|
|
|
DE LA ORDEN MASÓNICA DE MISRAIM Desde su creación hasta nuestros días, de su antigüedad, de sus luchas y de su progresoOficial del Estado Mayor de la Armada Antigua, Por
MARC BEDARRIDE
Primer Gran Conservador de la Orden Masónica de Misraim para Francia,
Gran Dignatario de las Potencias Supremas de dicha Orden en diversos Reinos extranjeros,
Poderoso Gran Comendador de los Caballeros Defensores de la Masonería y poseedor de todos los Ritos
Traducida del idioma francés por el H.'. FIDUCIUS
ESTACION 05
QUINTA ESTACIÓN
QUINTA ESTACIÓN
El año del mundo 2513, cuarenta años habían pasado desde que el célebre Moisés había salido de Egipto, viviendo retirado en los VV.’. de los Madianitas, ocupándose únicamente de la felicidad de su familia, de los intereses del P.’. Jethro, su suegro, meditando seriamente sobre la ciencia abstracta de nuestro arte y lamentándose sobre la suerte de sus hermanos, hijos de Israel, que habían acabado bajo el peso de la servidumbre y de los malos tratos que le hacían soportar los hombres de las tinieblas de Egipto, lo que venía a perturbar a veces la tranquilidad de la cual este hombre de Dios gozaba; pero el Eterno que había marcado el instante de la liberación de su pueblo, ordena a Moisés de ir, acompañado de su hermano Aarón, al encuentro del Faraón y de pedirle que permita a los Hebreos, sus hermanos, salir de Egipto; que Dios lo había así pronunciado y que, en su defecto, sus Estados serían afligidos por males muy terribles, y todo lo que este pudiera hacer en consideración suya no les impediría salir de este país. Las solicitudes de Moisés y de Aarón devinieron inútiles y el Faraón permaneció sordo a todas sus representaciones.
Moisés, que no actuaba mas que por la voluntad divina, hizo milagros para modificar este corazón endurecido que nada pudo ablandar; seguido del pueblo Hebreo, él se puso en marcha, atraviesa milagrosamente el mar Rojo, y viene a estacionarse en el desierto, donde el primer cuidado fue el de prosternarse siete veces delante del Todo Poderoso y de dirigirle fervientes plegarias para agradecerle el haberlos librado de sus enemigos.
Nosotros pasamos en silencio las siete plagas que afligieron a Egipto y el fin trágico del Faraón y de su ejército, absorbidos por el mar Rojo; diremos algunas palabras sobre la estancia de este gran legislador y de las doce tribus en este vasto desierto; los jefes de cada una de ella eran G.’. M.’. y formaban parte de la potencia suprema de nuestra antigua institución, de la cual el P.’. Moisés era el S.’. G.’. C.’.
Durante los cuarenta períodos que este gran hombre permanece en diversos campamentos, él se ocupa sin cesar de enseñar y hacer observar a sus hermanos la santa Ley que el Eterno le había dictado sobre el monte Sinaí, a través de la zarza ardiente, y de otros preceptos que han servido a la civilización del género humano.
Moisés, viendo aproximarse el fin de su carrera, remite las riendas de la comandancia de este gran ejército de masones a su primer discípulo, el gran José, hijo de Nun, y después de haberle comunicado sus instrucciones todas divinas y benignas a su pueblo, él se durmió con sus Padres, llevándose los pesares y la veneración no solamente de aquellos que él había liberado, sino además de todos los hijos de la luz que, de generación en generación, por los Aleluya sagrados, celebran su memoria.
El año del mundo 2553, el gran Josué le sucede en sus grados y dignidades, en el V.’. de Nebo; él marcha con perseverancia sobre los trazos de su predecesor, y luego de haber conquistado la tierra prometida, puso en posesión a las doce tribus, cada una en el dominio que le estaba destinado, él fija la sede de su potencia suprema en el V.’. de Thamathsara, sobre la plataforma del monte Efraín; es en esta época que nuestra Orden venerada prospera bajo la dirección de este G.’. C.’. que hizo maravillas, dio prueba de su alta sabiduría y termina su memorable carrera en el año del mundo 2570; el fue profundamente agradecido de los niños de Israel y de Misraim.
El célebre Caleb, hijo del P.’. Jyfonné, y contemporáneo de José, le sucede en sus grados y dignidades, hizo todo por la gloria del Todo Poderoso, la prosperidad de la Orden y el bien de la Humanidad. Nosotros no nos extendemos más sobre los eventos que se sucedieron desde la salida de Egipto hasta entonces.
