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DE LA ORDEN MASÓNICA DE MISRAIM
Desde su creación hasta nuestros días, de su antigüedad, de sus luchas y de su progreso

Por

MARC BEDARRIDE

Oficial del Estado Mayor de la Armada Antigua,
Primer Gran Conservador de la Orden Masónica de Misraim para Francia,
Gran Dignatario de las Potencias Supremas de dicha Orden en diversos Reinos extranjeros,
Poderoso Gran Comendador de los Caballeros Defensores de la Masonería y poseedor de todos los Ritos


Traducida del idioma francés por el H.'. FIDUCIUS

ESTACION 07

SÉPTIMA ESTACIÓN

Homero, nativo de Esmirna, tuvo la desgracia de perder a su padre en su más tierna infancia. Algún tiempo después, Criteis su madre, se casa con el P.’. Pronopide, célebre profesor de bellas letras y de música y G.’. C.’. de nuestra orden. Él adopta a Homero como su hijo, y luego de haber reconocido en él excelentes cualidades, y una gran disposición por todas las ciencias humanas, lo hizo iniciar en calidad de Lobatón, y pronto este joven adepto hizo inmensos progresos.

Homero siempre ávido de adquirir nuevos conocimientos y viendo que para llegar, era necesario aproximarse al gran hogar de las luces y llevar sus pasos a la tierra clásica de las ciencias y de las artes, resolvió dirigirse a Egipto; pero era necesario esperar el momento propicio. Por una feliz casualidad, sus deseos fueron pronto cumplidos: el P.’. Mentés, G.’.M.’. de nuestra orden, de los VV.’. de Lucade, propietario de una embarcación que navegaba en estos parajes, vino a dirigirse a Esmirna, donde él residió algún tiempo por sus asuntos profanos. Este Ill.’. P.’. habiendo tenido conocimiento de las intenciones de Homero, se ocupa de proponerle de llevarlo a la tierra antigua de Misraim, para visitar los famosos monumentos de nuestra institución. Todo fue convenido entre los dos Hijos de la Luz. Homero puso orden en sus asuntos, y pleno de júbilo, se embarca, enteramente tranquilizado sobre el éxito de su gran proyecto, apoyándose completamente en las promesas de Mentés.

Bien pronto se pierden de vista las costas de Esmirna para no percibir más que el plano líquido y la bóveda azulada. Es entonces que nuestro sabio viajero sumergido en sus meditaciones, elaboró los primeros elementos que han servido de base a sus inmortales obras, con las cuales enriqueció a la posteridad. Luego de haber recorrido los parajes del Asia menor y casi todo el mar del Levante, la nave llegó al puerto de Canope, situado en el Delta. El primer deseo de los dos viajeros fue el de visitar a los decanos de nuestra orden, quienes los acogieron con el más grande gozo y los reconocieron en sus grados y dignidades; los felicitaron por su saber e hicieron reunir las diversas clases de la orden para recibirlos en el templo de la sabiduría lo más dignamente posible.

Varios días se fueron en la más grande felicidad; enseguida ellos se dirigieron a la célebre Memphis y dirigieron sus pasos hacia la gran Pirámide.  Cual no fue su asombro al observar este monumento maravilloso y de eterna memoria, morada de los dignos seguidores de Misraim.

Llegados a la entrada de este lugar, su emoción fue mucho más grande todavía y viendo avanzar hacia ellos a tres PP.’. armados, de los cuales el más anciano le dice con una voz imponente: “Extranjeros, quienes son ustedes? ¿Han cumplido las condiciones exigidas para pretender la entrada a estos lugares? ¿O bien vienen ustedes para solicitar la iniciación a nuestros augustos misterios?
Luego los dos HH.’. se pusieron a la orden.
El Ill.’. Homero declinó su nombre, aquel de Mentés y aquél de su patria, diciendo: que hijos de la viuda y deseando adquirir nuevas luces, ellos estaban determinados a emprender este largo viaje, atravesar el mar, a enfrentar los peligros que parecían querer oponerse a su pasaje, y así privarlos de venir a visitarlos, admirarlos, felicitarlos sobre sus altos conocimientos, y tener el insigne favor de solicitar de su benevolencia fraternal un aumento de salario, si ellos los juzgaban dignos.

