesús, nieto del célebre Jesús hijo de Sirach, del V.’. de Jerusalén , uno de los G.’. C.’. de nuestra orden, y autor de la sublime obra El Eclesiastés, en 3770, se hizo digno heredero de las virtudes de sus ancestros y da tanto pruebas de sus bellas cualidades que se hizo distinguir entre los iniciados, sus contemporáneos, y llega progresivamente a la cima de la escala misteriosa. Este Ecl.’. G.’. C.’. consagra su existencia a la instrucción y a la felicidad de sus semejantes, a la defensa de la santa ley y al triunfo de Misraim. Es a este P.’. viajero que los habitantes de los VV.’. de Grecia deben la felicidad de poseer en lengua griega, la gran obra de su abuelo, El Eclesiastés, conteniendo todos los preceptos de virtudes y de sabiduría, traducido por él con tanto genio, del hebreo al griego. Luego de haber recorrido una larga carrera, este hombre venerable se durmió con sus padres.

El año del mundo 3933, Demetrius, sabio Israelita del V.’. de Gadara, iniciado muy erudito, tuvo la desgracia de caer entre las manos de los soldados, que formaban las falanges Romanas, en defensa de la causa de su nación.

Nada es más verdadero que este gran precepto de nuestra institución que dice a los hijos de la Luz: busca y tú encontrarás, golpea y se te abrirá, pide y tú recibirás. Es así que Demetrius, oprimido por sus enemigos, se libera de las cadenas de la esclavitud. Luego de muchas búsquedas vanas, él tuvo la felicidad de hacerse reconocer por un iniciado, oficial superior de aquellos que le hacían soportar vejaciones inicuas. Este oficial, digno hijo de Misraim, luego de haber otorgado su protección a Demetrius, le prometió hacer todo lo posible para retornarlo al seno de su familia, lo condujo a su morada, comparte su comida con él y se expresa así:

“H.’. Demetrius, tú me has hecho conocer tu origen y tus tribulaciones. A mi vez yo voy a contarte mi vida. Yo he tenido también grandes vicisitudes en mi juventud, y yo las soporté con resignación; huérfano desde la más tierna edad, yo fui confiado a los cuidados de un tío paterno, que también había pasado por el crisol de las vicisitudes humanas, vicisitudes tales, que del seno de la opulencia, él se había reducido a una fortuna bastante mediocre. Él era versado en el arte de la medicina y estaba en relación con los iniciados Sabinos; él resolvió ir a ese país para ejercer su profesión, para mejorar su suerte y la mía. Hasta entonces él no había hecho mas que darme una débil educación, pero llevado por la lectura que yo había suplementado con largas meditaciones, adquirí por mí mismo los conocimientos que me sirvieron poderosamente luego. Llegado a nuestra nueva residencia, mi tío fue recibido con entusiasmo por sus corresponsales: sus talentos, sus virtudes y sobre todo el nombre de nuestros ancestros, le hicieron pronto destacarse; él adquirió un gran renombre, y sus previsiones fueron cumplidas.

Entonces, yo había alcanzado la edad de 17 años. Una noche de un bello día que el cielo estaba sereno, la noche calma y que los trabajadores, fatigados del trabajo ordinario, reposaban placidamente en sus modestas habitaciones, mi tío, acompañado de un individuo que yo reconocí enseguida por un P.’.,  me condujo a la foresta del V.’. de Cures; mis ojos fijos en la bóveda azulada, admiraban las bellezas de la naturaleza y el silencio que reinaba en estos lugares; todo anunciaba a mi corazón un presagio que yo no podía definir. Luego de muchas vueltas y vueltas, nosotros llegamos al pie de una gran muralla, que parecía rodear un establecimiento inmenso. Un personaje, ubicado en la entrada de una puerta, pide misteriosamente a mi tío qué es lo que quería, y luego de un corto dialogo, en voz baja, él nos hizo entrar en un corredor que nos condujo a una cámara de espera. Entonces, un H.’. me dijo que nosotros estábamos en el local de Misraim, y que yo debía esa noche recibir la iniciación en mi calidad de Lobatón; que tal era el deseo de mi padre.

Poco tiempo después, se me introdujo en el santuario brillante de oro y azul, se me hizo prosternar frente al triángulo luminoso, ubicado por encima de un globo de fuego, y luego de muchas preguntas, que yo fui obligado a responder, el primer decano de la orden me hizo prestar el juramento de fidelidad y me otorga la iniciación. Mis ojos se posaron con asombro sobre las cuatro partes del templo donde yo observé una infinidad de bustos de nuestros antiguos PP.’., sobre pedestales, entre los cuales reconocía aquel de mi ancestro que había sido célebre.