En esta época el P.’. Osoroth, soberano de Memphis, tuvo un hijo denominado Sethos, quien fue adoptado por nuestra venerada orden y que se denomina CONSERVADOR. Este hijo de la masonería fue confiado al cuidado de P.’. Amédés, uno de los GG.’. CC.’. que lo instruyó en los principios de Misraim; este joven Lobetón, nutrido de su doctrina sagrada y de su sabia moral, no tarda en ser admirado por su sabiduría, sus talentos y sus progresos rápidos en la ciencias de nuestra arte. Su madre, Nefté, gran maestra de la adopción de la orden, viendo aproximarse el fin de su vida, temiendo a la insinuante Daluca que ella se debía dedicar a remplazarla, y temiendo por la suerte de su hijo, le recomienda al P.’. Amedes su gobernador, le remite un cofre conteniendo inmensas riquezas, con el objeto de que, suceda lo que suceda, sus hijos estén al abrigo de las vicisitudes y de los reveses de la fortuna, tan frecuentes sobre esta tierra de tribulaciones: Sosis, tras la muerte de su tierna y generosa madre, fue conducida por el P.’. Amedes, al seno de las Pirámides done, luego de todas las formalidades requeridas, ella fue iniciada de conformidad con los estatutos generales. Inmediatamente después, él confía a los decanos de nuestra Orden el cofre que su madre le había legado, para ser depositado en el santuario y quedar a su disposición.
A la expiración del tiempo requerido para la salida de este monumento sagrado, Sosis, Acompañado de dos PP.’. fue a visitar los bellos VV.’. de Tebas, Siene, Saba y Heliópolis, conferencia con los GG.’. CC.’. de estos lugares, y lleno de veneración por la manera con la cual estos dignos sucesores de Misraim desarrollaban la ciencia oculta, y su lenguaje jeroglífico conocido solamente por un pequeño número de elegidos, dignos de figurar en el banquete de la sabiduría, penetrado de admiración y de respeto por la magnificencia de los templos, de los subterráneos imponentes que él había recorrido y, por encima de todo, de la regularidad de los trabajos a los cuales él había participado y de la recepción verdaderamente fraternal que había recibido en sus viajes, él retorna al V.’. que lo había visto nacer, rebosante de las nuevas luces adquiridas en los diversos templos que él había visitado.
A su arribo a Memphis, Sosis rindió cuenta de su misión al primer decano de la Orden quien lo cumplimenta sobre sus nuevos conocimientos. Es en este momento que Mefré, soberano de la Tebaida, vino a declarar la guerra al P.’. Osoroth, soberano de Memphis; afligido de ver su patria amenazada, Sosis quiso tomar parte en las fatigas y en los peligros de la guerra. Bloqueado en el V.’. de Captos, acompañado del sabio Amedes y de una parte del ejército de su padre, él dio pruebas de sabiduría y valor que imprimieron un nuevo lustre a su renombre; pero antes de figurar en el primer rango al cual estaba destinado, él tuvo que superar muchos obstáculos y sufrir pruebas muy peligrosas que aquellas a las cuales él había estado sometido en el seno de las Pirámides, para obtener la iniciación. En un ataque que el enemigo tienta sobre los muros de Captos, Sosis y los suyos dieron prueba de un coraje viril, y viendo al enemigo replegarse, salieron del lugar, seguido de Amedes y de una parte de sus tropas.
La pelea se produce, el asunto deviene serio, Sosis y Amedes son divisados, heridos y hechos prisioneros; pero Amedes, hijo de la Luz, fue reconocido por los oficiales enemigos al primer signo de socorro que hizo. Estos dignos HH.’. tuvieron el mayor cuidado de él, y habiendo tomado conocimiento que Sosis también iniciado estaba herido, ellos hicieron una búsqueda para encontrarlo pero no lo hallaron; menos feliz que Amedes, él fue hecho prisionero por soldados, hombres de tinieblas; él trató de hacerse reconocer y llamar en su auxilio a los hijos de la viuda, pero los vencedores, privados de la luz que esclarece a los discípulos de Misraim, permanecieron sordos a sus demostraciones, ellos lo despojaron de todo lo que poseía y fueron a venderlo como esclavo en el V.’. de Foenicon, a poca distancia de Captos. El mercader que lo había comprado tomó cuidado de él, y Sosis, no queriendo divulgar su nacimiento, se dio como un simple soldado egipcio llamado Cheres.
