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DE LA ORDEN MASÓNICA DE MISRAIM
Desde su creación hasta nuestros días, de su antigüedad, de sus luchas y de su progreso

Por

MARC BEDARRIDE

Oficial del Estado Mayor de la Armada Antigua,
Primer Gran Conservador de la Orden Masónica de Misraim para Francia,
Gran Dignatario de las Potencias Supremas de dicha Orden en diversos Reinos extranjeros,
Poderoso Gran Comendador de los Caballeros Defensores de la Masonería y poseedor de todos los Ritos


Traducida del idioma francés por el H.'. FIDUCIUS

ESTACION 11

ESTACIÓN ONCE
El año del mundo 3575 el P.’. Dariston, del V.’. de Atenas, tuvo un hijo llamado Platón. Adoptado por nuestra institución, el fue elevado en sus dominios, y en 3592 el fue admitido en la participación de nuestros augustos misterios. Su genio se desarrolla rápidamente bajo estos hábiles maestros. Este discípulo de Menes, siempre ávido de adquirir nuevas luces, y deseando ir a llevar sus pasos a Egipto, donde tantos PP.’., sus predecesores y sus conciudadanos, se habían dirigido antes que él, resolvió, con el consentimiento de su padre, de poner su proyecto en ejecución, para satisfacer el deseo de instruirse, que lo estaba alterando.

Platón visitó los principales VV.’. de Fenicia, Judea y Egipto. Por todos lados recibió la acogida más fraternal y aumentos de salarios bien merecidos. Fue en la tierra de Misraim que él se perfeccionó en nuestra arte, e hizo eminentes progresos en la doctrina Mosaica (ley de Moisés), lo que lo ameritó el título de G.’. C,.’. delegado, y la gran estrella de Misraim. El retorna enseguida a sus dominios; pero muy ardiente por su7 genio para quedarse en la inacción, él contribuyó mucho el esplendor de nuestra institución.

Al retornar a su patria, este digno iniciado fue aprisionado por un pirata;  pero el tuvo la felicidad de ser liberado por el P.’. Nicetes. El Cirenaico, que lo llena de presentes y lo lleva a su V.’.
Platón, luego de haber hecho todo por el bien de la orden y la felicidad de sus semejantes, se durmió con sus padres a la edad de 81 años, llevando los saludos y la veneración de todos aquellos...
particularmente los hijos de la luz, a los cuales el dejó documentos preciosos, dignos de esclarecer a los masones y a los profanos.

El año del mundo 3620, el P.’. Aristóteles nació en el V.’. de Stagiere. Desde su primer edad el estaba indeciso sobre el estado que debía elegir: en fin el abraza la carrera militar; pero tal no era su destino. El abandona bien pronto las armas para dedicarse enteramente a la filosofía; luego él fue iniciado en nuestra orden, y el G.’.C.’. Platón lo tomó bajo su dirección. Este hijo de la luz se aprovecha a tal punto de las sabias lecciones de este esclarecido P.’., que en poco tiempo él se convierte en un segundo maestro.

En 3656, Aristóteles fue G.’.C.’. en el V.’. de Tarnés; él se unió al Ill.’. G.’. M.’. Pitias, y nuestra orden hizo tales progresos bajo sus auspicios, que el renombre de este G.’. C.’. se extendió en todos los VV.’., Filipo de Macedonia lo llama cerca de él para dirigir los estudios de su hijo, Alejandro el grande, cuyo genio y altos destinos son conocidos sobre todos los puntos del triángulo.

Su misión cumplida, el P.’. Aristóteles pasa al V.’. de Atenas, donde Alejandro, su discípulo, le había encargado la ejecución de un gran proyecto, y que a este efecto había puesto a su disposición sumas considerables. Este favor atrajo sobre Aristóteles los celos de poderosos enemigos que buscaron por todos los medios posibles para manchar su reputación y su gloria. Aristóteles queriendo pasar el resto de sus días en la tranquilidad, tomó el partido de retirarse al V.’. de Calcis donde él ejerció las altas funciones sacerdotales de nuestra orden, y contribuyó poderosamente a su esplendor y al bien general de la humanidad. Él termina su gloriosa carrera a la edad de sesenta y tres años, dejando a la posteridad recuerdos que lo han inmortalizado.

