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DE LA ORDEN MASÓNICA DE MISRAIM Desde su creación hasta nuestros días, de su antigüedad, de sus luchas y de su progresoOficial del Estado Mayor de la Armada Antigua, Por
MARC BEDARRIDE
Primer Gran Conservador de la Orden Masónica de Misraim para Francia,
Gran Dignatario de las Potencias Supremas de dicha Orden en diversos Reinos extranjeros,
Poderoso Gran Comendador de los Caballeros Defensores de la Masonería y poseedor de todos los Ritos
Traducida del idioma francés por el H.'. FIDUCIUS
ESTACION 10
DÉCIMA ESTACIÓN
El año del mundo 3405, Cambises, señor Persa, se casa con Mandane, hija de Astyage, rey de Media. Él tuvo un hijo llamado Ciri, que significa SOL: Astyage espantada por un sueño durante el cual veía a su nieto Ciro, venir a la cabeza de un ejército numeroso para desposeerlo, concibió el horrible designio de hacerlo perecer en una foresta vecina; mas por la gracia de la Providencia, este inocente fue salvado por los cuidados del P.’. Harpagus, que le confía secretamente a un pastor iniciado, que lo hizo educar en los principios de Misraim, dejando ignorar su nacimiento.
Ciro, este joven hijo adoptivo de la orden, hizo progresos inauditos en nuestras ciencias, y particularmente en el arte militar; a la edad de treinta y cinco años, la época de su triunfo había llegado: su nacimiento fue conocido. Él tuvo una participación considerable en el ejército, a la cabeza del cual estaba ubicado, y forzó a su abuelo Astyage, a reconocerlo y a darle la comandancia de todas sus tropas. Luego de muchas conquistas, él forma el reino de Persian, se hizo soberano y se convirtió al mismo tiempo en G.’.C.’. de la orden.
En 3447, él emitió un edicto a favor del pueblo de Dios, que estaba cautivo y dispersado en sus estados, y permitió al gran Zorobabel llamado Vassabasar, su nombre de Babilonia, hijo del P.’. Salathiel, masón distinguido, de hacer una elección entre los iniciados, hijos de Israel e ir a reconstruir en Jerusalén el augusto templo del Eterno. Él ordena poner a su disposición los objetos preciosos pertenecientes al templo destruido, que habían sido transportados de Jerusalén en sus Estados con los cautivos, y le hizo dar además unas sumas considerables, para sufragar las despensas de esta reedificación.
En 3468, llegado a Jerusalén, el primer objetivo de Zorobabel y de esta falange de masones, fue reestablecer el altar sagrado, ofrecer al Eterno, en signo de acciones de gracia, holocaustos, fervientes plegarias, y celebrar su santo nombre mediante himnos y cánticos, al son de los instrumentos de música, a fin de que él se digne permitirles continuar su obra sagrada y de cumplir sus votos; ellos pusieron enseguida manos a la obra, lanzaron los fundamentos de este edificio divino, y los trabajos se aceleraron con fuerza y vigor. Pero la intriga y las mentiras de los pueblos vecinos, enemigos de la luz, es lo que obligó a los masones libres a suspender sus trabajos.