Durante esta estancia en esta V.’., Cheres se enteró que su padre, desesperado por su pérdida, ofreció la mitad de sus estados a aquel que le devuelva a su querido y bien amado hijo. Es entonces que Cheres persevera en su designio de ocultar su verdadero nombre y se resigna voluntariamente a soportar todo tipo de privaciones, antes que hacerse conocer, esperando que el Todo Poderoso que vigila siempre sobre aquel que merece su confianza en él, lo libere de su penosa situación. Poco tiempo después, Cheres fue embarcado sobre un buque que comandaba Astarté, dirigiendo una flota fenicia que salía para Taprobane (Ceilán). Durante el trayecto, Cheres se hizo notar por su sumisión y su genio; él inspira tal confianza al comandante que aquel le toma en amistad, lo trata más como uno de sus subordinados que como un esclavo; la flota fenicia llegaba al término de su destino, cuando Astarté percibió que una flota enemiga que era necesario combatir para poder pasar; fue gracias a la sabiduría y al coraje de Cheres que la victoria fue debida y que se efectúa el desembarco en Galiba. Luego del desembarco, Cheres fue a visitar la villas, y percibió individuos que hacían signos simbólicos y misteriosos al mirarlo; él se apresura en responder a estos signos; ellos se aproximan de cada lado, y el más anciano entre los dos tiende la mano en signo de fraternidad; ellos se dieron la palabra de reconocimiento así como el beso de la paz, gesto de alianza eterna que une a los verdaderos masones.
¡Oh sorpresa y satisfacción a la vez! Cheres reconoce en estos individuos a PP.’. delegados del V.’. de Memphis, habitantes de las Pirámides encargados de ir a propagar la sana doctrina de Misraim en estos países, y que, disfrazados como mercaderes Egipcios, cumplían su misión sagrada bajo el velo del más grande misterio. Estos PP.’. delegados, llenos de gozo, lo llevaron a su morada donde Cheres les hizo conocer su posición. Esta triste narración toca a los PP.’. a tal punto que ellos echan un torrente de lágrimas y, sin proferir una sola palabra, el decano de la Orden abrió un cofre y le entregó el precio de su liberación; ellos fueron a encontrar a Astarté, conviniendo que guardarían el nombre de Cheres así como su nacimiento hasta el retorno al seno de su familia.
El digno y bravo Astarté, tocado por el más vivo reconocimiento por todos los buenos oficios que Cheres le había rendido, y penetrado de la bella acción de los mercaderes Egipcios al liberar a su compatriota, no quiso aceptar nada, y al instante mismo Cheres fue dejado en libertad; pero cual fue la sorpresa del generoso Astarté, cuando Cheres le enseñó que no había sido sino con un solo signo de Iniciado que él había reconocido a estos dignos HH.’. y que en la isla de Taprobane todo aquel que era instruido formaba parte de la institución; que él había remarcado en él durante su viaje todas las cualidades, las disposiciones y los sentimientos que caracterizan a un hijo de la luz, y que un hombre tal como él no debía y no podía permanecer más tiempo en las tinieblas; él le ofrece ser su padrino para presentarlo a la Iniciación.
Todo fue convenido al instante mismo, y el decano delegado sobre la presentación de Sosis llamado Cheres, de conformidad con los Estatutos Generales, da la Luz al sabio Astarté quien, pleno de reconocimiento por un favor tal, promete hacer todo por la gloria del Todo Poderoso, la prosperidad de la orden y el bien de la humanidad. El tercer día que siguió a la iniciación de este nuevo H.’., un banquete fraternal tuvo lugar en el Templo en el V.’. de Galiba, al cual asistieron todos los iniciados del V.’. citado; entre los cuales se distinguieron los magistrados de este país. El renombre de Cheres se expandió bien pronto en las Indias, y como los enemigos de estos parajes amenazaban las costas, los jefes de los estados vecinos decidieron formar una flota compuesta de sus mejores marinos y hombres de valor, y confiaron el comando a Cheres. Estos ejércitos tenían por objetivo primero vencer a los enemigos, hacer nuevos descubrimientos y formar nuevas colonias. Los preparativos de esta expedición completados, Cheres fija el día de la partida, y como los PP.’. delegados habían cumplido su misión en este país, Cheres los insta a seguirlo, prometiéndoles que luego de esta expedición ellos retornarán juntos a Memphis. Salen a la vela; pronto pierden de vista las costas de Taprobane sin que ningún obstáculo venga a oponerse a la marcha rápida de la flota. Sin querer extendernos sobre las conquistas y los descubrimientos que hizo Cheres, nosotros nos limitaremos solamente a decir que los PP.’. delegados hicieron numerosos discípulos y elevaron templos majestuosos al Todo Poderoso en los VV.’. que ellos habían abordado.