“Oh dignos sucesores del gran Misraim, nuestros HH.’. y nuestros superiores, les dijeron ellos: por gracia, abridnos las puertas sagradas de vuestro santuario; haced brillar a nuestros ojos esta impactante luz de la verdad, y dignarse hacernos participar en los altos conocimientos de la naturaleza, a fin de que a nuestro turno podamos transmitirlos a aquellos mortales dignos de figurar delante del tabernáculo de la salud.

Inmediatamente reconocidos en sus grados y dignidades, ellos fueron introducidos en el santuario, donde el decano de la orden los recibió con alegría y la más perfecta fraternidad.

Nosotros debemos pasar en silencio la recepción de estos dos dignos HH.’.  en las clases respectivas a las cuales ellos pertenecían, y los exámenes rigurosos que ellos fueron obligados a sufrir para llegar al hecho de la iniciación.

El decano de la orden, siguiendo el impulso de su propia sabiduría y queriendo asegurarse si estos HH.’. viajeros eran aptos para subir el último escalón de la escala misteriosa, y para poseer el complemento de la serie cabalística de nuestra institución, los sometió a pruebas de ayuno y de temperancia, entre otras aquella de la castidad, a la cual ellos fueron dejados en un lugar de delicias, frente a jóvenes sacerdotisas de una rara belleza, de un espíritu sutil y gozoso, empleando todos los medios para hacerlos sucumbir. Pero los hijos de la luz, cuyo espíritu y corazón estaban penetrados de las obligaciones que nuestros deberes imponen, supieron resistir a todo, y salieron victoriosos del gran crisol de la purificación. Así recibieron ellos la más alta recompensa, aquella de ser revestidos de la eminente dignidad de GG.’. CC.’. delegados; Mentés para los VV.’. de la región de Lucade, Homero para aquellos del Asia menor, dignidad que estaba vacante desde la muerte de su digno padre adoptivo.

Luego de haber recibido las instrucciones particulares, relativas a su misión, y haber sido felicitado por los habitantes de las Pirámides, los dos iniciados salieron de la morada de los sabios, radiantes de nuevas e impactantes luces. Llegados a la gran avenida que conducía a Memphis, ellos elevaron sus miradas hacia el firmamento, y exclamaron al prosternarse:

“Oh Todo Poderoso Eterno! Nosotros nos inclinamos delante de tu sabiduría infinita, que ha creado todo y que conserva todo, y te agradecemos por las expresiones contenidas en los números misteriosos de nuestra orden, tu obra, de haber guiado nuestros pasos en este augusto monumento erigido a tu gloria, cuyos habitantes te rinden tres veces cada día sus acciones de gracia, cantando tus loas y publicando tus maravillas!
“Oh Motor de todas las cosas! Dígnate permitir a tus humildes servidores, propagadores de tu santa ley, de regresar a sus dominios; acuérdales el entendimiento necesario para que ellos puedan cumplir dignamente las altas misiones que se les ha confiado, seas siempre su guía, su fuerza y su escudo!
All.’. All.’. All.’. “

Enseguida, ellos salieron respetuosamente de la gran Pirámide y se pusieron en marcha; ellos visitaron además diversos VV.’. célebres de esta región y se embarcaron para retornar a sus moradas. Durante el trayecto, ellos fueron contrariados por los elementos que, tanto los enviaban hacia el oriente de donde salieron, o hacia el occidente, tanto hacia el sur, o hacia el septentrión, al punto que parecía que el navío iba a ser engullido en un abismo, como si el Eterno les hubiera reservado esta última prueba para asegurarse de su firmeza.