El año del mundo 3475, Cambises, que no hay que confundir con Cambisos, su ancestro, sucedió a su padre Ciro. Él vino con un formidable ejército a apoderarse de Egipto, y lleva la desolación a esta tierra clásica e la masonería. Felizmente nuestros PP.’., decanos de la orden, prevenidos de su destino, tuvieron tiempo de salir de las Pirámides, disfrazados, y por un camino subterráneo llevaron con ellos todo lo que era de precioso y fueron a refugiarse unos en el templo de los maestros de los ángulos en el V.’. de Saba, otros en las cavernas situadas en los desiertos de la Tebaida (alto Egipto). El decano de la orden, antes de irse del santuario, y de partir de este lugar de la ciencia, no quiso dejar desierto estos monumentos sagrados, e hizo una elección entre los iniciados más jóvenes y más robustos así como entre los oficiales de todas las clases, los deja para guardar estos lugares y terminar las pruebas de aquellos que estaban comprometidos. El orgulloso y cruel Cambises, de dolorosa memoria para nuestra orden, luego de haber despojado todos los monumentos públicos, ni siquiera quiso respetar lo que el tiempo había respetado. A pesar de los ruegos de todos los iniciados que formaban parte de su ejército, él osó poner una mano sacrílega sobre estos edificios imponentes, maravillas del mundo, estas Pirámides, morada de los sabios donde reposaba el depósito de todos los conocimientos humanos, tesoros de nuestra institución. Él se apodera de todo aquello que quedaba y envía, cautivos a Babilonia, a sus habitantes y a todos los extranjeros que habían venido para recibir la iniciación o aumentos de salario, un número de los cuales eran iniciados de los que hablaremos a su tiempo. Quien se imagina la triste situación de nuestros PP.’. divididos en tres partes, la primera, aunque al abrigo de todas las vicisitudes en el V.’. de Saba, estaba en el más cruel dolor sobre la suerte de sus hijos; la segunda, errante de caverna en caverna, para sustraerse a todas las búsquedas de los hombres de tinieblas, derramaba lágrimas amargas sobre la suerte de sus HH.’. y dirigía fervientes plegarias al gran Jehovah para preservarlos de todo mal.
La tercera, a la cabeza de la cual estaba el decano, el sabio P.’. Abdallah, uno de los G.’. C.’. de las Pirámides, era conducido por una falange de soldados, tan cruel como su jefe, para ser transferidos a la gran Babilonia: este soportó con resignación estos trastos inhumanos que le hacían sufrir, y bien que, faltándole todo, estos dignos hijos de la luz, más tocados por los males de sus HH.’. infortunados, lloraban sobre sus aflicciones y dirigían oraciones al Eterno para su seguridad.
Aunque los iniciados de la antigua tierra de Misraim estaban hundidos en un tan profundo dolor y que el fuego sagrado, en esta región, no fue más alimentado que un pequeño número de elegidos, escapados de las manos profanas, ocultados en subterráneos, ellos soportaron con perseverancia todas las privaciones de la vida, y permanecieron fieles a sus principios, como a sus juramentos. Los PP.’. de otras regiones no cesaban de alimentar el fuego sagrado y hacían prosperar nuestra institución.
Cambises, orgulloso de su triunfo en Egipto, quiso ir a subyugar Etiopía, marcha a pasos de gigante con su ejército a esta región: pero el valor y el coraje de nuestros PP.’. de este lugar le demostraron bien pronto que él no podía cuidar su salud sino mediante la fuga, porque ya una gran parte de sus Falanges habían perecido: es entonces que una pronta retirada quita a este hombre de tinieblas de este pacífico país; él muere en el V.’. de Ecbatana, a consecuencia de una caída del caballo.
A ejemplo del gran Ciro que había protegido a los hijos de Israel, el sabio Darío, uno de los GG.’. CC.’. de nuestra orden, emitió un nuevo edicto a su favor, protege a Zorobabel y los suyos, y contribuye poderosamente a la erección del templo de Dios que, por segunda vez, fue acabado y consagrado con pompa y magnificencia. Aunque los elegidos de Israel pudieron dedicarse con júbilo al ejercicio de sus piadosas funciones, ellos no estaban menos en la tribulación y el temor de ser sorprendidos por el enemigo, debido a que la triste Jerusalén estaba abierta por todas partes.
Sin embargo fue necesario permanecer en esta situación hasta la época en la cual el piadoso Nehemias G.’. C.’., que estaba en gran favor en la corte de Artajerjes, rey de Persia, solicitó y obtuvo el favor de sus bondades fraternales el permiso de ir a reconstruir las murallas de Jerusalén.