Es en este instante que la reflexión de ser recibido masón se ofreció a mi espíritu y yo me dije sin orgullo; qué felicidad para mí de poder heredar el saber y las virtudes de mi ancestro! Es necesario que yo te diga, Ill.’. H.’., que yo me llamo Arquitas, descendiente de Arquitas, el Pitagórico, G.’. C.’. de la orden del V.’. de Tarento el año del mundo 3614, famoso matemático, versado en todas las ciencias, cuyas virtudes y talentos le hicieron llamar siete veces para ser colocado a la cabeza del gobierno de su patria.

El célebre Arquitas, mi ancestro, tuvo un gran número de discípulos que fueron todos eruditos, entre los cuales el H.’. Eudoxo, del V.’. de Gnide, quien hizo progresos eminentes en las matemáticas y otras ciencias. Este digno hijo de la viuda llegó justo hasta el 90º y último G.’.. El va a Egipto para conferenciar con los decanos de la Orden donde, en recompensa de sus profundos conocimientos, él obtiene la eminente dignidad de G.’.C.’.; de retorno a su V.’. él dirige nuestra institución, cumple con celo y dignidad todos sus deberes sacerdotales y da sabias leyes a sus conciudadanos. La vida de mi ancestro, este G,’. C.’. abunda en hechos magníficos, tanto bajo la influencia de su extrema exactitud para cumplir todos los deberes masónicos, que de su generosa voluntad para ir a socorrer a los infortunados. Este hombre de bien tenía también enemigos celosos de su talento y de su gloria. Ellos tratan sórdidamente de hacer todo lo posible para perderlo, e infelizmente para la orden y los Tarentinos, este momento funesto no tarda en llegar. Este digno H.’. tenía el hábito de ir cada día a pasear en bote por el gran elemento, y de regresar de él cuando las tinieblas cubrían la superficie. Él estaba tan seguro del amor y del respeto de aquellos que él había tantas veces administrado, que él no quería jamás ser acompañado. Una noche que él retornaba a su casa a paso lento, con su espíritu librado totalmente a sus meditaciones, él fue asaltado por los emisarios de los hombres de las tinieblas, que lo introdujeron en una barquilla y lo dirigieron al medio del Adriático, donde este gran genio fue precipitado en las aguas. Su familia no lo vio volver a la hora ordinaria, inquieta y con ansiedad sobre su cuenta, sabiendo que su salud estaba alterada por sus viajes y sus grandes trabajos, se transporta al borde del río, preguntando a diversas personas si ellas no habían visto al P.’.; sus búsquedas parecieron ser vanas , cuando una mujer que habitaba no lejos de allí, les dice que ella había escuchado gritos, ella se puso en la ventana y vio a varios individuos subir a una barquilla e irse rápidamente. Sobre esta indicación se dirigen muchas embarcaciones sobre diversos puntos del mar; los malhechores no pudieron ser descubiertos, pero el cuerpo de este iniciado fue encontrado sin vida varios días después sobre la orilla de la Apulia, llevando todavía sobre su pecho la gran estrella de Misraim y varios metales que tenía sobre él. Lo que hizo presumir que sus asesinos habían cometido este crimen por odio, para satisfacer a los hombres de las tinieblas,

Aquí, H.’. Demetrius, yo me detengo para volver al lugar en el cual recibí la Luz, y a los habitantes del cual yo soy deudor de la modesta posición donde me encuentro.

Tres años habían pasado desde el día de mi iniciación, y por mi celo y mis trabajos, yo había ya recorrido la nomenclatura de los grados de la primer serie de nuestra orden. Era tiempo entonces de elegir una profesión; yo adopté el estado militar que me convenía mejor. Yo estaba de guardia en la gran Roma, y mi capitán había visto la luz como yo.  De tiempo en tiempo nosotros nos dirigíamos al bosque del V.’. de Cures, para participar en nuestros trabajos científicos y celebrar nuestros augustos misterios. Un día, prevenido por mi tío que el gran Pompeyo debía recibir la iniciación, él me recomienda fuertemente de no dejar de asistir; porque, decía él, el primer decano de la orden tiene el objetivo de presentarte a este gran hombre. Tú podrás pensar bien, H.’. Demetrius, que yo no falté a esta invitación, y luego que Pompeyo recibió la luz, yo le fui presentado. Él prometió al decano de la orden y a mi tío de ocuparse de mí; su promesa, toda fraternal, hecha en el templo de Misraim, no pasó mucho tiempo sin efecto.