Pero estos célebres masones llenos de confianza en la misericordia divina, permanecieron sin inquietarse en medio de los furores del oleaje, persuadidos que el Todo-Poderoso los preservaba de todos los peligros; finalmente la calma se restableció; se encontraron entonces a la altura de Itaca, y como la salud del P.’. Homero estaba gravemente alterada tanto por las fatigas del viaje, como por las privaciones de todo tipo que ellos habían tenido que soportar en las Pirámides, las profundas meditaciones a las cuales había estado obligado a dedicarse para llegar al conocimiento de los jeroglíficos, y por sobre todo, la agitación ocasionada por esta furiosa tempestad, es que él se había puesto fuera de estado para soportar la navegación, el P.’. Mentés se determina entonces a entrar al puerto de Itaca, a fin de poder darle algún reposo a su amigo. Apenas ellos pusieron pie en tierra que fueron rodeados por muchos habitantes de esos lugares, que le preguntaron el objeto de su desembarco; ellos les hicieron conocer entonces la indisposición grave de su compañero, les pidieron indicarles una hotelería donde poder ser recibidos convenientemente; él no había terminado de hablar cuando un anciano venerable llamado Mentor, uno de los principales funcionarios de este país, que había reconocido la vestimenta de iniciado, y la gran estrella de Misraim suspendida en su pecho, hizo el signo de reconocimiento, le dio el beso fraternal, y le dijo: “Extranjero, mi H.’. y mi superior, no te inquietes por la hotelería, mi morada es la tuya y aquella de tu compañero. Vengan a tomar parte de mi hogar y compartir mis materiales, como sería, si el destino llevara mis pasos a vuestros dominios”. El signo misterioso fue intercambiado de uno al otro, como marca de reconocimiento y de satisfacción; el G.’.C.’. fue inmediatamente desembarcado, y transportado sin conocimiento, al más bello apartamento del P.’. Mentor, donde todos los cuidados le fueron prodigados. Homero se durmió profundamente, y sus sentidos agitados se calmaron. Al despertarse, él se maravilló al ver en su nueva morada, sobre un pedestal, a su derecha, el busto del gran Misraim, y a su izquierda, aquel de la célebre Isis, y una infinidad de otros, de iniciados de la antigüedad masónica: lleno de gozo , él lleva los ojos y las manos hacia el cielo, y exclama: “¡Qué veo, gran Dios! ¡yo te agradezco de haberme dado un asilo en la morada de los sabios!”.

Al mismo instante, el venerable Mentor que lo observaba sin ser visto, se aproxima a su cama, y le dice con una voz emocionada, presentándole la mano: “tranquilízate, mi digno H.’., tú estás en la casa de un hijo de la viuda, discípulo de Misraim; dispone de su fortuna como de la tuya, no te inquietes por nada, no pienses más que en tu restablecimiento, y el Todo Poderoso hará el resto”.

Durante este momento, el más hábil médico del V.’. visita al enfermo, le prescribe algunos medicamentos para aliviarlo y luego de haberlo atendido, él declara que los conocimientos médicos de Homero eran muy superiores a los suyos, y que él lo reconocía por su maestro. Los hijos de la luz de este lugar vinieron todos los días a ofrecer sus homenajes a los GG.’. CC.’.

Mentés, que sus asuntos profanos le aguardaban en su morada, pidió permiso a sus HH.’. recomendándoles a su amigo, prometiendo volver lo más prontamente posible para llevarlos a su patria; él se puso entonces a la vela.

Homero permanece entonces en este V.’., esperando el retorno de Mentés. Aunque en el seno de la felicidad, él estaba impaciente de ver venir el navío que traía a su amigo; en fin no fue sino luego del tercer día del cuarto mes del mismo período, que él había llegado a esta ribera, que Homero percibió en la lejanía la insignia del V.’. de Lucade: al instante el venerable Mentor hizo reunir a sus discípulos para ir a recibir dignamente a aquel que le debía el favor de poseer a Homero.

Nosotros pasamos en silencio todo lo que nuestros GG.’. CC.’. hicieron de bueno, de glorioso y de útil para la orden, durante su estadía en esta región. Ellos se fueron dejando felices recuerdos, llevándose los saludos y la veneración de sus habitantes, y particularmente de los hijos de Misraim. El navío costea las orillas del Peloponeso, de Collofabe, y llega felizmente a Esmirna, donde los dos delegados se separaron para cumplir, cada uno la alta misión que les había sido confiada: Homero fue a visitar diversos VV.’. ubicados bajo su preponderancia yendo al V.’. de Yo donde él termina su carrera, en 3084, dejando documentos que lo han inmortalizado. La vida de este gran hombre es tan conocida en la historia profana que en las tradiciones masónicas.