Luego de haber recorrido las costas de Asia y dejado recuerdos gloriosos, tanto profanos como masónicos, por todas partes donde habían estado, Cheres retorna a Egipto; pero cual no fue su asombro cuando se enteró que un gran capitán llamado Sethos marchaba sobre Memphis a la cabeza de un ejército numeroso, para reclamar sus derechos a su padre que rehusaba reconocerlo. Entonces él hizo desembarcar sus tropas, fue al encuentro de su padre, y convino con él y sus dos hermanos de apresar al falso Sethos muerto o vivo. El ejército de Osoroth y el de Ceheres libraron batalla; el ejército enemigo fue puesto en fuga, y el falso Sethos, su jefe, hecho prisionero. Cual fue la sorpresa de Cheres cuando reconoció en su enemigo vencido uno de esos esclavos que él había tenido en la expedición de Captos y que habiéndole creído muerto, había tomado sus patentes y un anillo que su madre le había dado antes de morir; fue por medio de estos objetos preciosos que él contaba hacerse reconocer.
Inmediatamente que este esclavo llegado hubo percibido a su maestro, él grita, dirigiéndose a Cheres, ¡He aquí el verdadero Sethos, hazme sufrir la pena que justamente merezco! Aunque este malviviente había venido a traer la desolación a la tierra clásica de nuestra antigua institución, Sosis le hizo la gracia y obtuvo el perdón de su padre. Figúrense cual fue el gozo de la familia de Osoroth y de todos los hijos de Misraim de volver a ver a Sosis que había adquirido la más grande celebridad bajo el nombre de Cheres! Su padre deposita su cetro y su corona entre sus manos, pero Sosis, grande, generoso y digno de un hijo de Misraim, la coloca sobre la cabeza de su hermano, y le dice que él no quiere otro título que aquel de G.’. C.’. y ninguna otra habitación que aquella de las Pirámides.
Este G.’. C.’. fue recibido por los habitantes de las Pirámides con la más grande distinción, y con las aclamaciones usuales en similares solemnidades. Antes de penetrar en el santuario sagrado de este lugar imponente, él fue cumplimentado por el primer decano de la orden con el más grande júbilo. Llegado al sillón, al son de una armonía brillante, este G.’. C.’. respondió con el reconocimiento por una alocución tan elocuente que plena de sentimientos misraimitas al alto favor que venía de recibir, y las bóvedas sagradas del santuario retintinearon con los Aleluyas sagrados que el eco repitió sobre todos los puntos del triángulo.
El G.’. C.’. Amedes, pleno de gozo y de felicidad, luego de haber dado el triple beso de la paz z aquel que fue su alumno, le hizo recitar su historia que fue trazada en caracteres de oro y depositada en los archivos de la Orden, historia que, a su vez, fue traducida al griego. Dejemos de lado los eventos que se sucedieron luego de la reentrada de Sosis en su patria, diremos que numerosas solemnidades tuvieron lugar en ocasión de tan feliz retorno, y que este G.’. C,.’. se ocupa únicamente, durante el resto de su memorable carrera, en trabajar para la gloria del Todo Poderoso, la prosperidad de la orden y la felicidad de sus semejantes.
El renombre de la tierra sagrada de Misraim y la sabiduría de nuestros Ill.’. Patriarcas, sus habitantes, se esparcieron pronto en todo el universo, y los sabios de diversos países se apresuraban a ir allí para adquirir la bella y alta ciencia que se profesaba.
Es en esta época que el célebre poeta Orfeo, nacido en los VV.’. de la Tracia, retirado en Tesalia, se unió a la modesta y virtuosa Eurídice, este modelo de la sabiduría y del más casto amor; Orfeo que había concebido el deseo de ir a Egipto para solicitar la iniciación en la esperanza de adquirir los sublimes conocimientos de nuestro arte, se lo comunica a Eurídice, que le declara que ella quiere seguirlo por siempre, no pudiendo vivir sin él.