Al crearse en Roma nuevas legiones yo fui incorporado en calidad de oficial. Aquella de la que formaba parte siguió a Pompeyo en diversas expediciones, y en  muchos asuntos que tuvieron lugar yo tuve la felicidad de distinguirme. Cinco heridas fueron el precio de mi coraje. Dos veces yo fui hecho prisionero y liberado al signo de destreza por los hijos de Misraim. Es a causa de estos hechos, y con la ayuda del Todo Poderoso y la benefactora protección del Il.’. H.’. Pompeyo que yo progresé a los grados y dignidades militares de los cuales tú me ves revestido.  Fue entonces el momento donde la comida había terminado: Arquitas invita a Demetrius a que lo siga al palacio donde residía el gran capitán. Allá, él solicita y obtiene el favor de presentarle un H.’. cautivo, habiendo reconocido en él altas capacidades. Demetrius se paró frente a este héroe: su primer acción fue la de hacer el signo de destreza e inclinarse delante de la madre común, y en pocas palabras hizo el relato de su situación.  La justicia de su razonamiento, su elocuencia persuasiva llegaron de tal modo a Pompeyo, que él hizo el signo misterioso, ofreció el beso fraternal a Demetrius y le dijo de la manera más afable:

Mi H.’. tú no has golpeado en vano a la puerta de mi corazón, yo me acuerdo de la promesa que yo hice sobre el altar de la Verdad, en presencia del Eterno, en mi iniciación en el templo de Misraim, situado en la foresta del V.’. de Cures, donde el G.’. C.’. Tullus dio la luz al sabio Tatius, rey de los Sabinos, y al célebre Numa Pompilius que hizo tanto por la gloria de Roma.

H.’. Demetrius, desde este instante yo te libero, y cuenta con mi fraternal amistad. A estas palabras, el sabio Demetrius lleno de reconocimiento agradece a estos dos HH.’. y benefactores; levanta las manos y los ojos hacia el cielo y exclama: ¡Oh Jehová! Recibe la expresión de mis sentimientos más puros por haberme hecho encontrar lo que yo buscaba, y dígnate colmar de tus beneficios a los hijos de la luz que saben cumplir tan bien sus deberes masónicos. Luego de estas palabras, los tres iniciados hicieron el signo y se dieron el beso de la paz. Sin perder tiempo, el H.’. Demetrius solicita y obtiene la liberación de muchos hijos de Misraim que, como él, habían sufrido la misma suerte. El Il.’. Pompeyo hizo más todavía: él permitió a Demetrius reconstruir las murallas de la V.’. de Gadara que habían sido demolidas por sus tropas durante el sitio. Demetrius termina su carrera como la había comenzado, puro y sin mácula.

En esta época, nuestros PP.’. de Jerusalén y de otros VV.’. habían tenido también sus tribulaciones, ellos supieron soportarlas con resignación y coraje. Previendo el peligro inminente que amenazaba a nuestra institución, ellos fueron obligados a tomar medidas de seguridad para preservar las piezas que les eran constantemente presentadas y sobre todo al respecto de las numerosas demandas de iniciación que les hacían los profanos extranjeros. A tal efecto, el decano de la orden resolvió poner en ejecución el previsor proyecto del sabio Salomón y darlo a conocer a nuestros PP.’. sobre diversos puntos del triángulo.

El P.’. Carmi-Nathan, de la raza del célebre Carmi de Béthulie, hombre justo y equitativo, profundo en nuestra doctrina sagrada, astrónomo famoso, que desde hacía mucho tiempo había tenido el deseo de vivir en los VV.’. alejados, a causa de numerosas tribulaciones que pesaban sobre la Judea, se munió de poderes y se dirigió a la China; este digno H.’. se embarca, recorre diversas regiones, e hizo conocer a los decanos de la orden el objetivo de su misión que fue adoptada con apresuramiento. Llegado al punto fijo de su destino, Carmi-Nathan fue recibido por nuestros HH.’. con la demostración más fraternal, y habiendo reconocido en él un verdadero discípulo de Misraim, le pidieron que se quedar en medio de ellos, asegurándole que ellos serían felices de aprovechar sus sabios consejos y sus sabias lecciones; luego de haber contribuido poderosamente a la conservación y al esplendor de nuestra orden el terminó su memorable carrera en una edad muy avanzada, dejando retoños dignos de él.