Este sabio y digno rey hizo más, él nombró a Nehemías gobernador de la Judea, lo llena de riquezas y de honores, y contribuye con todos sus medios al restablecimiento de la ciudad de sios. Nehemias, llegado a Jerusalén, no comunica su proyecto sino al P.’. decano de la orden, para tener tiempo de asegurarse por sí mismo, sin ser conocido, las disposiciones para efectuar su misión sagrada. Luego de haber hecho una elección de jóvenes más valientes, él designa una parte para poner manos a la obra y la otra para rechazar según las necesidades los ataques de sus enemigos. La obra fue comenzada; los pueblos vecinos, hombres de tinieblas, se coaligaron para venir a sorprender Jerusalén sobre diversos puntos, a fin de paralizar sus trabajos; pero, gracias al Todo Poderoso, ellos fueron rechazados vigorosamente por los masones libres, y fue entonces que los obreros redoblaron su celo y perseverancia. Armados con una espada y una trulla, ellos combatían con una mano y trabajaban con la otra.
Los muros de Jerusalén fueron restablecidos bajo la dirección de los GG.’. CC.’. Nehemias y Esdras que tanto contribuyeron al esplendor de nuestra Orden. El fuego sagrado, que había sido ocultado por el Vidente Jeremías, fue reencontrado, y todos los hijos de la luz estuvieron en el más grande gozo! Nuestra institución prospera de nuevo en este país; durante este período de años, el pérfido Aman había concebido el deseo de perder a los hijos de Israel que vivían el V.’. de Susa; su proyecto falló por la voluntada divina que se sirvió de la célebre Gran Maestra Esther para hacer conocer al G.’. C.’. y rey Asuero la perfidia de Aman: es entonces que Mardoqueo fue llamado a los grandes honores para reemplazarlo y es elevado al primer rango después del sabio Asuero.Pitágoras, hijo de Mnemarchus, uno de los más grandes genios que han aparecido en el mundo, era a la edad de quince años un joven fuerte y robusto; él se dedica a los torneos de fuerza y destreza y adquirió un renombre en la profesión de atleta; a los diecisiete años él fue admitido e participar en nuestros misterios. Muy laborioso y elocuente, él se hizo notar entre sus iguales, y el P.’. Ferécides, habiendo reconocido en él todas las disposiciones de un sabio, lo admite en el número de sus discípulos: él no tarda en convertirse él mismo en un segundo maestro. Enseguida este hijo de la masonería viaja a Grecia, a Fenicia, a Judea y a Egipto, acompañado del H.’. de confianza Zamolxis que se hizo su discípulo, y luego su igual en dignidad. Pitágoras conversa con todos los sabios de los diversos VV.’. que él había visitado, y fue en el seno de las Pirámides que él obtuvo el alto favor de G.’. C.’. delegado, y que él fue decorado con la gran estrella de Misraim. De estos monumentos antiguos y sagrados, Pitágoras fue transferido a Babilonia con los habitantes de estos lugares por las tropas del cruel Cambises; es en este gran V.’. que él se perfecciona en las ciencias ocultas y abstractas de nuestro arte, bajo la dirección de los decanos de nuestra institución, entre los cuales figuraban en primer lugar célebres P.’. israelitas.
De retorno en Grecia, Pitágoras visita diversos VV.’. y llega a Samos, lugar de sus primeros estudios; pero viendo que su voz no era escuchada, y disgustado de los principios de los habitantes de este país, él tomó el partido de embarcarse para atravesar el mar Adriático y dirigirse a la orilla de la Magna Grecia, con la esperanza de encontrar en estos lugares un V.’. propicio para asentarse, sobre todo teniendo en cuenta lo que había aprendido en Caldea, por un discípulo del P.’. Democede, famoso médico de Crotona, que existía en este V.’. un templo Misraimita donde su maestro había recibido la luz; este templo había sido fundado por el célebre iniciado Remais, del V.’. de Saba.
En 3500, llegado al V.’. de Crotona, Pitágoras fue recibido según su rango y dignidad por los hijos de Misraim; ellos fueron tan maravillados de su persuasiva elocuencia, que ellos lo instaron a permanecer en medio de ellos, y que ellos se sentían tres veces felices de ser contados en el número de sus discípulos.
Este célebre G.’.C.’. movido por una acogida tan fraternal, y prefiriendo asentarse sobre la orilla de la pradera líquida, más que en el centro de Italia, para poder corresponder más fácilmente con los iniciados de diversos VV.’. con los cuales él estaba en relación, acepta el ofrecimiento tan fraternal que le habían hecho y se asienta en el V.’. de Crotona, donde él estableció la sede de su potencia.