El año del mundo 3090, Emmer, descendiente de la familia sacerdotal de este nombre, y G.’.C.’. delegado, dirigió sus pasos de la Caldea a la Italia, desembarcando sobre la rivera de Parténope; él hizo numerosos discípulos, y se dirigió hacia el bello V.’. de Alba, donde él encuentra iniciados, trabajando en los templos subterráneos construidos por los descendientes de Eneas.

Emmer, penetrado por la más grande veneración por este célebre príncipe y masón Troyano, solicitó y obtuvo del decano de la orden de este lugar, el favor de burilar sobre sus tabletas el resumen de la historia de este valiente capitán, y sabio G.’.C.’., trazó a continuación del presente y concebido en estos términos: El año del mundo 2751, la famosa V.’. de Troya poseía en su seno al sabio e inteligente Anquises, G.’.C.’. de nuestra Orden, hijo del P.’. Assaracus, nieto del célebre Dardanus quien, luego de la ruina de Troya y el tratado establecido con los Griegos sobre la plataforma del monte Ida, se embarca con toda su familia y los restos de los Troyanos comandados por Eneas, su hijo; él se dirige sobre las costas de Italia, llega a la ribera de los Aborígenes, Habiendo encontrado esta localidad propicia, él se estaciona y forma, con los restos de sus navíos, habitaciones para sustraerse a la intemperie del aire.

Latinus, soberano de este país, informado del desembarco de Troyanos, envía embajadores que hicieron alianza con Eneas. Anquises, S.’.G.’.C.’., inicia a Latinus en nuestra institución; y, ligados por el juramento fraternal, los dos pueblos marcharon de común acuerdo y se prestaron una mutua asistencia.

Desde este instante Eneas fue proclamado por su digno padre S.’.G.’.C.’. para toda la extensión del terreno que los generosos Aborígenes le habían cedido.

Latinus, ocupado en una guerra con sus vecinos, invita a Eneas, tras su tratado, a abrazar su causa. Esta guerra terminó bien pronto, y la paz concluyó con ventaja de los Aborígenes. Latinus, que había reconocido en Eneas las cualidades de un gran hombre, le d a su hija Lavinia en matrimonio. La ciudad,

La ciudad, cuyos fundamentos habían sido echados por los Troyanos, fue acabada y denominada LAVINIUM.

Es en este período que el digno y sabio P.’. Anquises se durmió con sus padres, dejando por todas partes donde él había estado recuerdos memorables de su saber, tanto profano como masónico.

Luego de la muerte de Latinus, Eneas, su yerno, le sucedió en sus grados y dignidades. Los Troyanos y los Aborígenes no formaron más que un solo pueblo, que se denominó el PUEBLO LATINO.

Los vecinos de este pueblo, celosos del saber del célebre Eneas y de la prosperidad de sus estados, le declararon la guerra.  Esta se realiza con encarnizamiento tanto de una parte como de la otra.  En esta memorable circunstancia, Eneas da pruebas de sabiduría y de valor, y en una lucha notable para la ventaja del pueblo Latino, él sucumbe gloriosamente, llevándose la veneración de los suyos y asimismo la de sus enemigos.

Euryleón, su hijo, le sucede en sus grados y dignidades. El fue llamado Ascagno. Él construyó el G.’. V.’. de Alba, no lejos de aquel de Lavinium, en la situación más benigna. Fue este bello V.’. que más tarde dio nacimiento a otro más grande y más célebre.

Ascagno hizo florecer nuestra Orden, que se propaga en diversos VV.’. de Italia y de Germania.

Más tarde, Rómulo, último retoño del P.’. Eneas y de la raza del célebre Dardanus, funda Roma que se convierte en la capital del mundo. Rómulo no tuvo hijos varones, y la raza de Dardanus se extinguió con él. El P.’. Emmer visita aún muchos VV.’. y deja recuerdos memorables y retorna a su patria.