El año del mundo 3670, el P.’. Fanostrate, del V.’. de Falere, concibió la idea de ir a visitar diversos VV.’., y particularmente aquel de Siracusa, donde estaban establecidos parientes de su esposa; él se embarca con ella y su joven Lobatón, Demetrius Falerius, A poco que la nave que los llevaba hizo un corto trayecto que esta fue asaltada por un pirata que no tuvo gran pena en tomarlos ya que se encontraban sin defensa; él se dirige a la orilla del V.’. de Citne (Cicladas), y él vende a los pasajeros a un mercader que, al día siguiente, los pone en venta, sin haber escuchado sus plegarias.

Fanostrato y los suyos le aseguraron que si el quería conducirlos a Siracusa, sus parientes le pagarían el doble de su pedido. Pero este hombre insensible a toda piedad, permanece sordo a sus súplicas; este quería concluir con un mercader de Maingrelie para la venta sola del patriarca y separarlo del objeto de su más tierno y casto himeneo; pero el Eterno no permitió a este mercader cumplir su designio, y al mismo instante dirigió hacia ellos al H.’. Timoteo, hijo del P.’. Canopo, celebre general del gran Misraim y gran capitán de su tiempo. Tras haber mirado el mar y al Lobatón y prestado atención al P.’. Fanostrato, que estaba hundido en el dolor, Timoteo le dijo con una voz emocionada: “Extranjero, de dónde eres tú? Y cómo es que te has convertido en un esclavo?”. Él le hizo en pocas palabras el relato de sus desgracias y al mismo tiempo el signo de reconocimiento al cual el P.’. Timoteo no respondió, no queriendo dar al mercader la más ligera suposición que pudiera llevar a exigir al mercader una más fuerte cotización; pero él le dijo que si el quería vender a la pequeña familia él haría la adquisición. La venta concluyó y el mercader satisfecho, los hijos de la luz fueron puestos a disposición del nuevo maestro que les pareció piadoso y humano; él les asegura que jamás serán separados, que él hará por el contrario todo por endulzar su suerte. Enseguida, luego de haber dado sus órdenes a su hombre de confianza, él desapareció. Los cautivos fueron conducidos a un hospedaje cerca de estos lugares, donde ellos recibieron todos los cuidados que exigía su posición. Tres días pasaron sin que él viniera a visitarlos; mientras tanto el anfitrión les proveía todo lo que les era necesario, y sus previsiones les hacía esperar un feliz porvenir. En fin, al cuarto día. El hombre de confianza vino, pagó largamente al dueño del hospedaje y condujo a la pequeña familia a la casa del P.’. Timoteo-Canon. Ellos permanecieron algunos días como esclavos; pero el reloj del tiempo había marcado la hora de su liberación.

Timoteo, acompañado de un venerable anciano, vino a visitarlos; entonces Fanostrato se arroja a sus pies, le agradece todo aquello que él ha hecho por él y su familia; el P.’. lo levanta y le asegura su amistad. Fanostrato entonces retrocede un paso e hizo el signo misterioso admirando la bóveda celeste en marca de reconocimiento. Esta vez sus esperanzas no fueron vanas: los dos iniciados respondieron al signo de destreza diciéndole: “Nosotros somos hijos de la viuda  y hemos venido a socorrerte”. Entonces ellos pasaron a un apartamento vecino; allá ellos interrogaron al H.’. Fanostrato sobre la parte científica de nuestra institución. ¡O prodigio! ¡O satisfacción! Cual fue su asombro al reconocer en él a un miembro cabalístico, 81º G.’.; entonces el venerable anciano le dijo con una voz emocionada y los ojos llenos de lágrimas de gozo: “H.’. que el destino han hundido en la desgracia y que la divina Providencia a conducido sobre la orilla del Citne, agradezcamos de común acuerdo al Todo Poderoso de habernos procurado la dulce satisfacción de liberar de las manos profanas y proporcionar la libertad a un iniciado tan digno como tú, y de haber conservado para la orden así como a vuestra espora y a vuestro joven Lobetón quien, sin duda, con la ayuda del Muy Alto, marchará sobre los trazos de su digno padre y se convertirá en una de las fuertes columnas de nuestra orden!”