Asistido por el Ill.’. P.’. Bardi, Pitágoras hizo una elección entre los iniciados de este país, les acuerda aumentos de salario, forma las clases superiores, eleva templos a la gloria del Todo Poderoso en los VV.’. de Metaponte y de Tarento, y tuvo un gran número de discípulos que se hicieron famosos, conocidos en el mundo profano bajo el título de Pitagóricos o de la secta italiana fundada por él. Su saber y su brillante genio se esparcieron bien pronto sobre todos los puntos del triángulo; así los aficionados a las ciencias acudieron a él de todas partes para solicitar a este digno S.’.G.’.C.’., unos la iniciación, los otros pedían aumentos de salario, para r etornar luego a enriquecer sus VV.’. respectivos. En fin, este digno hijo del P.’. Mnesarco hizo todo por la gloria del Todo Poderoso, el mejoramiento del género humano y el esplendor de nuestra institución. Su voz no era escuchada por los hombres de las tinieblas que ponñían en obra toda especie de maquinaciones para poder dañar su reputación y su gloria, hasta el punto de cargarle a cuestas mil absurdidades sobre su conducta y hasta hacerlo pasar por brujo, diciendo que de tiempo en tiempo él iba a visitar a los infiernos y conversar con sus habitantes. Todas estas diatribas no tardaron en llevar sus frutos amenazando con los más funestos resultados. Las mujeres de la época, fáciles de creer todo lo que se había dicho de supersticioso e de ignorante, sintieron odio por Pitágoras, este hombre justo, sabio y vistuoso, así como por sus discípulos, y alcanzaron el objetivo que ellas se habían propuesto que era el de perder y dividir a sus seguidores.
Un día que este célebre S.’.G.’.C.’. salía pacíficamente de su morada para ir sin duda, a contemplar y estudiar las bellezas de la naturaleza, él fue asaltado por una cohorte de estos miserables hombres de las tinieblas, que ayudados por las mujeres, lo hicieron pedazos. El templo fue cerrado, los seguidores de este gran hombre, nuestrosd HH.’. asaltados por todos lados, se retiraron en sus moradas a excepción de un pequeño número que se oculta y alimenta secretamente el fuego sagrado, de un común acuerdo con la célebra gran maestra Damo, hija del desafortunado Pitágoras, muy erudita en la ciencia sagrada de nuestra arte; esta ilustre hermana no quiso jamás caer en los nudos del himeneo para permanecer libre y dedicarse enteramente a las meditaciones de las obras de la naturaleza y ejercer el sacerdocio de la orden.
Al fin la verdad confundió al error y la mnentira; la inocencia de Pitágoras fue reconocida, se lo llora, se lo lamenta, mismo se lo venera, y el templo fue de nuevo abierto; sus seguidores nuestros Ill.’. HH.’. ejercieron libremente nuestra sana doctrina y el Todo Poderoso bendij sus trabajos.
Zamolxis, Gete de origen, enviado por su padre cerca de su tío que habitaba en la isla de Samos, fue tomado durante la navegación por un pirata, vendido a los mercaderes, conducido a Grecia, donde él fue liberado por Pitágoras que lo tomó a su servicio, y reconoció en él las disposiciones necesarias, lo inicia en nuestra orden y lo hace su alumno; luego él lo lleva con él en sus viajes, y Zamolxis no tarda, bajo un tan hábil maestro, en ahcer progresos en el arte que nosotros profesamos y a dar las más bellas esperanzas a su superior.
Llegado a Egipto, y durante su estadía en las Pirámides, él da testimonios inequívocos de su sabiduría y talentos; él recibe la recompensa, y el decano de la orden le otorga sucesivamente aumentos de salario justamente merecidos. Zamolxis fue llevado con los habitantes de las Pirámides por las falanges de Cambises en la gran Babilonia. Es en este célebre V.’. que este hijo de Misraim da tantas pruebas de saber y se perfecciona que llega, al mismo tiempo que su liberador y su maestro, a la cima de la escala misteriosa, que él fue nomrbado G.’. C.’. delegado y decorado con la gran estrella de Misraim.