En el año del mundo 3095, Emmelias, descendiente del P.’. Emmelias, Troyano, G.’. C.’. de los VV.’. de las Indias, fue delegado en la Ligurias, y alimenta el fuego sagrado y forma nuevas clases masónicas en este país. Inmediatamente después él lleva sus pasos a Escandinavia, y establece nuestra antigua y sublime institución; y es a los cuidados de este digno P.’. que los masones Escandinavos deben la felicidad de poseer el fuego sagrado.

El P.’. Rémais, un Etíope rico y opulento, G.’.C.’. de nuestra Orden en el V.’. de Saba, tuvo un hijo único que él hizo elevar en la doctrina de Misraim. A la edad de 21 años, este Lobetón devino tan profundo que el obtuvo el Grado 77 y fue decorado con la Estrella del Gran Misraim. En 3140, este P.’. concibió el deseo de hacer viajar a su hijo sobre diversos puntos del triángulo, donde nuestra institución se había aclimatado, a fin de conocer estas localidades y estudiar las costumbres y los habitantes de sus pueblos.

Dos años habían apenas transcurrido que el joven Rémais había ya visitado las bellas VV.’. de Tebas, Memphis, Heliópolis, Sais, Canope y muchas otras del Archipiélago y de la Grecia. En todas partes él había sido acogido fraternalmente por los decanos de nuestra Orden. Luego de haber recibido el fruto de sus meditaciones y de sus trabajos, él se embarca para Italia, deseando visitar este bello país, y desde allí retornar al lugar que le había visto nacer. Encontrándose en el mar Jónico, una terrible tempestad empuja al buque hacia el golfo Adriático, a la entrada de la noche; este naufraga, el equipaje perece, Rémais solo se salva como por un efecto de la Providencia, permaneciendo aferrado a un resto de su barco justo hasta la salida de la aurora. Un navío destinado al V.’. de Córcega, que la impetuosidad de las aguas había arrojado al mar Adriático, descubrió el naufragio, y el capitán se ocupa de darle socorro; y gracias a la misericordia divina, el hijo de la luz fue arrancado de un peligro inminente y conducido a bordo del navío. Cuando Rémais estuvo sobre el puente, él se prosternó ante la bóveda azul y dirige una invocación al Eterno para agradecerle el haberlo preservado de una muerte segura. Inmediatamente él hizo el signo misteriosos y agradeció a sus liberadores. Un anciano venerable, que era pasajero sobre el navío, habiendo observado el signo místico, se le aproxima, y le tiende la mano en signo de fraternidad. Cual fue el gozo de Rémais al reconocer en este venerable anciano al G.’. C.’. Anasth-Ismael, del V.’. de Córcega, que tres años antes había visitado el templo sagrado del V.’. de Saba. Estos dos hijos de la luz, plenos de satisfacciones de un tan feliz reencuentro, se hicieron recíprocamente una descripción de sus viajes. Tras lo cual el digno Anasth-Ismael le dice a Rémais que lo siga a su hogar, asegurándole que desde allí podrá volver a su patria, y que además él estará encantado de presentarle a su familia, ya que él mismo había tenido el favor de ser acogido fraternalmente por su digno padre en su visita al V.’. de Saba. El navío atracó en una de las islas de los parajes de Adria, convertido más tarde en el más bello barrio de Venecia.

Mientras el capitán hacía algunas reparaciones a su barco, estos iniciados se dirigieron al V.’. de Padua, donde ellos fueron recibidos por los discípulos de Misraim de la manera más fraternal; por eso ellos recibieron su recompensa. El G.’. C.’. hizo una elección entre ellos, los crea y proclama Grado 77 D.’. de la Orden, y constituye un Consejo General para este serie, el cual, más tarde, da nacimiento a otro Consejo que fue fundado en el V.’. de Rialto, convertido más tarde la sede la Potencia Suprema de la Orden para todos los VV.’. de esta región.

Rémais fue promovido y proclamado por el G.’. C.’., Grado 87 en recompensa a sus trabajos y altos conocimientos masónicos.

Pocos días después nuestros dos viajeros pidieron permiso a estos HH,0, y se dirigieron a bordo del navío que se lanzó a la vela, por un tiempo muy favorable, hacia el V.’. de Córcega, término de los viajes del P.’. Anasth-Ismael.