Este P.’. liberado de las cadenas de la esclavitud, se prosterna de nuevo delante del triángulo luminoso y quiso dirigir todavía agradecimientos a su liberador, pero el venerable decano de la orden para esta región lo interrumpió y le dijo: “Es suficiente, mi querido hermano, vuestro liberador no ha cumplido más que su deber al ir en vuestro socorro. ¡Ah! Si fuera de otra amanera, en qué se convertiría nuestra bella institución que ya ha atravesado tantos siglos y franqueado tantos obstáculos, a pesar del odio y los celos de los hombres de las tinieblas; esta no es la primera vez que nuestro H.,’. Timoteo a cumplido tales deberes. ¿Cuántos rasgos de generosidad de su parte no podríamos citar? Sus acciones son bastante conocidas, lo que me dispensa de contártelas. ¡Oh! Olvida tus desgracias, no pienses más que en la prosperidad de la orden y en el bien de vuestra familia!

En cuanto a vuestro rescate, Querido Hermano, tú no lo debes más que a la orden! Yo he ordenado que esta sea reembolsada por el tesoro de la institución, a pesar de la oposición de vuestro benefactor: yo he ordenado también que todo aquello que  tengas necesidad sea puesto a vuestra disposición, esperando que el Eterno te coloque en estado de bastarte a vos mismo. Quiera el Todo Poderoso realizar nuestros votos y que él sea siempre nuestra guía, nuestra fuerza y nuestro escudo!. “ La hora de los trabajos había llegado, el P.’. Fanostrato fue introducido en el templo de Misraim, con todas las ceremonias conforme a su rango y a su dignidad.

El reloj del tiempo marcó el minuto y en consecuencia la suspensión de los trabajos; se tomó parte en el banquete fraternal que estaba preparado, y donde reinó entre los asistentes el júbilo más completo. Este día de felicidad se termina con las obras de misericordia de todo género que fueron distribuidas bajo el velo del más grande misterio.

La alegría de la esposa de Fanostrato estuvo en su cima, por haber sido liberados, y feliz por el porvenir que les esperaba. Desde ese instante, estos esposos se prometieron no olvidar nunca sus desdichas y de realizar todo aquello que quedara en el V.’. de Phalera, para fijarse definitivamente en aquel de Atenas, en medio de HH.’. que los llenaban con tantos beneficios!

La educación del joven Demetrius-Falerius, fue confiada a diversos G.’. M.’.
Este hijo de la masonería hizo tales progresos que apenas a la edad de 13 años, él tomó parte en los trabajos de nuestros augustos misterios, en el primer grado y se hizo admirar por todos los iniciados de este país; él llegó luego sucesivamente hasta el 90 y último Grado.

Luego de la muerte del gran Alexander, que él había tomado en afección, Demetrius-Falerius gozó de una tal consideración que él fue llamado al primer puesto: él dirigió a los Atenienses con talento y dignidad durante una serie de años. Por eso, en diversos VV.’. , le elevaron, en signo de reconocimiento de su sabia administración, tantas estatuas de metales diferentes, como tantos días del año.

Demetrius-Falerus, este sabio G.’.M.’. aunque poseyendo todas las cualidades para hacerse amar, tenía enemigos entre los hombres de tinieblas envidiosos de sus altas dignidades. Ellos hicieron todo por perderle, una conspiración fue urdida contra él, él fue felizmente advertido con bastante antelación para tomar partido de ir a refugiarse en Macedonia, desde donde el pasó a la tierra antigua de Misraim.

Los decanos de la orden, habitantes de la célebre Memphis, ya prevenidos por la trompeta del renombre de la sabiduría y de la profunda ciencia de este iniciado, lo recibieron con júbilo, y luego de convencerse por ellos mismos, lo crearon y lo proclamaron uno de los G.’.C.’. delegados, y le decoraron con la gran estrella de Misraim.

Al salir del santuario, el sabio Demetrius-Falerius fue llevado cerca del Ill.’. Ptolomeo-Lagus, quien le tomó en amistad y lo llenó de fraternales beneficios. Tras la muerte de este sabio y esclarecido soberano, su hijo Ptolomeo-Filadelfo que le sucede en sus grados y dignidades, le tomó la misma afección que su padre, por el G.’.C.’. Demetrius, le acuerda toda su confianza, y lo envía a Alejandría con su orden de aumentar los documentos que componían la biblioteca de su reino y proporcionarle todo lo que fuera necesario para su ornamento. Por los esfuerzos de este Esclarecido Patriarca, esta biblioteca fue enriquecida de un gran número de volúmenes de todo género, y es en esta época que luego de su solicitud, Ptolomeo-Filadelfo le dirige la misiva siguiente al gran V.’. de Jerusalén, de la cual he aquí la copia textual:

GLORIA AL TODO-PODEROSO
Salud sobre todos los puntos del triángulo
Respeto a la Orden

El año del mundo 3727, Ptolomeo-Filadelfo, rey de Egipto, S.’.G.’.C.’. de la orden masónica de Misraim, y P.’.G.’.C.’. de los caballeros, defensores de la masonería, a su H.’. Eleazar, gran sacrificador, en el V.’. de Jerusalén, Salud, tres veces Salud:

“T.’. ILL.’. ECL.’. et P.’. F.’.
El anterior rey, nuestro padre, habiendo encontrado en sus estados un gran número de hijos de Israel que los Persas habían tomado cautivos, los trata tan favorablemente que él emplea una parte en sus ejércitos con una alta paga; él pone a otros en guarnición en sus plazas fuertes, y les confía también la guardia, lo que lo volvió terrible a sus enemigos. Nosotros no les hemos dado menos testimonios de nuestra bondad por nuestra parte desde nuestro advenimiento al trono; nosotros hemos favorecido particularmente a aquellos de Jerusalén, porque nosotros hemos puesto en libertad más de cien mil, luego de haber adquirido su rescate a aquellos a quienes les pertenecían, tanto estamos persuadidos que no podemos hacer algo más agradable a Dios para reconocer la obligación que le debemos por haber puesto en nuestras manos el cetro de un tan grande reino. Nosotros hemos también enrolado en nuestras tropas a aquellos que la edad hace aptos para llevar las armas, y hemos retenido a los iniciados para ser empleados cerca de nuestra persona, por la confianza que hemos puesto en su fidelidad. Mas para hacer ver todavía más particularmente nuestra afección por los hijos de Israel y de Misraim esparcidos por sobre todos los puntos del triángulo, nosotros hemos resuelto hacer traducir vuestras leyes del Hebreo al griego, a fin de enriquecer nuestra biblioteca.

Por eso, P.’. F.’. tú harás una cosa que nos será fuertemente agradable al elegir de todas vuestras tribus las personas que hayan adquirido por su edad y su sabiduría una tan grande inteligencia de vuestras leyes que sean capaces de traducirlas con la más escrupulosa fidelidad, y nosotros no dudamos que esta obra, conseguida de la manera que nosotros esperamos, nos aporte una gran gloria.

Nosotros enviamos, para tratar contigo estos asuntos, a los iniciados Andrés, capitán de nuestras guardias, y Aristié, adjunto de nuestra persona real, dos de nuestros PP.’. los más fieles. Ellos te llevan de nuestra parte cien talentos de plata para ser empleados en abluciones, en sacrificios y otros usos del templo. Nosotros esperamos vuestra respuesta; ella nos causará sumo gozo. Nosotros te imponemos las manos y te ofrecemos el beso de la paz, rama sagrada de la alianza eterna que nos une”.

Eleazar, para responder esta carta tan respetuosamente como él podría, escribió así al rey en estos términos:

El P.’. y Gran Sacrificador Eleazar al rey Ptolomeo-Filadelfo.

SALUD! TRES VECES SALUD!

P.’. F.’.

“Yo he recibido con el sentimiento que yo debo a vuestra real bondad la misiva que tú has querido, Señor, escribirme, y habiéndola leído en presencia de todo nuestro pueblo nosotros hemos visto con un gozo extremo las marcas de vuestra piedad hacia el gran Jehová. Nosotros también hemos recibido y hecho ver a todo el mundo los vasos de oro y plata, y todos los objetos preciosos que deben ser consagrados y empleados al servicio del templo, como también los cien talentos que nos han traído de vuestra parte los PP.’. Andrés y Aristié, que su mérito los hace tan dignos del afecto con que tú los honras. Tú puedes, P.’. F.’. estar seguro que no habrá nada que nosotros no hagamos para testimoniar nuestro reconocimiento de tantos favores con los cuales nos has colmado. Nosotros vamos también a ofrecer sacrificios al Eterno por vuestra persona real y por todos aquellos que te son queridos, y todo el pueblo ha rogado conceda nuestros deseos, de conservar vuestro reino en paz, y de hacer que esta traducción de nuestras leyes te proporcionen toda la satisfacción que tú deseas.

Nosotros hemos elegidos a seis venerables iniciados en cada una de nuestras tribus para llevar estas santas leyes. Nosotros esperamos de vuestra equidad y de vuestra justicia que, cuando tú no los necesites más, tengas el placer de enviárnoslos nuevamente con los que se los presentarán.