Munido del poder de la Orden, Zamolxis retorna a su lugar de nacimiento, construye un templo subterráneo en saud dominios, donde el hizo su residencia; él eligió entre sus contemporáneos profanos para iniciarlos; el otorga también aumentos de salario a los HH.’. que estaban esparcidos en este país, civiliza a los habitantes, y se inmortaliza por su alta erudición. Sus discípulos se hicieron célebres y Zamolxis, luego de su muerte, fue venerado por los pueblos Getes y los Tracios.
Es en esta misma época que el P.’. David-Fermo, del V.’. de Padua, luego de haber ascendido progresivamente la primer y segunda serie de nuestra orden, avido de instruirse, y habiendo oído por comentarios del renombre de la sabiduría de los iniciados de la región de Crotona, tomó la resolución de llevar sus pasos a este bello país para fortificarse en la parte científica de nuestra institución. Poco tiempo necesitó el H.’. Fermo, para llegar a la cima de este árbol majestuoso y gustar de su fruto saludable que da al iniciado la inteligencia necesaria para leer con entendimiento en el gran libro de la Sabiduríua. Fermo, revestido de la sublime dignidad de G.’.C.’., retorna a su morada, y conjuntamente con los OPP.’. de este lugar, él se dirige al V.’. de Rialte, y estableció un C.’. G.’. para regir los trabajos Misraimitas, ubicados bajo su preponderancia. Es del seno de este C.’. que salieron en diversos períodos, iniciados todos que contribuyeron a la propsperidad y al esplendor de la orden en diversos países de Italia.
E$s además en este siglo que fueron delegados los PP.’. Admatha de Susa, en las Indias; Abdemelech el Etíope, en la China; Cerbés-Theódoric el Egipcio, en la Suecia; Miza de Iphan, en la Persia; Myer de Cordoé, en Holanda; Hilikas el Asirio, en el Asia; Addo de la Judea, en la Liguria y la Etruria, y que se queda en Roma; Bédarid descendiente de Bédari de Cariath-Arbé, en Etiopía; León-Faro descendiente de Faro de Courcière, en Alemania y Rusia; Cabot, el Africano, en las islas Afortunadas, descubiertas por Cabot, su ancestro, quien había alumbrado el fuego sagrado sobre los altares elevados a la gloria del gran Jehoivah (país llamado luego Islas Canarias). Llegado a este V.’. el P.’. Cabot no encontró m,ás que hijos de luz poseyendo solamente los grados inferiores de la serie simbólica. Su primer objetivo fue el de reunir las piedras preciosas de estos lugares, cobnstruir un templo subterráneo y organizar las clases superiores de nuestra orden, de la que él fue G.’. M.’.
Este digno P.’. se queda en estos lugares y ejerce el sacerdocio con sabiduría y dignidad. Sus retoños y fieles discípulos lo imitaron en todos los puntos, y nuestra sana dotrina fue en gran veneración en estos VV.’. Durante el mismo siglo Elphaal, en parte nieto del P.’. Saharim de Judea, fue delegado en la Media. En los VV.’. de Armenia donde él contribuyó poderosamente al esplendor de nuestra orden, y, por su celo, sus trabajos y su saber. Devino G.’. M.’.. Sus discípulos fueron masones muy esclarecidos y marcharon sobre sus pasos: el P.’. Albini, del V.’. de Partenopé, que su padre había enviado a Egipto, para instruirse, recibió la iniciación en el V.’. de Sais, y por sus felices disposiciones dando tantas opruebas de sabiduría y talento que él fue promovido sucesivamente al 66º grado; él pasa a la Caldea donde permanece durante tres años en el gran V.’. de Babilonia, e hizo progresos inmensos en los altos conocimientos masónicos, y reconocido capaz de figurar en el porimer rango, el fue llamado a la sublime dignidad de G,’, M.’. 90º y último grado.
Enseguida él se dirigió al V.’. que lo había visto nacer, gozando este iniciado de una fortuna considerable; el único objeto de sus ocupaciones era el de trabajar constantemente por la prosperidad de la orden y el bien de sus semejantes.