En este mismo período el H.’. Guillelmo-Anténoro, hijo del G.’. C.’. Ceseré, del mismo nombre, descendiente del célebre Anténoro, príncipe de Troya que, luego de la caída de Troya, vino a Italia a la cabeza de un ejército que él había organizado, expulsa a los Euganienses que habitaban en la región del Po, construye la ciudad de Padua y propaga nuestra institución.

Guillelmo-Anténoro, gozando de una fortuna inmensa, versado en muchas ciencias, y sobre todo en astronomía, resolvió viajar para perfeccionarse, recorrió diversos países de Grecia, lleva sus pasos al suelo de la famosa Troya donde sus ancestros habían nacido, se dirige enseguida a Caldea, a Egipto y a Judea, donde él se estaciona durante algún tiempo para conferenciar con los sabios de Israel e ilustrarse en la legua y los dogmas judaicos. Este P.’. había obtenido aumentos de salario justamente merecidos, en los principales VV.’. que él había visitado, y fue en el de Jerusalén que él recibió el eminente título de G.’. M.’. ad-Vitam, 90º y último grado de la orden.

En esta época, habían pasado ya cinco años desde que Anténoro había dejado a los suyos; él sentía la necesidad de regresar, mientras que los habitantes de Jerusalén se encontraban en la desolación, y oprimidos por los ejércitos extranjeros. El sabio Antenoro había hecho conocer al decano de la orden, el deseo que había concebido, de retornar a su hogar, y atravesando los VV.’. Ligurienses y Etruscos, franqueó el monte que separa estos últimos lugares de su patria; entonces el P.’. S.’.aprovechó esta ocasión para transmitir a los decanos de la orden de estas diversas regiones, la medida saludable que él había adoptado para el bien y la prosperidad de nuestra institución.

El P.’. Guillelmo-Antenoro estaba munido de poderes y se embarca para dirigirse a su destino. El trayecto fue feliz. Apenas había salido del navío para poner el pie sobre la madre común, que él comienza a cumplir su misión sagrada con celo y dignidad, misión que le hizo admirar por los hijos de Misraim, habitantes de estos bellos y ricos países.

Fue debido a sus acciones constantes y a su solicitud, que la previsora medida de nuestros PP.’. del antiguo mundo fue conocida en el resto de Italia, en las regiones de la Iliria, de la Germania y otras del norte. Este digno hijo de la luz consagra el resto de sus días a la prosperidad de nuestra institución, y termina su bella carrera en una ancianidad llena de felicidades. Sus discípulos fueron como él, masones célebres.

En esta misma época, el piadoso Uziel, G.’.C.’. hombre de una gran sabiduría, de un gran genio y de una perseverancia a toda prueba, fue encargado de ir a visitar a nuestros HH.’. los Terapeutas, los Esenios y los Recabitas. Masones eruditos retirados lejos del mundo en espesas forestas, sobre altas montañas, no teniendo por morada más que modestas cuevas, llevando una vida totalmente patriarcal, dedicando algunas horas del día a sus familiares y a la agricultura, y el resto del tiempo ocupándose en contemplar los astros, en meditar sobre las obras maravillosas de la naturaleza y a buscar los medios de mejorar la suerte del género humano. Estos dignos iniciados, solitarios, recibieron con júbilo al P.’. Uziel, aplaudieron la prudente resolución de la Potencia Suprema de la orden y aseguraron a este G.’. C.’., que de su parte, nada podría quebrantar su fidelidad a Misraim; que su alma y su espíritu estaban constantemente llenos de veneración y de respeto por el gran Jehová, y que el ejemplo de los célebres PP.’. los Macabeos, de gloriosa memoria, ellos sabrían sacrificarlo todo por el bien de nuestra orden y el culto del Eterno.

El sabio Uziel, luego de haber recorrido las planicies, subido los montes y cumplido su misión sagrada junto a estos esclarecidos masones y piadosos solitarios, conocidos bajo el nombre de FILOSOFOS ISRAELITAS, se dirigió a diversos VV.’. del África con el mismo objeto, y aunque en una edad muy avanzada, siempre celoso y lleno de amor por la orden, atraviesa la planicie líquida, permanece en muchos lugares de la Andalucía y se dirige a Toledo, punto fijo donde residía el decano de la orden. Este delegado toma conocimiento con sabiduría y dignidad de su eminente misión. Enseguida, él se dirige al seno de su familia, donde termina su brillante carrera, luego de haber soportado con resignación, todas las tribulaciones de los hombres de las tinieblas.