Dígnate, o gran rey y G.’. C.’. ¡ aceptar la expresión de nuestros sentimientos más respetuosos y más fraternales, así como el beso de la paz, rama sagrada de alianza eterna que nos une por siempre.

Vuestro todo devoto y aleccionado H.’.
Eleazar, 90º G.’.

El precioso y divino documento fue entonces traducido y depositado en la biblioteca del V.’. de Alejandría, documento que ha servido de modelo a los más grandes legisladores que han trabajado a su turno por la civilización del género humano. Durante el resto de su gloriosa carrera el P.’. Demetrius Falerius trabaja constantemente para esclarecer a sus HH.’. y dejas a la posteridad documentos que lo han inmortalizado.

Es en este época memorable para Egipto y para Judea, y deplorable para los VV.’. de Etiopia que el espantosos desastre del cual hablaremos más adelante tuvo lugar en el V.’. de Saba, isla de Meroé.

Nuestros PP.’. del V.’. de Saba, cuya reputación era tan grande, inspiraron tal temor en Ergamenes, soberano de este país, que no pudiendo obtener de ellos la introducción de innovaciones en la doctrina sagrada de Misraim, concibió el horrible designio de hacerlos perecer; pero muy débil por él mismo y demasiado impotente, recurrió a un ejército griego; a cambio de oro y promesas, él obtiene algunos hombres sin principios, quienes, no siendo más que viles mercenarios, él los hace iniciar, a fin de que a una señal dada, la entrada al santuario este abierta. Este desastre no tarda en llegar: fue el tercer sábado del primer mes del año del mundo 3730 y en el momento en que todos los iniciados, revestidos con sus hábitos sacerdotales y ornamentos distintivos de su eminente dignidad, estaban reunidos en el templo de la sabiduría...

de su eminente dignidad, estaban reunidos en el templo de la sabiduría para celebrar la fiesta de la revelación de la Naturaleza, que estos falsos iniciados se introdujeron en el santuario a los asesinos, que cayeron al mismo instante sobre sus víctimas, haciendo una carnicería horrible de estos hombres virtuosos que perecieron todos a la vez a pesar de su vigorosa resistencia. Los PP.’. Nectanebo, descendiente del P.’. Nectanebo, Egipcio, joven y vigoroso, y Artaban, el persa, que reconocieron la perfidia de estos traidores, se precipitaron sobre ellos, los atravesaron con sus espadas, les hicieron pagar el precio de su audacia, y los hicieron expirar sucumbiendo ellos mismos gloriosamente. Esta horrible catástrofe lleva el luto, la tristeza y el espanto en la isla de Meroé; las mujeres y los hijos de estos virtuosos PP.’. abandonaron sus asilos, huyendo por todas partes para buscar refugio y llorar en silencio la pérdida irreparable que habían sufrido.

Menevie, joven esposa de Nectanebo, que la naturaleza había dotado con tantos dones y que, por sus altos conocimientos, había tenido el mérito de ser elevada al rango de Gran Maestra y a las más altas dignidades de la adopción, esta virtuosa hermana, con su Lobetón en brazos, erraba aquí y allá sin saber dónde dirigirse, desesperada del infeliz evento que la había privado para siempre de su querido esposo y no queriendo más sobrevivir. Llegada al borde del gran elemento, ella mira la bóveda celeste, abraza tiernamente sobre su pecho al dulce fruto de su himeneo, lo deposita sobre la orilla y se precipita en las aguas.

Pero la Providencia que vigila sin cesar sobre el inocente, había dirigido cerca de estos lugares el navío del iniciado Tyras, que había venido con la intención  de visitar y admirar a los PP.’. de Meroé y participar en sus augustos trabajos. Descendió de su barco en una canoa para alcanzar la orilla, habiendo percibido a esta desgraciada que se precitaba en el gran elemento (nar, Nilo), el vuela inmediatamente en su socorro y tiene la felicidad de salvarla. El P.’. Tyras se sorprendió al ver suspendida sobre el pecho de esta infortunada la gran estrella de adopción de la orden; él la vuelve a la vida, de inmediato ella exclama, mirando a su liberador al cual ella vio su vestimenta de iniciado: ¡Gran Dios! ¡Qué veo! ¡Un H.’.! ¡Ah! Ten la gracia de dejarme perecer y abandonar esta orilla de horror, de la cual tú debes saber, que todos los infortunados iniciados de este V.’. han sido masacrados.