El día de la partida fijado, los dos esposos se embarcaron; y luego de un largo y penoso trayecto, ellos abordaron el puerto de Canope, situado en el Delta, y de allí, por el canal Heracleótico, ellos descendieron al puerto de Memphis, situado fuera de la villa. El desembarco se efectúa. Y como la hora era avanzada, los viajeros decidieron descansar en una hotelería muy cerca de estos lugares. Eurídice, a penas entra en la cámara que le había sido destinada, se acuesta sin comer nada, se adormece y entra en un sueño letárgico; a intervalos ella deja escapar lamentaciones que asustan a tal punto a Orfeo que va a buscar un médico: este, luego de haber examinado a la enferma, declara a su esposo que ella había sido picada por una bestia venenosa; que desde el principio él tenía el remedio, pero que el mal estaba muy avanzado; que todos sus desvelos eran inútiles. En efecto, la esposa de Orfeo sucumbe, y ella fue enterrada en las catacumbas cerca de las Pirámides. Orfeo, caído en el más profundo dolor, abandona su lira, y no se dedica más que a ir piadosamente cada día al lugar que encierra el objeto de sus más queridas afecciones! Él hubiese querido penetrar en los subterráneos y dormirse para siempre con ella, tanto es que la vida le parecía insoportable, pero la entrada en él le estaba prohibida. Cuando terminó su tristeza, el quiso sin embargo poner en ejecución el proyecto que le había movido a este país.
La noche de un bello día, munido de su lira y de una lámpara, él se presenta a la entrada de la gran pirámide, enfrenta las pruebas, atraviesa los cuatro elementos con tanta sangre fría como coraje, y llega a la vista de la parte de atrás del santuario, él se prepara, medita, y lleno de admiración y de respeto, el entona un himno al Eterno, que había compuesto en relación con la triste e infeliz Eurídice. Su bella voz unida a los sones melodiosos de su lira encanta a los Patriarcas al punto que ellos vinieron a reconocerlo, y luego de haberlo felicitado y cumplido todas las formalidades necesarias, le otorgaron la iniciación en nuestros sagrados misterios, e hicieron todo por consolarlo de sus desgracias. Habiendo expirado el tiempo que los iniciados debían pasar en las pirámides, Orfeo pidió permiso a los PP.’. y retornó a su patria donde él estableció nuestra institución, e hizo un gran número de prosélitos y nuestra orden floreció en este país.
Es sobre la estadía de este P.’. en las pirámides que los profanos han cargado mil cuentos , haciéndolo descender al principio al fondo de los infiernos, para conferenciar con Proserpina, reina de aquellos lugares, que consienta a entregarle a Eurídice su bien amada, con la condición de que no la miraría hasta que estuviese fuera del sitio infernal; pero la impaciencia de Orfeo por volver a ver a quien amaba le hizo olvidar su promesa; él no hizo más que posar su mirada sobre ella que se vieron separados por siempre, expulsado de esos lugares, confuso, el alma quebrada, no le queda otro consuelo que el de llorarla.
Al favor de tantas fábulas, los hombres tenebrosos fueron llevados a creer que Orfeo no era otra cosa que un brujo, y en el momento en que este P.’. estaba en su más grande triunfo fue despedazado por el sexo que tanto amó; tal fue el fin deplorable de este digno P.’.
Es en este período de años que el sabio Melampo, G.’.C.’. Egipcio, fue delegado y encargado de propagar la sana doctrina de Misraim en los VV.’. del Ática, y que bajo la dirección sabia y esclarecida nuestra orden venerada hizo inmensos progresos.
El año del mundo 2751, Anquises fue G.’. C.’. en el V.’. de Troya en Frigia; él se hizo notar por sus virtudes y sus altas luces.
El año del mundo 2825, Booz, el sabio Booz, fue G.’. C.’. en el V.’. de Jerusalén. La manera elocuente con la cual él desarrolló la ciencia sagrada y abstracta le hizo famoso, y él hizo un gran número de prosélitos.
Hyra, soberano de Tiro, fue G.’.C.’. de la orden para los VV.’. de sus estados.
David fue soberano y G.’. C.’. en el V.’. de Hebrón.
Abidon, soberano y G.’. C.’. en el V.’. de Gettré; Thoui, soberano G.’.C.’. en el V.’. de Damas; Bedarrid, descendiente de Beda, G.’. M.’. en el V.’. de Carriath-Arbé; Eléhanam, G.’. M.’. en el V.’. de Bethlem; Barzillai, G.’. M.’. en el V.’. de Galaa; Ricab, G.’. M.’. en el V.’. de Bahourin. Todos estos G.’. M.’. y G.’. C.’., se distinguieron cada uno en sus VV.’. y nuestra antigua y sublime institución tuvo un suceso prodigioso bajo su obediencia.