Llegado a la morada de este G.’. C.’., Rémais fue lleno de admiración y de respeto al verlo abrazado fuertemente, uno por uno, en los brazos de su esposa y de sus hijos que vertían lágrimas de alegría al volver a ver al único objeto de sus esperanzas y de sus afectos! Este H,’. Presenta a su familia a su compañero de viaje, y los invita a considerarlo como su segundo hijo y a tratarlo como tal. La acogida que estos dos discípulos de Misraim recibieron en el templo de la sabiduría de este V.’. está más allá de toda expresión.

David-Faro, sabio Israelita, G.’.C.’. de la orden de esta región, los cumplimenta y felicita al P.’. Anasth-Ismael, sobre las altas luces y las nuevas dignidades que él había adquirido en estos viajes.

Por un efecto del azar, era entonces la época de la fiesta, llamada DEL REPOSO DE LA NATURALEZA. Ella era celebrada en adopción, presidida por la Muy Ilustre Hermana, Esther-Faro, Gran Maestra, dotada de cualidades tan raras, que a justo título, se la podía asimilar a la célebre Esther de Susa. El gozo más perfecto reina entre los hijos de Misraim, en esta solemnidad, que termina con obras de beneficencia.

El Eccl.’. H.’. Rémais, aunque en el seno de la felicidad, estaba impaciente por retornar a su morada; pero por otra parte, él sentía que se iría con dolor de una familia que lo había  recibido como a su propio hijo, lo que le hizo decir a veces: “¡Porqué no será Córcega mi patria!

Algunos meses pasaron sin ninguna ocasión se presentase para ir a Egipto, cuando un navío conducido por un capitán Etíope, entra en este puerto, e informa a Rémais que su digno padre habia terminado su carrera desde hacía más de un año, y que como él era hijo único, y sin parientes, el P.’. Aiam, que lo había reemplazado en sus grados y dignidades masónicas, había sido nombrado tutor y gerente de sus bienes hasta su retorno.

Esta triste novedad hunde en el más vivo dolor a Rémais, pero la familia del P.’. Anasth-Ismael, y todos los hijos de la Luz de estos lugares, fueron todos a consolarlo.

El G.’.C.’. que estaba infinitamente junto a este H.’. , y habiendo percibido que él no veía con indiferencia a su hija Amatho, le propone su mano, si él quería habitar en Córcega, considerándolo a él como a un segundo padre. Rémais acepta esta propuesta tan fraternal y este himeneo tuvo lugar en el Templo de la Sabiduría donde todos los iniciados tomaron parte en su felicidad.

Sobre la proposición del P.’. Anasth-Ismael, y todas las formalidades preliminarmente cumplidas, el S.’.G.’.C.’. David-Faro, crea y proclama a Rémais, uno de los GG.’. MM.’. ad vitam 90º y último grado. No nos detendremos en la memorable carrera del P.’. Anasth-Ismael; diremos solamente que Rémais se dirigió a su hogar para recibir la sucesión de su padre. Cediendo a su deseo que siempre había conservado, de visitar los bellos VV.’. de Italia, se embarca con su esposa, y luego de una feliz navegación toca Crotona, en el golfo de Tarento, donde residía una familia pariente de Ismael, quien recibió a los dos viajeros con el más grande gozo.

Durante su estadía en este V.’., Rémais había reconocido entre sus parientes, hombres esclarecidos y dignos de pertenecer a la gran familia, los inicia conforme a los estatutos generales, crea y constituye una logia a la gloria del Todo Poderoso, para trabajar por la prosperidad de la orden y el bien del género humano.

Es a este poderoso H.’. que los habitantes de este país deben la felicidad de poseer nuestra sublime institución, devenida tan célebre, a pesar de las persecuciones que le habían suscitado los hombres de tinieblas, y que siempre se ha propagado y perpetuado de edad en edad.

Rémais y su digna esposa atravesaron luego el país latino, y visitaron los magníficos templos fundados por los Troyanos, llevaron luego sus pasos a los fértiles VV.’. de Etruria, desde donde se dirigieron al V.’. de Saba. La recepción que recibieron hizo época en los anales de nuestra orden, y luego de haber recogido su rica herencia, ellos retornaron a Córcega, donde terminaron sus días en la paz y la felicidad.