La noche comenzó a aparecer, Tyras se sintió espantado, toma al Lobatón depositado sobre la orilla, retorna a su navío, y da todos sus cuidados a estos dos infortunados.

Inmediatamente que Menevie descansó un poco, aunque triste y abatida, el P.’. le suplica que le diga su nombre, y aquel del V.’. que la había visto nacer, y sobre todo, cómo era que los PP.’. de Meroé habían perdido la vida; porque este era un misterio para él. Entonces Menevie, los ojos llenos de lágrimas, se explica así: “Yo me llamo Menevie; hija única del P.’. Seneis del V.’. de Canope; recibida en la adopción desde mi infancia, educada en los principios de Misraim, mi padre y mi madre resolvieron casarme con un iniciado. Muchos partidos considerables fueron rechazados por ellos, porque eran profanos; y porque su vocación no era convertirse en hijos de la luz; finalmente la suerte condujo a Canope, al joven Nectanebo, iniciado en el V.’. de HELIÓPOLIS. Era entonces, Ill.’. H.’., la época de la fiesta, llamada REVELACION DE LA NATURALEZA; ella fue celebrada en Logia de Adopción, y es en el templo de Misraim que yo vi por primera vez a aquel que sería el objeto de mi ternura y el esposo más estimable. Este digno discípulo de Menes luego de haber conversado conmigo algunos instantes durante esta solemnidad, concibió simpatía por mi persona, y solicitó de mi padre el permiso para venir a visitarme durante su estadía en nuestro V.’.; como el joven Nectanebo era especialmente recomendado al Primer Decano de la orden, mi padre no dudó un instante para acogerlo fraternalmente y ofrecerle un lugar en su hogar.

En nuestros frecuentes encuentros, Nectanebo concibió el amor por mí, y yo no permanecí indiferente a un tal sentimiento, nosotros habíamos nacido el uno para el otro y no tardó en hablar de himeneo. Todo fue concluido; no faltaba más que el consentimiento de sus prójimos, y a este efecto retorna a su V.’. para obtenerlo. Poco tiempo le bastó para hacer este viaje, y nuestra unión tuvo lugar en el templo de Misraim.

Mi esposo era celoso y llevado por el estudio; él no tardó en escalar sucesivamente los escalones de la escala misteriosa de nuestra orden, y fue en este mismo templo donde nuestros nudos se habían formado, que él fue creado y proclamado uno de los G.’. M.’. ad-Vitam 90º y último Grado. Apenas un año había pasado, cuando su padre vino a morir; él era hijo único, y le fue necesario ir al V.’. de HELIÓPOLIS para poner orden en sus asuntos, pero la estadía en este V.’. no le convenía más; él resolvió franquear el gran elemento para dirigirse a la isla de Meroé, donde su tío materno era Primer decano de la Or5den. Bajo sus auspicios, él hizo todavía nuevos progresos en el arte sublime de nuestra institución, y en recompensa a sus laboriosos trabajos y altas luces, mi desgraciado esposo fue revestido con la suprema dignidad de G.’. C.’. y decorado con la gran estrella de Misraim.

Es en este momento que yo recibo el título de Gran Maestra y la gran estrella de adopción que tú ves brillar sobre mi pecho. Algún tiempo después yo tuve la felicidad de ser madre de este querido y tierno Lobatón que tú ves en mis brazos. Este suceso puso la cima del gozo en nuestros corazones, y nosotros vivimos en paz en el seno de la felicidad, el uno para el otro, no teniendo más que un mismo sentimiento. Mi esposo no se ocupaba más que de trabajar por la gloria del Todo-Poderoso, la prosperidad de la orden y el bien de sus semejantes; él era venerado por todos aquellos que lo conocían. Solo estaban los hombres de tinieblas, que buscaban siempre, pero en vano, entorpecer la marcha de sus trabajos científicos.

Ergamenes, soberano de Etiopía, buscó por mucho tiempo introducir innovaciones totalmente en contrario a los dogmas y principios de la institución. Viendo que él era rechazado por el Primer decano, y temiendo la influencia que él tenía en este país, él resolvió perderlo y destruir nuestra orden venerada en sus estados. A este efecto, él hizo venir en su ayuda un ejercito griego y puso en ejecución su horrible proyecto que lleva en este momento el duelo y la desolación en este V.’.

Ergamenes, ¡tú no gozarás el fruto de tus delitos! Los nombres de tus víctimas serán eternamente bendecidas y adoradas, mientras que el tuyo será una execración en toda la naturaleza, y particularmente `para los hijos de la luz que se sucederán de generación en generación!.

He aquí, mi digno H.’., el relato de todas mis desgracias. Cómo quieres que yo viva a estos dignos HH.’., a un esposo que yo quería y por el cual yo habría dado mil veces mi vida por conservarlo para la orden y para sus hijos!

Yo te suplico, Ill.’. H.’. que tomes cuidado de este joven lobatón al cual tú has salvado...

Yo te suplico, Ill.’. H.’. que tomes cuidado de este joven Lobatón al cual tú has salvado la vida; condúcelo a Canope en el dominio de mi padre, instrúyele de nuestro triste destino, y déjame precipitar en el gran elemento para terminar una existencia que me sería una carga”.

El sabio Tyras hizo todo por consolarla, leva el ancla, pone la vela, y por un tiempo favorable se aleja de la isla de Meroé, aprovechando la oscuridad de la noche.

Menevie, reflexionando sobre el consejo de su salvador, que ella debía vivir para su hijo, conjura al P.’. para que la lleve lo más rápido posible a su familia, y al mismo tiempo le solicita saber a quien ella debe tan insigne favor. Entonces, el P.’. se explica en estos términos: “Ill.’. Hna.’., yo doy gracias al Todo Poderoso de haberme hecho estacionar esta mañana en los parajes de Meroé, para conservar tus días y aquellos de tu Lobetón y tener la felicidad de llevarlos a vuestra familia; yo le doy gracias también de haberme preservado de una muerte segura. Yo me llamo Tyras, hijo del P.’. de este nombre, y descendiente del venerable Tyras, que fue el padre de los Tracios conocidos bajo el nombre de Tyritas o de Tyracetes. Yo soy del valle de Tesalónica, situado al fondo del golfo del mismo nombre. Mi padre, hijo de la luz como yo, disfrutó de una fortuna considerable; él es decano de nuestra orden en este país. Desde su juventud, el visitó los VV.’. de Egipto, de Caldea y de la tierra de Saba. Luego de haberme hecho subir los escalones de la primer y segunda serie de nuestra institución, él me instó a viajar para mi instrucción, y puso sus navíos a mi disposición. Este digno y respetable padre me hizo prometer retornar al seno de mi familia antes que pasen tres años, época en la cual él quería, dijo él, establecerme. He aquí que yo viajo más de dos años sobre la planicie líquida. Yo comencé por los VV.’. del Ática, del Mediterráneo, yo permanecí algún tiempo en aquellos de África y he venido a la tierra antigua de Misraim pasando por el Delta. Yo he visitado el templo de Canope, vuestra patria, y desde allá, yo me he dirigido a la célebre Memphis, y en todos estos VV.’. yo tuve la felicidad de obtener aumentos de salario. Es durante mi estadía en Memphis, en el seno del templo de la Sabiduría, que yo recibí el insigne favor de obtener el complemento de la cuarta serie de nuestra orden y el título de G.’. M.’. ad-Vitam 90º y último G.’. Saliendo de este V.’. me quedaba todavía un deseo a satisfacer antes de retornar a mis lares, aquel de visitar y conferencias con los dignos decanos de la orden que yo no oso nombrar. El destino ha querido otra cosa; que la voluntad del todo Poderoso sea cumplida!

He aquí, mi Ill.’. Hna.’. el corto relato de mi historia. Yo debo estimarme tres veces feliz de haber contribuido a vuestra conservación y aquella de vuestro Lobatón que, nosotros esperamos, llegará bajo tus auspicios y aquellos de vuestro digno padre, una de las fuertes columnas de nuestra orden, y que imitará en todo al autor de sus días”.

El trayecto de Meroé a Canope fue muy acelerado y muy feliz. Gracias al Eterno, Menevie y su Lobatón fueron llevados al seno de su familia por los cuidados del G.’. M.’. Tyras. El deplorable evento que se relató a su retorno fue pronto conocido, y llevó el duelo a Canope. Luego de tres tenidas de uso, conforme a los estatutos generales de la orden, Tyras recibió el título de G.’. C.’. delegado y la gran estrella de Misraim, en recompensa de su saber y de su bella conducta. Él puso enseguida la vela para retornar a sus tierras, prometiéndose pasar allí el resto de sus días.

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